El próximo día 14 de octubre el Aula de Cultura “Hontanar” retoma su propuesta “formativa”, y recupera poco a poco las actividades que quedaron interrumpidas durante la pandemia. Entre las novedades que nos esperan para este curso encontramos el espacio que se quiere dedicar a mostrar el legado cultural hispano. Es por eso que dedicará una fecha tan relevante como la inauguración de este nuevo curso, a la presentación del libro Jesuitas. Impacto cultural de la Compañía de Jesús en la Monarquía Hispana (1540-1767). 2 vols. Henar Pizarro (dir.), José García de Castro, Macarena Moralejo y Wenceslao Soto (eds).
Este libro se centra en los primeros doscientos veintisiete años de vida de la Compañía de Jesús: desde el año de su fundación en 1540 por el papa Paulo III hasta 1767, cuando Carlos III decidió expulsar a los jesuitas de todos los territorios hispanos. Esta obra constituye una muestra de la contribución que los jesuitas ofrecieron a las comunidades y culturas con las que fueron interactuando, a la par que desplegaron su propuesta de vida con enorme creatividad y fecundidad en numerosos campos del saber y de la vida humana.
En los últimos años, el estudio científico del patrimonio cultural de la Compañía de Jesús se ha convertido en el foco de interés de diferentes grupos de investigación en diversas partes del mundo. La etiqueta patrimonio cultural, según definición de la UNESCO, “es el legado cultural, material e inmaterial, que recibimos del pasado, que vivimos en el presente y que transmitiremos a las generaciones futuras”. Esta definición ha ofrecido el cimiento sobre el que sustentar los trabajos que conforman los distintos capítulos de ambos volúmenes. La obra que se presenta consta de cuarenta capítulos en los que intervienen 43 especialistas de 26 instituciones académicas. Cada uno de los autores, desde su disciplina particular, aporta su saber y su perspectiva a un proyecto coral sustentado desde sus inicios por la Universidad Pontificia Comillas de Madrid.
El eje de la publicación es una puesta en valor de la herencia cultural que los jesuitas realizaron durante el período histórico que se ha mencionado. El lector podrá comprobar cómo, de manera progresiva y pedagógica, va siendo introducido en este enorme legado expuesto de manera tan amena como rigurosa.
Desde su nacimiento y a través de sus personas e instituciones, la Compañía de Jesús no pasaba inadvertida en los diferentes escenarios en los que se asentaba. Producía un impacto que se evidenciaba en numerosos ámbitos de la sociedad y la cultura: arte, ciencia, pedagogía, filosofía, espiritualidad… En su estructura interna, el libro agrupa estos contenidos en cinco grandes secciones: “Patrimonio documental y cultura escrita” abre el primer volumen. El enorme legado jesuítico es fácilmente reconocible en archivos y en bibliotecas de diversas partes del mundo. Los jesuitas nacieron en un ámbito académico-universitario y su afición por las letras quedó plasmada en la riqueza de publicaciones que fueron generando y en la calidad de las bibliotecas que iban desarrollándose en sus colegios y residencias.
No menos relevante fue la contribución de los miembros de la Compañía de Jesús a las diversas ramas de la Teología y al ámbito de la Espiritualidad. Biblia, Dogma, Moral y vida espiritual que tomaba forma en la animación y cuidado de devociones y en la trasmisión de la fe a través de catecismos y devocionarios [sección B, capítulos 8-14].
Este saber se encarnó en todos aquellos escenarios donde los jesuitas realizaron su misión. Tal vez, el más importante fue el ámbito de la educación donde la impresionante red de colegios dedicados a la formación de la juventud favorecía la transformación y el progreso de la sociedad. Los jesuitas se hicieron presentes en la corte y en los centros de decisión sociopolítica, sin desatender su radical compromiso con los sectores más desfavorecidos de la sociedad. Al mismo tiempo, entraban en Etiopía, India, China o la Amazonía del Brasil.
Tal vez menos conocido es el patrimonio de la Compañía de Jesús vinculado al ámbito científico. El estudio de las matemáticas, astronomía, botánica, farmacia, geología, cartografía… situó a los jesuitas en una posición privilegiada para el diálogo riguroso con los científicos de su tiempo, contribuyendo al avance de diversas ramas de las ciencias como innovadores y descubridores.
Cierra la obra la sección dedicada al “patrimonio artístico y la cultura visual”. Las numerosas instituciones que iban surgiendo ofrecían posibilidades para la creación artística, tanto desde la manera de pensar y realizar los edificios y las iglesias como desde las necesidades que estas demandaban para habilitar sus espacios interiores y atender a las funciones que desempeñaban.
Editado por el “Grupo Comunicación Loyola” (volúmenes 83 y 84 de su prestigiosa “Colección Manresa”), el resultado final ofrece un libro cuidado con esmero, con un importante elenco de imágenes, resúmenes, cuadros cronológicos y acontecimientos clave que ofrecen una cualificada herramienta para docentes, investigadores y para todos los amantes de la cultura de la Europa Moderna.
Esta obra, llamada a convertirse en una referencia obligada en los estudios sobre jesuitas, abre un camino que podrá ser continuado por otros proyectos editoriales que posibiliten seguir profundizando en el conocimiento y puesta en valor del patrimonio cultural de la Compañía de Jesús. A pesar de los numerosos temas abordados en sus más de 1500 páginas, han quedado todavía muchas cosas por decir. Científicos, profesores universitarios e investigadores tienen ahora la responsabilidad de convertirse en correa de trasmisión de esta sólida herencia jesuítica para hacer accesible su conocimiento al conjunto de la sociedad. El estudio de la historia de la Compañía de Jesús resulta esencial para la comprensión de la cultura occidental, especialmente, en el ámbito hispano.
Y en este contexto ¿dónde se situamos a Segovia? Segovia fue lugar importante, tanto en la vida de San Ignacio de Loyola como en la historia posterior de la primera Compañía de Jesús. En 1557 los jesuitas abrieron un colegio bajo la advocación de San Felipe y Santiago, que llegó a tener estudios de Gramática, Teología y fue Seminario Trilingüe de la Provincia de Castilla. Paralelamente y buscando financiación para el mantenimiento del colegio se estableció una red de benefactores y de actividades agropecuarias llamadas genéricamente labores de granjerías. A través del negocio de la lana y lavaderos, pero también con molinos o la producción de vino (como evidencian las granjas en Anaya, Bercial, Melque, Ochando, Moraleja de Coca, Aldeanueva del Codonal, Mozoncillo, San Cristóbal de Segovia, Villacastín…) los jesuitas contribuían a financiar el colegio de la ciudad y otros de toda la Provincia de Castilla, sin olvidar el impresionante Colegio Imperial de Madrid.
Es posible que para muchos segovianos la única huella de la presencia de la Compañía de Jesús sea el edificio que ocupa el Obispado de Segovia y su monumental iglesia, pero como la autora ha ido demostrando en varias de sus publicaciones, esta ha sido mucho más significativa y todavía está por valorar en su justa medida.
Para revertir este silencio debemos empezar reivindicando Segovia como ciudad ignaciana, debido no solo a los años que pasó Ignacio de Loyola junto al contador de los Reyes Católicos, Juan Velázquez, sino por el papel jugado por diferentes personas que directamente vinculadas con Segovia ayudaron al establecimiento y fortalecimiento de la Compañía en nuestra ciudad
A pesar de la escasez de datos, se deben rescatar del olvido nombres como los de don Fadrique de Portugal, sobrino del rey don Manuel I “El Afortunado”, obispo de Segovia entre 1508 y 1511 y posteriormente Virrey de Cataluña; Calixto de Sà y los segovianos Lope de Cáceres y Diego de Cáceres (mencionados en la Autobiografía de san Ignacio), hablan de la estrecha conexión que hubo con los jesuitas en el momento de la fundación del colegio de Segovia. En aquel momento, habitaban en la ciudad no pocos amigos de Ignacio de Loyola, como Gonzalo de Cáceres, que veneraba y mostraba los aposentos de sus casas segovianas en las que había alojado a Ignacio.
Otros segovianos apoyaron el primer asentamiento de la Compañía en Segovia. Juan de Cuéllar, mercader en Amberes, o diversos miembros de la Casa Ducal de Alburquerque, que, si bien no consiguieron la fundación de un colegio jesuita en Cuéllar, ayudaron todo lo posible al establecimiento de la Compañía en Milán. Encontramos también al “escurridizo” párroco de San Esteban, don Luis de Mendoza, que entregó su casa del barrio de San Esteban a la Compañía y donó a los jesuitas sus propiedades en Tívoli (Roma).
Al estudiar la relación de los jesuitas con la Monarquía hispana, tal y como realiza nuestro libro, no podemos dejar de recordar los palacios de Valsaín y La Granja para ponderar correctamente la oportunidad de contacto con la Corte durante las estancias periódicas de los monarcas Austrias y Borbones.
Al aproximarnos a la Ratio Studiorum (1599) el gran plan de estudios y propuesta pedagógica en el que se establecían las pautas de la enseñanza integral jesuita, es de memoria obligada la aportación al texto realizada por el Padre Diego de Ledesma, considerado por sus compañeros como “maestro de maestros”, nacido en Cuéllar en 1519.
Cuando hablamos de la devoción a la Virgen de la Fuencisla, no podemos olvidar la Congregación de Seglares del colegio que tenían un lugar preeminente en las procesiones por haber sido la más antigua, mucho antes de que la ciudad celebrase la consagración de su Santuario. ¿Y qué decir de San Alonso Rodríguez y de la dedicación de sus hermanas a los demás ministerios de la Compañía?
De manera parecida, tampoco se puede entender la historia de la Academia de Artillería de Segovia sin los jesuitas y sus enseñanzas de las matemáticas y de otras ciencias. El rico patrimonio que ha día de hoy custodian diversas bibliotecas, entre ellas la Biblioteca Pública de Segovia, proceden en gran parte de los fondos la biblioteca (librería) del Colegio de la Compañía de Segovia, que en el momento del extrañamiento de la orden por orden de Carlos III (1767) dispersaron un total de doce cajones repletos de libros. Y todavía nos quedaría por mencionar la aportación de los jesuitas al teatro escolar, la riqueza de relicarios, retablos, imágenes y una iglesia majestuosa, que afortunadamente, cada vez es más apreciada por todos los que la visitan.
Con todo lo que venimos exponiendo y convocados por el Aula de Cultura Hontanar, creemos que queda justificada la cita el próximo 14 de octubre a las 19:00 h. en la Sala Vicaría del Hotel San Antonio el Real de Segovia.
(1) Universidad P. Comillas de Madrid.
(2) Aula de Cultura Hontanar. Segovia
