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Condenados al entendimiento

por Redacción
17 de diciembre de 2012
en Nacional
El objetivo de Rajoy y Merkel ahora es lograr que el italiano Monti se presente a las próximas elecciones de su país. / Reuters

El objetivo de Rajoy y Merkel ahora es lograr que el italiano Monti se presente a las próximas elecciones de su país. / Reuters

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Sus relaciones no son de amistad, sino de trabajo. Correctas, buenas. Se conocen hace muchos años y han tenido tiempo de saberse muy bien las vueltas el uno del otro. Ninguno de los dos es efusivo, por tanto no se encontrarán imágenes de ellos saludándose calurosamente, pero Merkel y Rajoy se respetan y existe confianza entre ellos, incluso en los momentos de discrepancia, que son muchos.

Para entender ese vínculo hay que hacer un punto y aparte sobre cómo se trabaja actualmente en la Unión Europea. Poco a poco, sin alharacas ni grandes anuncios, Van Rompuy ha cambiado de forma radical la metodología, de manera que el peso se ha trasladado al Consejo -los primeros ministros- en lugar de la Comisión que preside Durao Barroso. Si hasta hace un par de años eran los sherpas, los colaboradores de los jefes de Gobierno, quienes negociaban y redactaban los acuerdos, que llegaban prácticamente ultimados a la mesa del Consejo, ahora Van Rompuy ha trasladado los asuntos más polémicos al Consejo, para que sean discutidos por los líderes de Ejecutivo. Es la razón de que las reuniones de este órgano se prolonguen ahora durante tantas horas, porque es en esa mesa donde se resuelven los problemas y se ultiman los documentos. Eso obliga a los cabezas de Gabinete a estudiar detenidamente todos los asuntos que se llevan a la UE, pero también les lleva a relacionarse más entre ellos, pactar determinados puntos, buscar aliados para sacar adelante las propuestas que interesan a su país y potenciar las relaciones personales.

En esa situación, Merkel ha perdido terreno por varias razones: la principal, que barre excesivamente para casa, está muy pendiente de las elecciones y, por tanto, de llevar siempre buenas noticias a los alemanes, sus empresas y sus bancos. En ese sentido, su empecinamiento en defender que las cajas alemanas no estuvieran sometidas al nuevo órgano supervisor, lo que ha conseguido, tiene una lectura exclusivamente interna, porque no puede permitirse el lujo de perder más peso del ya perdido en los lander, que son los campos de actuación de las más de 400 cajas alemanas. Hasta la llegada de François Hollande, pisaba muy fuerte porque, de la mano con Nicolas Sarkozy, siempre lograban sus objetivo: tomaban las decisiones sobre los Consejos en reuniones previas, a dos, con los papeles muy bien repartidos. Como se decía en Bruselas, Merkel llevaba la voz cantante y Sarkozy celebraba las ruedas de prensa. Todo eso ha cambiado sin el conservador galo y, sobre todo, desde que se ha ido configurando un frente Mediterráneo Monti-Hollande-Rajoy que va ganando protagonismo en la UE. Como respuesta, Merkel se muestra cada vez más dura e inflexible, postura que afecta s sus relaciones personales con el resto de los dirigentes europeos.

Si las de Merkel y Rajoy son correctas, cosa distinta es lo que ocurre en el segundo nivel, entre otras razones porque en varias ocasiones se han producido discrepancias entre Merkel y su ministro de Finanzas, Schaüble, con el que sus colegas europeos con frecuencia llegan a acuerdos que después echa abajo la canciller. Esta situación provoca tensiones entre los ministros del área económica que pensaban que habían resuelto determinados problemas. Luis de Guindos conoce bien ese escenario, pero no es el único ministro europeo que ha visto cómo Schaüble le telefoneaba para advertirle de que, desgraciadamente, de lo acordado, nada.

A pesar de las dificultades de mantener un diálogo fluido con una Merkel que actúa de forma muy egoísta en sus citas europeas, Rajoy y la germana consiguen hacerlo. El presidente español admira la energía de Merkel, su capacidad de ejercer el liderazgo y la intensidad de su trabajo, mientras que una persona cercana a la lideresa afirma que Merkel mira con mejores ojos al popular ahora que cuando encabezaba la oposición. No por ser presidente, sino porque le tenía por una persona a la que costaba tomar decisiones y se movía en la ambigüedad. Y ha quedado muy sorprendida por su valentía a la hora de tomar decisiones muy drásticas en el área económica que ella pensaba que nunca se iba a atrever a tomar. Además, es consciente de que Rajoy lo hace por convicción, porque cree que es la única manera de que España pueda afrontar el futuro con seguridad tras superar la crisis.

Merkel, afirman en Bruselas, defiende excesivamente los intereses de su país, pero es también una firme europeísta. Con una obsesión: la competitividad. Cree que frente al auge de los países asiáticos, la UE debe potenciar esta faceta. Procede de la Alemania del Este, donde creció y se formó, y sabe por propia experiencia que los países no competitivos cuentan con escasas posibilidades de desarrollarse económica y socialmente. Precisamente, la necesidad de dar prioridad a la competitividad suele ser un tema recurrente en sus conversaciones con el presidente español, al que también preocupa que España pierda ese tren, que es indispensable. Hay un tercer lugar de encuentro y comunicación entre Rajoy y la canciller: además del bilateral y el de la Unión Europeo, está el PP Europeo, del que ambos forman parte.

En ese foro se toman decisiones que afectan directamente a los países que gobiernan. Por ejemplo, en la reunión celebrada el miércoles, ambos coincidieron en un mismo objetivo: tratar de que Mario Monti se presente como candidato a primer ministro con una coalición de partido de centro derecha. Merkel y Rajoy movieron hilos -no fueron los únicos, evidentemente- para que Monti acudiera a esa reunión a pesar de que no forma parte del PPE. Y moverán más hilos aún para tratar de neutralizar a Berlusconi -si no lo está ya- y que Monti se presente a las próximas elecciones.

Merkel y Rajoy. Defienden intereses muy distintos, pero están condenados a entenderse.

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