A lo largo de más de dos siglos (el tiempo del que se tiene constancia de este oficio), no ha cambiado demasiado esta actividad tradicional. Como es habitual, con los primeros fríos del otoño, el olor a castañas invade la ciudad y avanza la llegada de la Navidad. A pesar de que, esta vez, la temporada dio el pistoletazo de salida con una temperatura a la que no acostumbra esta estación, los castañeros de Segovia presagian “un buen volumen de ventas”, sobre todo, después de que el encendido navideño ejerza su magia como atractivo turístico. La castañera segoviana María Gloria Rodero asegura que las ventas de este año duplican las de 2020: “Se está vendiendo todo lo que no se vendió el año pasado, casi el doble”, añade.
En esta ocasión, han sido tres los castañeros que han sacado sus puestos a las calles; estos se ubican frente al Teatro Cervantes, en la Avenida del Acueducto y en la Plaza de la Artillería. Todos ellos comparten propietario, ‘El Castañero’, que cuenta con un total de 53 puestos repartidos por toda España, y un modelo de la caseta con el fogón portátil que apenas dista del sistema utilizado a mediados del siglo XIX.
Ni siquiera el mundo de las castañas logró escapar de los efectos de la actual crisis sanitaria. El año pasado fue “complicado”; los cierres perimetrales y la falta de turistas, sobre todo internacionales, que la pandemia trajo consigo, “dejaron la Calle Real vacía”, explica Rodero, quien se convirtió en castañera hace ya dos años. El puesto en el que trabaja, situado frente a la iglesia de San Clemente, permaneció abierto hasta el 3 de febrero, gracias al tránsito generado por el comercio de la zona. Los otros dos no corrieron la misma suerte, por lo que tuvieron que echar el cierre mucho antes.
Este año, dieron comienzo a la temporada el 1 de octubre, pero no contaban con el buen tiempo, el sol y las altas temperaturas de las que vino acompañada la llegada del otoño, lo que no ha sido ningún impedimento para que el sector esté obteniendo buenos resultados.
“Empezamos bastante fuerte para el calor que estaba haciendo”, sostiene Rodero, quien cree que, en parte, esto se debe a que la gente “está deseosa de salir y eso influye en que nos esté yendo bien”. A media tarde, en torno a las 18:00 horas, puede llegar a vender dos sacos de castañas, cerca de 30 kilos, “cuando se empieza a notar el frío”. Los puestos reciben sacos de 15 kilos de castañas que provienen de Galicia.
Castañas y turismo
Durante estos meses, es habitual ver cucuruchos o pequeñas bolsas repletas de castañas sostenidas en las manos de los viandantes, quienes recurren a ellas para protegerse de los primeros fríos del otoño. Por los puntos de venta de castañas pasan desde andaluces, valencianos, vascos, gallegos… hasta alemanes, ingleses o franceses lo que, a su vez, es buen síntoma de la situación del turismo en la ciudad.
El pasado fin de semana, Rodero vendió “una tirada” a andaluces. Esto no es de extrañar; las temperaturas suaves de Andalucía, donde el verano parece extenderse más allá de tres meses, hacen que no se vea con tanta facilidad un castañero.
Lo cierto es que las castañas dan para mucho y, no solo las venden asadas o frescas, a partir de ellas también hacen cerveza, licor, crema, almíbar de castaña, pilonga e, incluso, productos de belleza, entre otros.
Desde el sector afirman que tratarán de aguantar “lo máximo posible”. Por el momento, y si el tiempo acompaña, mantendrán los puestos hasta finales de febrero o principios de marzo.
