Es un honor para los cristianos segovianos del siglo XV el haber sido los primeros en lanzar la impresión del primer libro llamado “Sinodal de Aguilafuente”. Tengo un facsímil en mis manos en el cual se pueden ver tres importantes renovaciones que Arias Dávila, obispo a la sazón en aquellos momentos, realizó convocando varios sínodos.
La primera es la renovación del clero. El obispo se encontró con un clero analfabeto y santo. Muchos de los clérigos seculares, no así los religiosos o regulares, no sabían leer (se dedicaban a decir misa y administrar la herencia de sus familias). Conseguían sus capellanías por el poder familiar o el testamentario. Movido por el humanismo italiano y de la iniciativa franciscana, inicia como en otros lugares españoles una renovación profunda del clero promoviendo “los estudios generales”, a manera de pequeñas universidades, como el de Cuellar y Segovia.
En el texto del sínodo de Aguilafuente puede observarse otra importante renovación: el impulso de la participación en la Diócesis de instituciones laicales. Lo que hoy se podría denominar el nacimiento de los movimientos apostólicos. A partir del sínodo comienzan a florecer las cofradías, hospitales, fundaciones, legados sociales. Todo ello no se centra tanto en la alta sociedad o en la nobleza sino especialmente en ámbitos populares potenciándose los movimientos sociales de los que formaban parte la parroquia, el síndaco desde el concejo y el hombre bueno o juez desde la sociedad. Las tres instituciones, parroquia, sociedad y Concejo formaban lo que hoy denominamos sociedad civil.
La tercera renovación, no menos importante que las anteriores, es la de la caridad o la ayuda a pobres y menesterosos. Comienza a regular la ayuda a los pobres que culminará con la propuesta legislativa que pondrá en marcha Felipe II. En este sentido Arias Dávila creará el Hospital de la Misericordia de Segovia como su padre había instituido el hospital de san Antonio. Lo hacen al unísono del impulso del desarrollo económico y social como “los fetosines” y las Cajas de misericordia, origen de los Montes de piedad y posteriormente Cajas de Ahorro.
Colmenares en su historia da información de la iniciativa de Juan Arias Dávila de fundar un hospital. Las miserias de su tiempo no le dejaron indiferente, especialmente después de la guerra de sucesión, de pestes y epidemias. Siguiendo el ejemplo de su padre, funda un hospital para pobres y le dota de sus tierras de Roda y de 14.000 maravedies de juros. En una distancia de treinta años, padre e hijo fundan dos hospitales. Esto revela la miseria y la necesidad que entonces existía cerca de la corte y el afán de los obispos y de los grandes de la corte de atender a los menesterosos.
Durante el final del siglo XV y la primera mitad del XVI los vagabundos se convirtieron en una amenaza contra el orden público y crearon grandes preocupaciones Existía una masa de pobres que vivían al margen de la sociedad sin trabajar. Todos esos marginados y parados daban miedo. De hecho los vagabundos y los que no trabajaban constituían una masa fácil de maniobrar en los motines agrarios y a través de movimientos más o menos espontáneos que se denominaban “revolucionarios de la Gleba”.
Es digno de loar el movimiento en torno al sinodal de Aguilafuente que ha surgido durante los últimos años movido por el pueblo de Aguilafuente y Turégano. Pero al contrario de lo que sucede hoy, Juan Arias Dávila dirigió su renovación en torno a los tres frentes antes señalados: la educación y cultura, la ayuda al necesitado y la configuración social de la población. Los sínodos de Arias Dávila fueron preparando la renovación del siglo XVI.
Es curioso, son tres de los ejes que configuran las aportaciones del sínodo que la Iglesia católica acaba de iniciar y desarrollar en la fase diocesana. Bajo el signo de la sinodalidad aparecen estos tres ejes: es importante la formación de sacerdotes y laicos, es necesaria la participación y el compromiso de los laicos en la vida social y eclesial y debe nacer el compromiso de ayuda a los necesitados a partir de instituciones como Caritas, Manos Unidas, movimientos apostólicos, parroquias y órdenes religiosas.
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(*)Profesor emérito
