Señor director:
Soy un profesor de Educación Física que ejerce desde hace varios años dicha profesión.
Y al contrario de lo que muchos políticos piensan, la Escuela no es un lugar tan seguro contra el covid. Permítame que ponga en duda dicho argumento y déjeme que se lo aclare a continuación.
Voy a contarle mi historia personal: Imagínese en un espacio cerrado, como un aula o un gimnasio, en el que ventilamos, tenemos un aparato en cada clase que mide el CO2 y que emite un pitido horrible ( soy testigo de ello), usamos mascarillas, mantenemos las distancias… aunque claro, en la clase de Educación Física se torna un tanto complicado. Intento salir al patio o al jardín que tenemos siempre que el tiempo lo permite. Pero… llegó el invierno: lluvia, nieve, frío y vuelta al gimnasio. Vuelta a ventilar, a escuchar ese pitido que emite el citado aparato y vuelta a la mascarilla. Ya se pueden imaginar.
Después de casi dos años de pandemia, he tenido la suerte, hasta ahora, de no haberme contagiado. Pero con estos niveles de contagio y dando clase cada día a unos 25 alumnos y alumnas por grupo, era sólo cuestión de tiempo que esto pasara.
Y sí, el jueves por la mañana me levanto con una “carraspera” en la garganta y no dudo en hacerme un test. El resultado no es una sorpresa: positivo. Me acordé de aquel refrán que citaba ‘tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe´.
Empiezan las llamadas y el caos. No era el único docente en ese momento que se encontraba en las mismas circunstancias, así como varios alumnos de las clases donde había impartido, también tenían síntomas. No sé si me contagiaron o pude llevarlo yo, el sentimiento de culpa no pasaba por mi cabeza, ni tan siquiera busqué culpable. Ya es bastante castigo tener que lidiar con el coronavirus.
Recuerdo que esa semana solo recibíamos llamadas de padres y madres anunciando lo que ya sabíamos: “Fulanito de tal, se queda en casa porque se ha contagiado de covid”. El nombre no es real, pero los contagios que iban en aumento, sí.
Ante esta escalada de casos y tras asumir el resultado positivo, me pregunté: ¿Cuánto segura es la escuela?
Es un momento de inestabilidad que mezcla clases y tareas online con presenciales, en el que no está claro muchas veces que protocolo seguir. Todo ello tras anunciarse una nueva Ley Educativa, que parece tener mayor interés que la propia seguridad en las escuelas. Nos queda una gota de esperanza, que está en el consenso entre los docentes y los padres que ha promovido esta pandemia.
Gracias a aquellos que a pesar de la resignación que muestran por un nuevo caso en el grupo de su hijo o hija aceptan y agradecen el esfuerzo que llevamos a cabo para continuar con esta labor tan bonita como es la enseñanza.
Darío Lara Ortego