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Los primeros guardas de Segovia «allende la sierra» (IV): los monteros de Enrique IV, 1464

por David González Agudo
12 de diciembre de 2021
en Segovia
Vidriera de Enrique IV de Castilla a caballo portando una lanza, en el Alcázar de Segovia. / David González

Vidriera de Enrique IV de Castilla a caballo portando una lanza, en el Alcázar de Segovia. / David González

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Este artículo continúa la serie de los publicados en este periódico con fecha 13 de septiembre y 25 de octubre de 2020, y 28 de marzo de 2021. En ellos, venimos ofreciendo una cronología de los guardas de la ciudad de Segovia en los «estremos» o latitudes meridionales de su antiguo territorio jurisdiccional. Este espacio sobrepasaba la sierra de Guadarrama y abarcaba hasta el actual municipio toledano de Camarena. Nos referimos, en concreto, a los llamados «campos y montes de Canmayor», situados al sur del sexmo de Casarrubios del Monte (localidad, hoy, en la provincia de Toledo). Se trataba de una inmensa bolsa de baldíos que, entre otros usos, era empleada como lugar de invernada por los ganados serranos.

A finales de la Edad Media, aquella comarca, donde imperaba un régimen de aprovechamiento comunal, comenzó a verse amenazada por la depredación de los pujantes señoríos limítrofes. La presión nobiliaria sobre los recursos agrarios fue bastante habitual en los pastizales de las ciudades del centro peninsular. Este empuje tenía varias razones, entre las que cabe destacar el crecimiento demográfico, el contexto político y la percepción de nuevas fuentes de renta por parte de la nobleza.

Tales circunstancias llevaron a nuestra ciudad a aumentar la vigilancia de los términos en su sexmo de Casarrubios y a iniciar interminables contenciosos judiciales contra los señores que pretendían apropiarse de aquéllos. De los pleitos deriva la abundantísima documentación procesal existente en los archivos, que nos ha permitido conocer aspectos históricos relevantes. Algunos versan sobre los guardas de la ciudad y el momento que les tocó vivir.

En la última entrega hablamos de Alonso Martín «el Carnicero» (c. 1457-1459) y del binomio formado por Garçi Pérez y Martín García (c. 1459-1464), ambos vecinos de Valdemorillo (Madrid). Segovia venía reforzando la supervisión de sus términos en la comarca desde, al menos, 1456; momento en que Juana Enríquez, madre de Fernando el Católico, había accedido al señorío de Casarrubios del Monte y nombrado a su maestresala, Juan de Cogollos, como administrador de la villa. Bastantes evidencias muestran cómo Cogollos comenzó a aplicar un programa repoblador que depredaba los términos segovianos circundantes. Buen ejemplo es la ocupación de Villamanta (Madrid), lugar de antigua repoblación segoviana.

El caso es que el rey y -recordemos- señor de Segovia, Enrique IV, accedió también al señorío de Casarrubios durante un breve lapso de 1464, según lo acordado en la llamada Concordia de Corella. El concierto, al cual no procede entrar en detalle, establecía que el monarca tenía que recibir la merindad de Estella. Hasta que esto sucediese, le fueron ofrecidos, como aval, algunas poblaciones de Navarra y todo lo que Juana Enríquez tenía en Castilla. El asunto se había alargado y, al no recibir lo acordado, se ejecutó el aval, siéndole cedidos los bienes de la reina de Navarra, entre los que estaban Arroyomolinos (Madrid) y Casarrubios del Monte. Desde ese momento, Segovia y Casarrubios volvían, en cierto modo, a «unirse» bajo la tutela del rey. Tal situación debió de ser aprovechada por el concejo segoviano, administrador de la tierra, para tratar de revertir lo perpetrado por Cogollos en los entornos segovianos de la citada villa.

Según la documentación procesal y municipal de Casarrubios del Monte, Enrique puso a un tal Cachorro como alcalde mayor de la población. Referidas a estas fechas aparecen noticias sobre la veda de algunos términos segovianos como cazadero real. Es el caso de Valmoratejo (entre Valmojado, Casarrubios y Las Ventas de Retamosa), Navalaiglesia y las Fuentes (probablemente, cerca de Las Ventas de Retamosa), o la Perdiguera (Navalcarnero). Curiosamente, en dos de ellos, la Perdiguera y Valmoratejo, Segovia intentaría fundar dos nuevas pueblas para frenar el avance señorial: Navalcarnero en 1499 y Cabeza Retamosa en 1504. Y es en ellos donde, unas décadas antes, aparecen los guardas de nuestra ciudad, quienes también ejercían de monteros del rey Enrique. Esta circunstancia la evidencian, al menos, quince testimonios diferentes de ambas partes litigantes en 1509 y 1513.

Fernán Gómez de Blanca, Lope y García de Argüello, Miguel de Quesada y Rodrigo de Bonalese

El guarda que suele citarse en primer lugar y con mayor frecuencia es Fernán Gómez de Blanca, aunque un testigo le nombra como Juan. A continuación, se suele identificar a Lope de Argüello y García de Argüello. Por el apellido, es probable que ambos tuvieran un vínculo familiar; algo que ya se ha comprobado con guardas de otras épocas. Por último, y con menor frecuencia, son citados Miguel de Quesada y Rodrigo de Bonalese. A este último también lo apellidan Bonal o Bonales.

Los deponentes eran vecinos comarcanos y pastores serranos que invernaban en la zona o pasaban por allí con el ganado. Por ejemplo, a un vecino de La Torre de Esteban Hambrán (Toledo), localidad cercana a Valmoratejo pero, entonces, bajo jurisdicción ajena a Segovia, Gómez de Blanca y un Argüello le dijeron que desviase su ganado de allí «porque no espantasen los puercos». El testigo les tenía por «monteros del señor Rey don Enrique, por amor de la caça de los montes de puercos»; es decir, por afición a la caza del jabalí. Otro declarante, vecino de Aldeavieja, también los conoció, habiendo escuchado que «guardaban los montes de Moratejo, e la caça por el dicho señor Rey, que era aficionado».

Será un vecino de Casarrubios, y testigo por la parte de aquella villa en 1509, quien ofrezca mayor información. Según su declaración, Gómez de Blanca y los Argüello le «dezian que eran monteros del Rey don Enrique, y guardas de Segovia», y que andaban «todos a una, y decían que tenían cartas del Rey». Como guardas segovianos, salían a prendar «por los dichos términos» y, cuando iban a Casarrubios, solían posar en casa de dos amigos suyos que vivían junto a una de las puertas de la villa y que tenían grandes hatos de cabras. Éstos, dice, «les daban allí muchos cabritos».

El casarrubiero aclara, no obstante, que los citados guardas estaban «todo lo más del tiempo» en la cercana Valmojado. Esto lo constatan otros testigos y un guarda posterior, quienes afirmaban que estaban «lo mas del año» aposentados en unas pocas casas que había en el lugar, siendo venta en tierra de la ciudad. Desde allí, deponen, «guardaban los términos» y «toda la tierra, e la defendían por de Segovia», prendando a los de jurisdicción extraña. Un testigo de 1509 que había vivido en Chozas de Canales (Toledo) se acordaba de Gómez de Blanca, Lope de Argüello «y otros a vuelta d’ellos», denotando la forma de rondar los términos y relevarse en las tareas de vigilancia. Otro recuerda, incluso, cómo llegaban a la casa del ventero, un tal Pablo, y «tomaban allí perdices para llevar a Segovia».

Como en anteriores artículos, hemos de destacar la función estratégica de las alberguerías segovianas para los guardas. Allí llevaban las prendas tomadas a los infractores, alimentaban a su caballería o cobraban derechos a los rebaños foráneos trashumantes. Por ejemplo, a otro testigo de La Torre de Esteban Hambrán, siendo muchacho, Gómez de Blanca y sus compañeros le habían prendado cuatro pares de bueyes en los lavajos de Moratejo, «porque pacían allí, que era término de Segovia». Los bueyes fueron llevados a la venta de Sacedón (hoy, en término de Villaviciosa de Odón) y, hasta que no pagaron cuatrocientos maravedís de pena, no pudieron llevárselos de allí.

Por último, existen declaraciones que ponen de manifiesto la, todavía, buena relación y colaboración entre los guardas de Segovia y los alguaciles de Casarrubios. Según relata uno de los guardas de caza del rey en 1509, los alguaciles de la villa supervisaban los heredamientos de sus vecinos, mientras que los guardas vigilaban toda la tierra. No obstante, éstos y aquéllos prendaban por igual «a los de fuera parte» y que, «cuando algunas prendas hacían juntos, lo partían». El testigo recuerda que una vez, estando en la venta de Zarzuela (hoy término municipal de Navalcarnero), los había visto repartiéndose ciertas lanzas y unos azadones que habían prendado a unos vecinos de Griñón (Madrid).

Enrique IV tuvo el señorío de Casarrubios durante muy poco tiempo, aunque no por última vez. Actuando libremente con los bienes recibidos de Juana Enríquez, hizo merced de ellos a varios nobles. Uno de los agraciados sería el propio padre de Juana y almirante de Castilla, Fadrique Enríquez, el cual recibió la citada villa. Desconocemos el momento de 1464 en que se produjo la donación, pero sí sabemos que se hizo en recompensa por haberse reconciliado con el rey y rendirle pleito homenaje. Fadrique, que conocía perfectamente Casarrubios por haberla tutelado años atrás, decidió proseguir con la política expansionista iniciada por el maestresala de Juana. Esta situación volvería, de nuevo, a chocar con las autoridades segovianas y comenzaría a enturbiar las relaciones entre los vecinos y moradores de la comarca.


Bibliografía: González Agudo, D. y Rodríguez Morales, J., Bases de la depredación señorial en tierra de Segovia: Casarrubios, siglos XII-XVI, Segovia, Comunidad de Ciudad y Tierra de Segovia. Libro de próxima publicación.

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