Al mediodía, delante de una tienda, una mano arroja una colilla, mientras la otra mano sujeta una mano más pequeña. Seguramente el gesto de tirar la colilla –al suelo– es casi inconsciente después de repetirse a menudo. A lo lejos se percibe el humo del incendio de Cebreros iniciado por una colilla mal apagada. ¿El gesto de la mano de lanzar una colilla será tan inconsciente en el campo como en la calle?
En estos tiempos y en esta época, una colilla mal apagada prende rápido: un pequeño gesto acaba con mucha vida y deja tremendas cicatrices. Solo una mano, un gesto en el que no se repara que es trascendental. Por el contrario, hay gestos de manos conscientes que parecen no tener trascendencia porque sus consecuencias no son inmediatas. Un ejemplo: un puñado de manos que limpian y ajardinan la entrada de la sede de Cruz Roja en El Espinar. ¿Importa? Sí, porque todo el verde que se gane, dentro y fuera de las poblaciones, promueve vida y bienestar para todos los seres y, aunque la totalidad no nos importe, también nos llega a cada uno de nosotros y a aquellos que queremos. Seamos, pues, egoístas.
Se puede creer en el cambio climático o no, pero lo que sí está claro es que se vive mejor sin estas olas de calor, con más sombra y con más agua, ¿no es de sentido común hacer lo posible para vivir bien? Se puede colaborar en grupos ya establecidos como la sección de Medio Ambiente de la Cruz Roja de El Espinar o con el ERBE (equipo de respuesta básica de emergencias) que ayuda, entre otras cosas, a vigilar para prevenir incendios. Pero también se puede actuar con pequeños gestos de manos: limpia de rastrojos, plantación de árboles, arbustos o pequeñas plantas en balcones y alféizares, agua en los días de más calor o algo de comida en los de frío para las aves… O más simple aún, imitar a esas manos que se ven recogiendo del suelo cualquier envoltorio o envase porque quien recoge la basura de los demás, jamás arroja la suya.
