El amplio espacio de la Plaza de la Ermita, el corazón del barrio del Cristo del Mercado, se quedó ayer pequeño para albergar a los centenares de vecinos y de segovianos que asistieron al arranque de las fiestas de la Cruz de Mayo, con las que Segovia saluda la eclosión de la primavera en una ceremonia secular como es la «subida del mayo».
Pasadas las siete de la tarde, y con el preludio de las palabras del presidente de la Asociación de Vecinos, Juan Bautista Mullor, los mozos de las peñas del barrio, ayudados por una grúa de grandes dimensiones, situaron la gran cucaña de unos 2 metros de altura en la plaza, con la cruz y la bandera de España en su parte mas alta. A los sones de la dulzaina y el tamboril, y entre los aplausos del público, los peñistas completaron la colocación del «mayo» sujetándolo con cuñas para garantizar su perfecta fijación, cumpliendo con una tradición que las referencias históricas datan en Segovia a principios del siglo XVI.
La colocación del «mayo» fue precedida por el pregón del folclorista e integrante de Nuevo Mester de Juglaría, Fernando Ortiz, que llenó de recuerdos de su infancia y de referencias históricas su invitación a participar en la fiesta de un barrio al que llegó como «fronterizo» y que aprendió a conocer y a querer Mayo tras Mayo.
El carácter festivo de la jornada inaugural no quedó exento de reivindicaciones, y Mullor aprovechó la presencia de la alcaldesa Clara Luquero para exponer públicamente algunos proyectos pendientes para el barrio.
También hubo tiempo para homenajear al dulzainero fallecido Francisco García Blanco, fundador del grupo folclórico «Los Pakos» y colaborador con la escuela de dulzainas del barrio, y la jornada concluyó con un magnífico arroz con leche ofrecido por la Cofradía de la Esclavitud del Santo Cristo del Mercado, del que se sirvieron cerca de medio millar de raciones.