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Despeñadas

por Arantza Rodrigo Martín (*)
28 de noviembre de 2021
en Segovia
FOTO 1

Parte del equipo del cortometraje “Romance de la despeñada”. / SELENE MARTÍN SAN ANTOLÍN

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La religiosidad popular ha sido y es uno de los pilares fundamentales de la sociedad tradicional. Fiestas, devociones y milagros de vírgenes y santos configuran sus usos religiosos, siendo estos últimos un valioso instrumento de propaganda para el catolicismo, que también se ha esforzado en vincular a su doctrina, tradiciones ancestrales y nuevas ideas que le permitieran seguir marcando la vida y los tiempos de aquellas sociedades. Numerosos textos han dejado constancia del apogeo de hechos milagrosos que no deben desvincularse de la situación política, social y cultural del momento.

Por razones que se verán más adelante, quiero dirigir la mirada a dos milagros que se sitúan en nuestra provincia en torno al siglo XIII y que tienen como protagonistas a dos mujeres. La tradición oral ha sido la principal transmisora, pero también nos han llegado a través de pinturas y escritos elaborados por los frailes encargados de dar fe pública del hecho, recogiendo datos y testimonios.

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Pintura que recrea el milagro de “La Despeñada” (Ermita de San Frutos). / SELENE MARTÍN SAN ANTOLÍN

Uno de estos milagros se sitúa en la ciudad de Segovia hacia 1237, en donde una mujer judía llamada Esther fue acusada por una cristiana de cometer adulterio con su marido. Los jueces considerando la gravedad del delito la condenaron a morir despeñada en el paraje conocido como Peñas Grajeras. Desde allí fue arrojada mientras proclamaba su inocencia y se encomendaba a la Virgen María. Ante la admiración de las personas que acudieron a presenciar la ejecución, no sufrió daño alguno, razón por la que tal prodigio fue atribuido a la intervención de la Virgen, quedando así demostrada la inocencia de Esther que quiso abrazar la fe cristiana, recibiendo el bautismo y cambiando su nombre por el de María del Salto. El milagro fue recogido por Fray Rodrigo de Cerrato, fraile dominico en el Convento de Santa Cruz de Segovia, en su obra Vitas sanctorum con testimonios de testigos y de la propia protagonista. Los restos de la mujer descansan en la catedral de Segovia.

Los impresionantes cortados formados por el río Duratón, en el término de Carrascal del Río, fueron escenario de nuestro segundo milagro. Conocido por el nombre de “La despeñada”, es atribuido post mortem a San Frutos (642-715) patrón de Segovia, eremita que con sus hermanos Valentín y Engracia, llevó en este lugar una vida de retiro y oración. Fechado en el año 1225 -hay quien lo data en 1360- cuenta que una mujer de importante linaje y hacienda estaba casada con un hombre con fama de mujeriego que, movido por avaricia y celos, decidió deshacerse de ella durante la romería que se celebraba junto a la Ermita en honor al Santo, tirándola desde lo alto de las peñas. Ante las plegarias de la mujer en su caída, San Frutos intercedió para salvarla, obrándose el milagro que demostraba su inocencia y decidiendo pasar el resto de su vida dedicada a la oración en aquel lugar, al que donó todos sus bienes. Y quiso que tras su fallecimiento sus restos fueran allí enterrados, todavía hoy se puede ver en el muro sur de la ermita la inscripción que se refiere a este hecho. Fray Juan Calvete, Jerónimo en el Monasterio de Santa María del Parral de Segovia, ya en el siglo XVII, lo cuenta en Historia de la vida del glorioso y bienaventurado San Frutos.

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Inscripción en fachada de la ermita. / SELENE MARTÍN SAN ANTOLÍN

En ambos casos la intención aleccionadora es clara. La simple sospecha de adulterio por parte de la mujer será castigada por la sociedad en su conjunto. Necesariamente ha de ser virtuosa y sólo con devoción e inocencia evitará el castigo. En el primer caso aparece otro personaje femenino que ejerce el papel de acusadora. Del segundo existen versiones recientes que han añadido datos a la leyenda incorporando a su relato una mujer, amante del marido, como instigadora del delito.

En este sentido el texto de Calvete resulta de lo más revelador. Antes de ofrecernos los detalles del prodigio, ocurrido tres siglos atrás, dedica cuatro páginas a disertar sobre asuntos de celos e infidelidades, aconsejando al marido que no sea celoso, pues solo los de mal carácter o los que “siendo mozos fueron muy traviesos” suelen serlo. No se muestra tan transigente al referirse a la esposa, afirmando que, aunque muchas sean “muy recatadas”, otras por el contrario son “disolutas”, un término que curiosamente en el manuscrito aparece tachado y sustituido por “fáciles y libres”. De las dieciocho acepciones recogidas por la RAE para libre, una es “disoluto, torpe, deshonesto”, mientras que de fácil una de ellas dice “Dicho de una persona: que se presta sin problemas a mantener relaciones sexuales”. Evidentemente el fraile quería que no hubiera dudas, es probable que “disoluta” fuera descartada por considerarla quizá demasiado culta. No me resisto a reproducir un fragmento de su perorata como asesor matrimonial.

“Digo pues que de quando en quando no es malo, cerrarle la puerta, apartala de la ventana, negarle alguna salida, quitarle alguna sospechosa compañia: mas esto a de hazer el marido con tan grande cautela, que muestre fiar mas de la bondad que ella tiene, que no en la guarda que le pone. Alabo y apruevo que sean los hombres con sus mujeres cautelosos: mas no tengo por seguro que sean demasiadamente zelosos. Porque son de tal calidad las mugeres que ninguna cosa tanto procuran, como es lo que mucho les vedan. Si el marido tiene de su muger sospecha, debese aprovechar de cautelas no mostrándolo en las palabras: porque si la muger una vez se vea lastimada y afrentada, ella buscara modos y maneras para hazer verdadera la sospecha: y todo, no por el apetito que tenia de ser viciosa, quanto por ver a su corazón del marido vengado.”

A pesar del tiempo que nos separa de estas reflexiones, por momentos resultan dolorosamente cercanas. No olvidemos que actualmente hay países donde todavía se mantienen tradiciones y leyes que atentan contra las mujeres, solo por el hecho de serlo.
Las religiones no se han significado históricamente por tener en buena consideración a la mujer, situándola en clara inferioridad respecto al hombre, al que debía mostrar sumisión, siendo buena esposa y madre, o escoger el camino alternativo como esposa y sierva de Dios. Para el cristianismo han sido de su incumbencia las relaciones entre hombres y mujeres, regulando incluso su sexualidad, considerada como una amenaza que encarna la mujer, sucesora de Eva, tentadora y origen de todos los males.

Llama la atención cómo desde la Iglesia, hasta no hace tanto, se ha contado la historia de la creación. Primero Dios creó al hombre, después a los animales y, por último, para que le ayudara e hiciera compañía formó de la costilla del hombre a la mujer (Génesis 2). Pero si empezamos por el principio, el primer capítulo del libro ofrece una versión bien distinta, donde los humanos son los últimos seres vivos que Dios creó haciendo a su imagen y semejanza, simultáneamente a hombre y mujer (Génesis 1:27-28). Probablemente no nos hubiera ido mejor de no haber sido ignorada esta versión del cuento, es de imaginar que se habrían articulado otros mecanismos para alejar a la mujer de los espacios de poder, que si había ocupado en épocas primitivas.

Sin ir más lejos, hace apenas sesenta años en nuestro país, las mujeres no podían ir al bautizo de sus hijos, por considerarlas impuras tras dar a luz, ni entrar a la iglesia sin cubrirse la cabeza. Algunos años menos hace que en ciertos pueblos no se permitía que bajaran a las bodegas por creer que la menstruación podría estropear la cosecha. La impureza de la mujer durante su ciclo menstrual, ha sido una creencia común en diferentes culturas y religiones, actuando como un eficaz cortafuegos para alejarla de cualquier lugar de importancia.

Desde la gestión y dinamización cultural, en mi caso con el cometido de preservar y difundir los valores de la cultura tradicional, se asume el compromiso de contribuir a que la sociedad sea cada vez mejor. Por pequeñas que sean las acciones que realicemos desde nuestros municipios, podremos lograr cosas importantes. Es necesario remover conciencias para cambiar actitudes, también desde el medio rural en donde la tradición sigue teniendo un enorme peso, en donde debe permanecer lo bueno, eliminando o transformando aquello que genere violencia y desigualdad.

En 2017 el Congreso ratificó el Pacto de Estado contra la Violencia de Género. Desde entonces, los municipios sin excepción reciben cada año, proporcional a su población, una asignación económica destinada a promover acciones de diferente naturaleza que ayuden a la erradicación de la violencia contra las mujeres en todas sus formas. El Ayuntamiento de San Pedro de Gaíllos gestiona dichos fondos a través del Centro de Interpretación del Folklore, con propuestas que ponen el foco en épocas y contextos culturales en los cuales se ha normalizado y justificado esta forma de violencia. Los objetivos que nos proponemos son sensibilizar y concienciar desde el conocimiento y la reflexión sobre las razones que expliquen cómo se han permitido y alentado a través de generaciones, actitudes e ideas machistas.

Con motivo del día Internacional contra la violencia de Género (25 de noviembre) el Centro de Interpretación del Folklore presentó el 27 de noviembre un cortometraje de producción propia ”Romance de la despeñada”. El texto de María Quintana es la base de este trabajo en el que también han participado vecinas de San Pedro de Gaíllos, mujeres de distintas generaciones que bajo la dirección artística de la actriz segoviana Virginia Rodero han dado voz a “La despeñada”. Una invitación a valorar en qué medida la sociedad, desde todos sus ámbitos, es responsable de que esta forma de abuso contra los derechos humanos siga existiendo. Aún queda camino que recorrer y el avance resulta peligrosamente lento.

Bibliografía

  • FRAZER J. G. (1981) El folklore en el Antiguo Testamento. España: Fondo de cultura económica.
  • FUENTENEBRO ZAMARRO, F (1998). San Frutos, Eremita en las Hoces del Duratón. Madrid.
  • GONZÁLEZ GUTIÉRREZ, P. (2012) “La mujer en el cristianismo primitivo”. En Aldea Celada J.M., Ortega Martínez, P., Pérez Miranda I., Soto García, M. R. Historia, identidad y alteridad. Actas del III congreso interdisciplinar de jóvenes historiadores. Salamanca: Hergar Ediciones Antema.

(*) Centro de Interpretación del Folklore de San Pedro de Gaíllos

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