Julio García Casado, deportista segoviano de 27 años, participó la pasada semana en la Andorra Ultra Trail Vallnord, ultramaratón que realiza un duro recorrido por las montañas de la comarca. De 420 corredores que participaron en el evento, el joven consiguió la posición número 177 global y la 58 en su categoría tras concluir la prueba en 58 horas, a pesar de contar con una cierta dificultad que le puede aportar el ser diabético.
La prueba cuenta con varios niveles. ¿En cuál participó y cómo se desarrolló?
En esta ultramaratón se hacen cuatro carreras distintas en el mismo fin de semana. Yo participaba en la Ronda del Cims que es la distancia más larga, son 170 kilómetros y 13.500 metros de desnivel positivo. Es una prueba que más que una carrera es un viaje, porque da la vuelta a todo el principado de Andorra. Lo más importante es acabar, hay 62 horas de límite, y cada uno se va gestionando todo como buenamente quiere.
¿Qué motivo le llevó a participar en una carrera tan dura?
Hay una parte de superación, está claro, pero sobre todo de disfrutar. La montaña me apasiona y el poder hacer algo así sin que haya un recorrido trazado ni voluntarios es muy complicado. El que exista una prueba de este nivel, que te permita pasar tantos días en la montaña con un itinerario marcado, con gente de apoyo, entre otros aspectos, es lo que te permite poder hacerlo porque si no, no se podría. Más que una superación es sobre todo el poder disfrutar de la montaña de esa manera y de ir conociendo gente estando en ese entorno. Por lo tanto se trata fundamentalmente de disfrute, aunque parezca complicado.
¿A qué dificultades se enfrentó durante el recorrido?
De base, el primer inconveniente es que yo soy diabético de tipo 1 desde los ochos años. Por un lado es una dificultad tanto para preparar como para afrontar una prueba así, pero también te aporta ciertas herramientas. Conozco mejor mi cuerpo, y sé cómo funciona una bajada de azúcar, entre otras situaciones. Por lo tanto se puede considerar el ser diabético como un lastre, pero a la vez también como una ventaja.
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Complicaciones hay, y muchas, además de que tienes que asumir desde el principio que te las vas a encontrar. Te presentas en la línea de salida sabiendo que vas a sufrir y que va a haber momentos muy complicados y, si no lo tienes asumido, más temprano que tarde te vas a retirar. Pero de lo que se trata es de tener paciencia, conocerte y sobre todo de ser consciente de que va a haber momentos donde vas a estar muy arriba, y otros donde vas a caer muy abajo. Yo tengo por una parte el problema de no poder llegar tampoco al límite. Siempre tiene que haber un punto de disfrute, tampoco estamos ahí para sufrir ni para jugar con nuestra vida. Además de que hay que pensar en la responsabilidad de la gente que organiza la carrera y de los voluntarios, ya que tampoco es cuestión de que ellos tengan que hacerse responsables hasta ese punto de nosotros. Cada uno debe cuidar un poco de sí mismo.
¿Es la primera prueba de estas características tan duras que ha realizado?
He participado en muchas pruebas de montaña pero ésta con diferencia ha sido la más dura. Hay un detalle curioso y es que en la salida el director de carrera les deseaba a todos los participantes “buen viaje”. Por lo tanto no es tampoco el espíritu de competición de llegar cuanto antes a la meta y de intentar perder el mínimo tiempo posible en el avituallamiento. Todos los que salimos somos conscientes de que lo que hay por delante es un reto durísimo y nos tenemos que ayudar también unos a otros. Además, es totalmente diferente de cualquier otra prueba deportiva en la que se haya participado antes. Toda la gente con la que hablé allí sobre esto tenía la misma opinión. Así que no tiene nada que ver con otras, ésta es una prueba durísima.
¿Repetiría?
Volvería a ir a Andorra, aunque de momento no volvería a hacer lo mismo. Esta carrera la he podido acabar porque también han acompañado muchos factores, tanto por la climatología -que fue muy buena- como por la gente que llevaba de apoyo, entre otras cosas. Tiene que cuadrar todo a la perfección, y he acabado con muy buen sabor de boca. En este momento no siento esa necesidad de repetir, aunque sin ninguna duda, volvería de nuevo a esas montañas y a pasar por esos sitios, porque el paisaje es increíble y es algo que se te queda ahí. Pero el aspecto de volver con prisa para tener que llegar al corte horario, para correr la maratón, y todo lo que conlleva, no es algo de lo que tenga necesidad.
