La Función navera arrancó con la fuerza que vincula al bullicio callejero y al toro. Así, las calles principales del pueblo se llenaron de colorido y explosión de alegría. Unos momentos iniciales que dieron paso a la figura del toro como protagonista. En esta ocasión la adquirió en primer plano durante la celebración del encierro nocturno al escaparse un toro del recorrido en la zona cercana al toril de salida. El etrero de unos cuatrocientos kilos se resistió a salir del toril y cuando lo hizo arremetió contra las vallas de la más inmediata cercanía levantado tanto la valla primera como la de seguridad. Fueron varios minutos que crearon pánico tanto entre los espectadores cercanos como en el resto del pueblo al correr rápidamente el suceso. Al final todo quedó en ese gran susto gracias a la acción de un joven que recortó la huida, y luego apoyado por otros corredores, el animal volvió al recorrido. Los sustos continuaron tras las embestidas a las vallas, que la gente que estaba tras ellas aguantó sin moverse para evitar el caso anterior. El siguiente encierro de la mañana del domingo transcurrió con una manada estirada y los que la encabezaban en sus acometidas se llevaron a dos jóvenes forasteros por delante con cogidas sin gravedad.
La expectación siguiente a éste encierro se centró en la suelta del “toro encajonado” desde la mitad del recorrido. El morlaco salió entumecido e hizo un rápido recorrido, quedando los sustos en las embestidas a unas vallas muy concurridas de gente.
Fiestas naveras cuya inauguración comenzó con el traslado del Santo Patrón -Santísimo Cristo de Expiración- hasta la Iglesia parroquial.
Después la Plaza Mayor volvió a congregar a vecinos y visitantes para participar en el típico chupinazo inaugural que tras el grito pronunciado “Nava despierta, que ya estamos en Fiestas, por la reina y damas desde el balcón consistorial, llegó el estampido callejero..