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Vida y costumbres segovianas en la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada a través de la prensa escrita

por Adriana Paíno Ambrosio
3 de octubre de 2021
en Segovia
Cabecera de El Moscardon

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Entre 1850 y 1900 se sucedieron en Segovia más de medio centenar de publicaciones que dan cuenta de la intensa labor periodística que se desarrolló en este periodo. Con anterioridad a estos años, habían aparecido algunos periódicos o boletines de muy corta duración o de carácter oficial, como El Mundo (1837), Sociedad Patriótica de Segovia (1820) o el Boletín de la Fuencisla (1846); pero no será hasta los años 50-60 del siglo XIX cuando la prensa escrita en la provincia adquiera una mayor importancia, aumentando en número rápidamente. Es en este medio siglo de historia cuando aparecen cabeceras tan diversas como el Semanario Cristiano y Literario (1852), El Correo de Segovia (1855), El Fotogénico (1860), El Beneficioso (1862), El Porvenir Segoviano (1863), El Eco Segoviano (1868), El Obrero (1868), El Eresma (1871), La Semana (1873), El Moscardón (1877), El Alcázar (1879), La Tempestad (1880), El Adelantado (1880), La X… Es igual a… (1881), El Pardillo (1883), El Canta-Claro (1884), El Arco Iris (1886), Juan Bravo (1886), La Tarasca (1890), El Sepulvedano (1891), La Voz de Cuéllar (1894), El Amigo del Pueblo (1896), La Estrella del Hogar (1899) o el Diario de Avisos de Segovia (1899), entre muchas otras. Cada una de estas publicaciones periódicas tiene diferentes intereses políticos, económicos, sociales o culturales, y también características formales diversas. Todavía en este momento, la frecuencia de publicación es semanal o quincenal y son escasas las cabeceras que editan dos o más números a la semana. Ahora bien, lo cierto es que muy pocas consiguieron prolongarse en el tiempo y, por lo general, los periódicos de este momento tuvieron una vida media de entre uno y dos años, salvo algunas publicaciones que consiguieron ganar cierta popularidad entre los segovianos.

Toda esta prensa escrita constituye una importante fuente de información a la hora de realizar un acercamiento a la Segovia decimonónica y nos permite aproximarnos a los diferentes modos de pensar y vivir en la provincia en este periodo. Así, buceando entre las páginas de los periódicos de la segunda mitad del siglo XIX encontramos, por ejemplo, menciones a los oficios que ocupaban los segovianos en esta época (algunos ya perdidos y otros en peligro de extinción). Entre ellos aparecen referencias al coletero, el cedacero, el tocinero, el aguador, el buhonero o el sereno; pero también tendrán visibilidad en las páginas de la prensa otros más conocidos como médicos, abogados, maestros, artesanos, labradores, jornaleros, carpinteros, albañiles, cerrajeros, sacerdotes, militares, pastores, tintoreros, escribientes, panaderos, notarios, taberneros, sastres, albéitares, sombrereros y un largo etcétera. A modo de curiosidad, es interesante la descripción que establece el Diario de Avisos de Segovia de los serenos que en aquel momento recorrían las calles de la ciudad. Concretamente, en un artículo publicado el 28 de julio de 1899 explicaba los orígenes de este oficio y sus funciones:

Dividida la ciudad en cuatro cuarteles, se asignaron ocho cuadrillas a cada cuartel. Se les armó de una especie de alabarda, proveyéndoles de faroles. El ejercicio suyo es gritar de cuando en cuando la hora que es, y el tiempo que hace, si es de aire, o de lluvia o sereno: y como este es regularmente el que domina entre los otros, la voz que más frecuente se oye es “sereno” y es la que a estos hombres de les ha dado el nombre de “serenos”. (…) Avisan cuando por puertas o cuando por ventanas, velan sobre los incendios; dan luz al que la pide; llevan cartas al Correo; llaman al médico o a la comadre, al confesor u otros, como tantas veces ocurre en aquellas horas (…).

Fiestas, romerías y patronos también ocupan páginas completas de los periódicos de la provincia, lo que nos permite conocer cómo se llevaban a cabo estas celebraciones a finales del siglo XIX. En ellas es común encontrar año tras año informaciones que detallan la concesión de permisos, los asistentes previstos, la comida a degustar, la música, los bailes e, incluso, la temperatura de esos días. Entre las festividades abordadas con mayor frecuencia, y que solían recibir un tratamiento especial en la prensa, se encuentran la fiesta de Santa Águeda, el día de San Frutos o las Candelas, por mencionar solo algunas de ellas. El siguiente fragmento publicado en El Moscardón, el 21 de octubre de 1877, da prueba de ello:

El jueves, lectores míos, es gran día. Es el día de los Frutos (…). Es el día, el Santo, mejor dicho, de todos los que se llaman Frutos. Es además el día del Patrón de Segovia; día de huelga, de jolgorio y de expansión vecinal (si el tiempo lo permite). Habrá bailes y romería, buñuelos, castañas y otros comestibles perfectamente preparados para producir una indigestión.

Otro ejemplo también podemos encontrarlo en Diario de Avisos de Segovia, publicado el 2 de febrero de 1900:

Hoy, día de las Candelas, se celebra la primera romería tradicional en las cercanías de la ciudad. El pequeño pueblecillo de Hontoria es el que tiene esa fiesta, cortada por el mismo patrón que todas las de igual género que llevan a cabo nuestros aldeanos, con la diferencia de que la temperatura propia de la estación obliga a los romeros a hacer mayor consumo del mostillo de Ribera y a cortar el diámetro del baile de rueda. Y si la Candelaria plora, como dice el refrán, entonces los bailadores y romeros se estrechan algo más de la cuenta bajo techado entre una atmósfera densa de vapores de vino y humo de tabaco, en tanto que los dueños de los puestos de caramelos, bollos y rosquillas toman las de Villadiego, rezongando contra su mala suerte.

Dentro de fechas señaladas en el calendario también se recogen con especial dedicación la Semana Santa, la Navidad o el Carnaval, donde las descripciones de los disfraces y máscaras copaban las informaciones publicadas y cuando estos atuendos no alcanzaban la “calidad” esperada eran, incluso, objeto de crítica en los periódicos:

Animado como pocos ha estado este año el Carnaval. Bullicio y algazara, confusión y barullo no han faltado; lo que ha brillado por su ausencia ha sido el buen gusto en los disfraces. Los únicos que llamaron algo la atención fueron dos que representaban calendarios americanos, notables por su lujo y su fiel imitación. (…) Por lo demás, lo extravagante y lo grotesco, eran los caracteres distintivos de los trajes que la generalidad de las máscaras ha lucido por calles y paseos. Hasta hemos visto cíclopes con boina, y alabarderos con enaguas. (La Tempestad, 6 de marzo de 1881).

Cuentos, leyendas, canciones, dichos populares y refranes que forman parte de la tradición oral y que se han transmitido de boca a boca entre generaciones aparecen también recogidos en la prensa escrita. En este sentido, citamos a continuación un pequeño fragmento publicado en el Diario de Avisos de Segovia, el 26 de julio de 1899, donde Pablo Callejo de la Cuesta narra la leyenda de “la mujer muerta”:

(…) Yo estaba, no sé dónde, en el suelo o en el aire, tan vago es mi recuerdo; pero todo lo veía y lo dominaba: miré á la sierra, y vi aquella silueta de mujer muerta. ¿Quién de Segovia no la conoce? Por eso no la describo; a mi dormida memoria vino una leyenda, que leí no sé cuándo, en no sé donde; un cuento de gitanos, poética historia de amores y de celos vengados. La silueta, según la tal leyenda, es el recuerdo de una bella gitana que yace allí debajo, y cuyo cuerpo fue elevándose y creciendo, hasta convertirse en gigantesca estatua desdibujada y vaga, como lo son siempre todas las lejanías; augusta y triste, como siempre lo será la muerte.

Pero también aparecen en los periódicos costumbres que, en el periodo histórico al que nos venidos refiriendo, eran habituales. Cabe señalar aquí el artículo titulado “Agua va” publicado en El Segoviano, el 16 de noviembre de 1854, donde se alude a una costumbre, hoy en desuso, por el que se lanzaban a la calle las aguas residuales, cuando no existía sistema de desagüe en las casas. Bajo el grito de “¡agua va!” era imperativo que los transeúntes se apartaran si no querían terminar empapados con el contenido de algún orinal; aunque por lo que se puede extraer de este fragmento, su autor no escuchó la advertencia en esta ocasión y no terminó bien parado:

Antes de ayer, al pasar cabizbajos por la calle de cuyo nombre no quisiéramos acordarnos, fuimos sorprendidos y bañados de pies a cabeza con cierta clase de líquido, muy poco grato a las narices y muy mucho menos a nuestro estómago, que nos puso cual si acabáramos de salir de una alberca.

No podemos terminar este breve recorrido por la prensa segoviana de la segunda mitad del siglo XIX sin hacer mención a la publicidad. La investigación realizada permite destacar aquí anuncios publicitarios de este periodo que dan pistas sobre los modos de pensar y de vivir de la época. Gracias a ellos es posible conocer los establecimientos presentes en las calles, que ya comenzaban a ser conscientes de los beneficios que podía tener publicitar sus negocios en las páginas de la prensa. Entre ellos aparecen todo tipo de ultramarinos, bazares, tapiceros, caligrafistas, relojeros, retratistas, droguerías, librerías, platerías, tahonas, memoralistas… que ejercían sus oficios en la capital segoviana o en alguno de sus municipios. Las tiendas de moda también promocionaban sus productos y gracias a sus reclamos publicitarios podemos saber que “El buen tono modas”, ubicado en la calle de San Francisco, prometía, en 1890, “un magnífico surtido de elegantes y caprichosos sombreros, capotas y novedades para la presente estación, desde el más exiguo hasta el más alto precio” y en 1888 la sombrerería de Valentín Marcos de la calle Cintería, ofrecía “toda clase de sombreros, gorras, teresianas y cuantas novedades comprende el ramo de sombrerería” (anuncios publicados en El Reformista de Segovia).

A lo largo de los años, la prensa ha reflejado lo que acontecía en la sociedad, dando relevancia a aquellos aspectos políticos, sociales y culturales que podían tener cierta importancia en la época. De este modo, las publicaciones periódicas constituyen un material de gran valor desde el punto de vista etnográfico. Aunque aquí solo hemos recogido un pequeño esbozo de la intensa actividad periodística segoviana, esperamos que haya servido para trasladar al lector al pasado y atisbar como era la vida cotidiana en la


(*) Profesora en la Universidad de Salamanca. Beca de investigación del Instituto de la Cultura Tradicional Segoviana.

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