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“No puedes comprar una afición”

por Redacción
6 de junio de 2015
El director deportivo del Oviedo

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Para un club con el poso del Real Oviedo, doce años fuera del fútbol profesional es casi una edad histórica. La herida que llevó al equipo en dos años de Primera División (2001) a Tercera se fraguó en los despachos. Sobrevivió a la desaparición en 2013 con una ampliación de capital rescatada a última hora el millonario Carlos Slim, la segunda persona más rica del mundo, según Forbes. El impulso económico llevaba una exigencia innegociable bajo el brazo; la marca Slim no podía estar más tiempo en Segunda B, con dos segovianos como actores principales. En los despachos, Carmelo del Pozo tenía claro que si esta temporada, su segunda como director deportivo, no lograba el ascenso, haría las maletas. Con él vino el pasado verano Nacho Gonzalo, entonces preparador físico de la Segoviana, para poner a punto a un equipo que necesitaría rendir al máximo en primavera. Con la sidra corriendo esta semana por las calles de Oviedo, ambos hablan de un club con un entorno de Primera. “Puedes comprar un club, pero no una afición. La masa social es un pilar muy importante, y eso lo vio el grupo inversor”, indica Del Pozo.

La inyección del Grupo Carso ha supuesto para el director deportivo segoviano, con diferentes cargos en Betis, Espanyol, Rayo Vallecano o Hércules, una estabilidad sobre la que crecer. Que 20.000 personas llenen las gradas de un equipo de Tercera o Segunda B es un orgullo, pero también una bocina permanente que exige resultados y que algunos de sus antecesores no han sabido gestionar. “Respeto esa gestión y debemos dejarlo en el ámbito interno. Nosotros lo hemos analizado y hemos tratado de hacer lo correcto”, explica Del Pozo, que ve en el ascenso el fin de las prisas. “El Oviedo ha superado el problema del corto plazo. La clave para el futuro es plantearse objetivos a medio plazo. Si llegan las metas antes, mejor, pero lo que le faltaba a este equipo es crear club. Carso nos ha dado esa estabilidad, porque el dinero sin tiempo no sirve de nada”.

A la hora de confeccionar una plantilla con grandes exigencias, Del Pozo dio mucha importancia a la pertenencia de los jugadores con el proyecto. “Hemos intentado apostar por la gente de casa, la vinculación con el club es muy importante. Queremos jugadores que sean del Oviedo”. Esa gestión se traslada a las categorías inferiores. “Hemos conseguido cambiar toda la estructura del fútbol base y estamos obteniendo resultados, desde el filial [ha entrado en el play off de ascenso a Segunda B] al juvenil”.

El reto es sumar pertenencia y capacidad, no solo técnica, sino anímica. “Necesitas futbolistas que puedan jugar en un campo de 25.000 personas y sepan asumir esa presión. Debe tener los criterios técnicos mínimos para jugar en el Oviedo y luego analizamos su entorno, su personalidad. Para eso está un director deportivo, es un trabajo de cuatro meses acumulando información sobre un jugador”. A la convivencia con una masa social habituada a llenar estadios se une la exigencia deportiva. “Cada partido es de play off, como si vinieran Madrid o Barcelona. Hay que lidiar con la exigencia de estar en el Oviedo y que el gran objetivo de los otros 19 equipos de la categoría sea ganarte”.

La responsabilidad del cargo va en la historia del club. “He estado en muchos clubes, y el Oviedo tiene base para estar entre los ocho mejores de Primera División, parecido por ejemplo el Betis”. Superado el objetivo, el cargo, sujeto más a reproches que agradecimientos, se convierte en un orgullo, con una ciudad que desborda alegría desde la victoria del domingo en Cádiz. “La mayor satisfacción es ir por la calle y que, simplemente, la gente te dé las gracias, Eso significa que les has hecho felices”. Es la recompensa a una rutina propia: “La labor del director técnico es más en intervenir durante la pretemporada y luego ir analizando al equipo”. Vivir durante meses las consecuencias de una decisión, para bien o para mal.

Apadrinado por Del Pozo, Nacho Gonzalo dejó la Gimnástica Segoviana para acompañarle a bordo de un proyecto mayúsculo. “Para mí fue un cambio radical. El primer día que llego aquí llevaba mi material personal para trabajar, pero en la ciudad deportiva me dieron todo. Es otro mundo diferente, por eso valoras mucho más lo que está haciendo el cuerpo técnico de la Segoviana con la situación tan complicada que tiene”.

Gonzalo ejecuta las peticiones del técnico, manteniendo un amplio margen para trabajar sus propuestas, algo que agradece. Estableció una planificación anual con un objetivo claro, evitar lesiones y llegar al play off en la mejor forma posible. “Es la clave para mantener siempre un buen nivel, aunque las lesiones son imprevisibles. Puedes creer que estás haciendo perfectamente las cosas y tener muchos lesionados”. La inyección económica no sirvió para que el equipo jugara siquiera el play off de ascenso en 2014, pero sus instalaciones no son precisamente de Segunda B. “Aquí hay un departamento médico y de fisioterapia que ya les gustaría tener a muchos equipos de Primera, y eso ayuda a prevenir problemas”.

En cada reunión semanal, el cuerpo técnico del Oviedo decidía objetivos; unas veces desarrollar un aspecto táctico y otras, mayor carga física. Con jugadores exigidos desde el primer capítulo de la pretemporada, la planificación pone especial énfasis en el reto psicológico. “Aquí los jugadores han tenido una presión muy grande y el año pasado tuvieron momentos muy difíciles, así que había que jugar con el nivel anímico, sobre todo planteando entrenamientos lúdicos”. Esa responsabilidad se traslada al trato personal. “Hay que ser cercano al jugador, escucharle, saber que cada uno tiene sus problemas. Son deportistas individuales, pero hay que saber llevarles para el beneficio del grupo”.

Pese a las distintas miras, Gonzalo pone en valor la humildad de la plantilla asturiana, siempre solícita al trabajo. “La gente que ve desde fuera el fútbol profesional cree que los jugadores viven en otro mundo. Vienen a las nueve de la mañana al entrenamiento, se tratan con el fisio, van al gimnasio… Al final es un trabajo de ocho horas”. Del Pozo y Gonzalo definirán en los próximos días su continuidad con un proyecto sin más límites que no repetir el pasado.

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