“Como un personaje de Águila Roja”. así aseguraba sentirse María Jesús tras bajarse de la montura y volver a subir a la silla de ruedas. Su camisa, con el logotipo de la serie de Televisión Española, deja claro que es una gran aficionada a esas historias de ficción de la España del siglo XVII. Quizás por ello reconoce que no ha tenido “ni pizca” de miedo mientras cabalgaba, por primera vez, sobre un caballo.
Ella ha cumplido el sueño de su vida al ser una de las participantes en las jornadas de acercamiento a la hípica para personas con discapacidad intelectual, celebradas ayer dentro de la 50 edición del Concurso Nacional de Saltos de Obstáculos de Ávila que tiene lugar hasta el domingo.
Las bodas de oro de este evento deportivo se han centrado en el mundo de la discapacidad, lo que ha permitido que 24 niños de cuatro asociaciones de Ávila (Aspace, Fundabem, Pronisa y Asociación Abulense de Síndrome de Down) conozcan un poco mejor lo que rodea al deporte ecuestre.
Todos ellos han disfrutado de un paseo a caballo muy cerca de las Murallas de Ávila, junto a la pista hípica que acoge estos días a los jinetes profesionales. Aquellos que, como María Jesús, tienen problemas de movilidad, se han subido a las monturas desde una rampa que facilita el acceso a los lomos del animal. Una vez arriba, las caras de alegría han sido la tónica general durante toda la mañana del miércoles.
“Los resultados que se obtienen son buenísimos”, afirma Manuel Gabarrón, el jinete encargado de dirigir estos talleres y profesor de los cursos de hipoterapia que se imparten cada año en el complejo de Naturávila. “Se nota la mejoría de los chicos casi desde el primer día; ganan más movilidad en el tren superior, obtienen más independencia y evolucionan en sus relaciones con los demás”, añade. Gabarrón asegura que para las personas con discapacidad que participan en los cursos, “su motivación diaria es que llegue el día de montar a caballo porque sobre la montura se sienten muy autónomos”. Es más, entre animal y persona se llega a establecer una “relación muy especial”. El jinete abulense señala que muchos caballos “no soportarían ciertos tratos por parte de otros niños”.
“Algunas de las personas con discapacidad no pueden evitar golpear al animal, sin mala intención, y parece que ellos lo entienden perfectamente y en ningún momento interpretan que les están pegando”, dice.
