La situación en Ucrania no mejora y cada vez son más las familias que huyen del país y de la guerra. Ante esta tesitura el ex párroco de El Espinar, Valentín Brazo, y Mensajeros de la Paz se han puesto a trabajar con su gente en las fronteras de Polonia y Rumanía y tienen previsto fletar un avión con entre 70 y 80 personas el próximo sábado con destino Madrid.
Valentín, al que le une una relación muy directa con el pueblo ruso y ucraniano, lanzó la pasada semana un llamamiento en redes sociales pidiendo familias para acoger a los refugiados. “Estamos desbordados por la respuesta tan generosa, aún queda mucha gente buena”, explica Bravo, a la vez que asegura que han recibido la llamada de más de 200 familias. La mayoría de los que llegarán serán niños y madres que serán distribuidos entre familias espinariegas y de localidades cercanas.
Esto será posible gracias a la Asociación Cueva Valiente, asociación que desde 1998 lleva trayendo a España en los tiempos vacacionales a niños de una región de Bielorrusia cercana al municipio ucraniano de Chernóbil para que encontraran un aire puro que les librara por un tiempo del ambiente radiactivo generado por el accidente producido en 1986 en su central nuclear.
“Nosotros tendremos un listado previo de las personas que van a llegar y estaremos en contacto con la Subdelegación del Gobierno en Segovia para que sea todo legal. Todas las familias firmarán un compromiso previo. Si la situación, como parece, no mejora, intentaremos traer a todas las personas que podamos”, explica Valentín. Los refugiados llegarán en avión a Barajas y desde allí serán trasladados hasta El Espinar, núcleo que servirá como referencia y centro de coordinación.
Los refugiados contarán con la ayuda de traductores ucranianos que les facilitarán la vida en los meses que permanezcan en España y habrá “un seguimiento semanal de la situación de cada niño y su familia de acogida, siempre con la idea de conocer todas sus necesidades”. “Por mi experiencia sé que estos niños son como esponjas y no van a tener ningún problema con el idioma, lo que es muy importante en su adaptación”, asegura. Además, cuidarán de que haya encuentros periódicos entre todos los que se puedan conocer, “sin perder de vista la importantísima relación con los que se quedan en Ucrania, a quienes las familias también tratarán de ayudar desde allí”.
