En el transcurso del acto del fallo del XIX Premio Internacional de Poesía ‘Jaime Gil de Biedma y Alba’ el profesor y coordinador de este galardón Francisco Ruiz de Pablos, tras citar la figura emblemática del poeta y su condición de navero, añadió que Nava era un pueblo de personajes destacados señalando la persona de Laurentino Vega de Castro, por el papel destacado que mantuvo durante el incendio que sufrió la catedral de León el 29 de mayo de 1966. Una historia curiosa que tras investigar sobre el acontecimiento y conocer la acción de este navero en el incendió de la Pulchra Leonina (belleza leonesa) del gótico español, merecía la pena contarla por su interés.
Laurentino Vega de Castro (Nava de la Asunción 1932- León 2005) descendiente de un linaje perteneciente a esta localidad navera donde su abuelo Fructuoso Vega González, ocupó la alcaldía del Ayuntamiento de Nava durante los años de 1896 a 1902 y su padre Laurentino Vega García durante los años de 1938-1940, descansando los restos de ambos en el cementerio municipal de esta localidad, este último regentaba una botica en la localidad, cuyo oficio ha sido el denominador común de esta familia durante varias generaciones y al día de hoy regentada en León por su hijo Roberto Vega Gordón. Precisamente a través de sus palabras, y las noticias de prensa de lo acaecido en ese fatídico día, nos adentramos en esta historia.
Vega de Castro tras cerrar la botica en Nava se trasladaron a León donde abrió otra farmacia en las inmediaciones de la catedral, lo cual le favorecía la relación con el clero y frecuentar a menudo la catedral acompañando a su amigo y fotógrafo Manuel Marín, quien se conocía al dedillo el templo religioso al tener fotografiados espacios y rincones que le parecían interesantes. Ello jugó un papel importante cuando en la tarde del día 29 de mayo bajo una fuerte tormenta un rayo esquivo el reciente instalado pararrayos para descargar en la techumbre del crucero, que ante la gran cantidad de madera que soportaba sirvió de propagación del fuego. Eran la 18,30 horas y dos horas después al escuchar un ruido fuerte Laurentino Vega salió de la botica y vió como de esa zona de la catedral salía humo y llamas, de inmediato dio la voz de alarma y puso en aviso al capellán del obispo, quien junto al prelado desde el balcón del Palacio Episcopal vieron como la catedral se iba convirtiendo en una antorcha de fuego y humo que se extendía por toda la nave central.
Ante el estado de alarma llegaron los primeros bomberos, que no sabían por donde subir al techo para empezar a sofocar el fuego y preguntaron a Laurentino Vega por donde se podría acceder, siendo el propio farmacéutico quien les dirigió subiendo con ellos. “Como mi padre conocía muy bien los entresijos de la catedral por las continuas visitas con su amigo el fotógrafo Manuel Marín, les indicó el camino para acceder a la cubierta y atacar el fuego desde la parte de arriba”, recuerda su hijo y actual propietarios de la farmacia Gordón, quien además señala que por esa actuación su padre fue nombrado bombero honorífico y el Ayuntamiento le reconocía su cooperación con la siguiente carta dirigida desde la alcaldía “Habiendo observado personalmente su celo y eficaz cooperación prestada al personal técnico del Ayuntamiento que dirigió la extinción del incendio producido en la noche de ayer en la Santa Iglesia Catedral, esta alcaldía tiene especial complacencia en proclamarlo y felicitarle a Vd. por su meritoria actuación, sin perjuicio de dar cuenta a la Permanente Municipal. En la primera sesión que ésta celebre, para la adopción por la misma del acuerdo que en justicia proceda”.
La noticia del incendio voló a través de las emisoras de radio movilizando a efectivos de todas las provincias limítrofes, que no fueron necesarios gracias a la eficaz coordinación en la dirección de extinguir el fuego del arquitecto Andrés Seoane, que conocía a la perfección los elementos que conformaban la catedral de Santa María de León y al ver que la piedra era toba volcánica que aguantaba bien el fuego, pero no el agua, y que apagar con la presión de las mangueras provocaría que subiera el peso y se derrumbaran las bóvedas, por ello ordenó echar el agua con mucha suavidad sobre los remates, con piedra de Boñar, caliza, lo que salvó del derrumbe a la catedral leonesa. Procedimiento similar que 53 años después, 15 de abril de 2019, se utilizaría en el incendio que afectó gravemente a otra joya mundial de la arquitectura como la catedral de Notre Dame. Las llamas causaron el derrumbe de la aguja central y el tejado de la nave central dañando considerablemente el espacio interior y bienes e inmuebles.
La restauración del la Pulchra Leonina fue muy rápida, se inició dos días después con aportaciones privadas que pusieron el hierro y las tejas y del propio Franco, que conoció la noticia mediante el director general de Bellas Artes a las pocas horas de producirse el incendio cuando presidía el partido de futbol de la Copa del Generalísimo entre el Zaragoza y el Athletic de Bilbao. A los dos días mandó al ministro de Turismo Fraga Iribarne, con un cheque de tres millones que entregó en mano al obispo Almarcha. La restauración, que supuso un coste entorno a los seis o siete millones de pesetas, fue tan eficaz y rápida que una semana después se celebraron los primeros oficios de acción de gracias y en un mes la Catedral de León volvía a abrir sus puertas.
Recuerda Roberto Vega Gordón la iniciativa de su padre Laurentino Vega y la del médico Salustiano López Contreras, junto a otras destacadas personalidades de la ciudad, creando una campaña de recaudación de fondos que contribuyó a la protección con mallas de las vidrieras, la restauración de la verja y la creación de un taller de restauración permanente, integrado por 15 trabajadores, El maestro vidriero Luis García Zurdo, el director de la Escuela Taller de Restauración, Francisco Azconegui, y el arquitecto territorial, Javier Ramos, fueron los promotores de la campaña; y Concha Casado, Miguel Cordero del Campillo, Salustiano López Contreras y Laurentino Vega de Castro formaron el consejo directivo. Después, para mantener vivo el proyecto, en 1996 se creó el Premio de Pintura ‘Salvemos la Catedral’, con el Ayuntamiento, El Corte Inglés y Diario de León como patrocinadores. Una iniciativa que ha permitido ir salvando retablos, capillas y obras de arte del templo gótico.
La aportación personal de este personaje navero a la sociedad leonesa, aparte del caso citado y de ser el presidente del colegio de farmacéuticos, también jugó un papel destacado en la formación del club de balonmano Ademar de León a principio de los años 1960, concretamente en la temporada 1960-1961 fue el primer entrenador que dirigía el equipo, compatibilizando este puesto con el de jugador. Algo que fue transitorio ya que dos temporadas después figuraba solo como jugador de la plantilla titular. Después siguió vinculado al balonmano leonés sustentando el cargo de vicepresidente de la Federación Leonesa de Balonmano, para en 1967 asumir la presidencia de la misma e impulsar una competición que contaba con siete equipos. El balonmano como deporte preferido pero vinculado a otros como el rugby, llegando a disputar con su equipo el campeonato de España en la temporada 1952- 1953 y donde un ensayo ideado por el propio Laurentino Vega les llevaría a ganar el título, como relata su hijo Roberto Vega.
