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La desertización rural al alza

por Ical
22 de agosto de 2021
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Ical

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El medio rural profundo de Castilla y León sigue desangrándose al perder los municipios de menos de 2.000 habitantes en tan solo un año, un total de 10.208 residentes, frente a la ganancia de población tanto de capitales de provincia como de áreas periurbanas y municipios de más de 5.000 habitantes de la Comunidad, en la comparativa realizada entre los años 2019 y 2020.

Así queda reflejado en el informe anual sobre la situación económica y social de Castilla y León elaborado por el Consejo Económico y Social (CES) de la Comunidad y que muestra cómo Castilla y León sigue perdiendo población en términos absolutos, al pasar de los 2.400.898 habitantes de 2019 a los 2.396.301 que figuraban como residentes en la Comunidad y sus áreas de influencia en 2020. Una pérdida de población que sobre todo se refleja en los núcleos más pequeños de castilla y León, lo que el informe llama ‘medio rural profundo’, y que se refiere a los municipios de menos de 2.000 habitantes que no ejercen funciones de centros comarcales y de servicios.

Estos municipios, 1.970 en todo el territorio, perdieron un total de 7.682 habitantes para pasar de los 468.740 que había en 2019 a los 461.058 del año 2020, una caída del 1,64 por ciento.

Esta situación provoca que el medio rural profundo, que en cuanto a extensión sobre el territorio y número de localidades agrupa la gran mayoría de Castilla y León, al suponer el 87,59 por ciento de los municipios, represente cada vez menos porcentaje poblacional de la Comunidad, pasando del 19,52 por ciento que suponía en 2019 al 19,24 por ciento que representa en 2020.

En la misma situación se colocan los llamados centros de tercer orden de Castilla y León, o lo que es lo mismo, los núcleos de menos de 2.000 habitantes que sí ejercen funciones de centros comarcales y de servicios. Así, la pérdida de población, unida al cambio de un municipio de categoría, hace que se produzca un descenso de 2.526 habitantes entre 2019 y 2020, un 4,2 por ciento menos, que baja la representatividad de estas localidades a un 2,39 por ciento de la población total de Castilla y León.

El último rango de municipios de la Castilla y León que pierde población de manera ostensible es el de los centros de segundo orden, correspondientes a los pueblos que tienen entre 2.000 y 5.000 habitantes. Estas 43 localidades pasaron de los 128.957 habitantes con los que contaban en 2019 a los 125.454 con los que iniciaron 2020, un 2,7 por ciento menos. Esto ha provocado que los municipios pasen a aglutinar el 5,24 por ciento de la población, frente al 5,37 por ciento de castellanos y leoneses con los que contaban el año previo.

Unos pierden, otros ganan

En el lado contrario, y frente a la caída total de 13.711 habitantes en los municipios de Castilla y León de menos de 5.000 residentes, se erigen las capitales de provincia, las áreas periurbanas y las localidades llamadas de primer orden, con más de 5.000 habitantes que aumentan en todos los casos su población con respecto al año precedente.

En términos totales, el mayor aumento se da en los municipios de más de 5.000 habitantes, también llamados centros de primer orden, cuyo número de residentes crece en 4.620, lo que supone un aumento con respecto al año anterior del 3,1 por ciento.

No obstante, este crecimiento debe matizarse, puesto que a este grupo de municipios se unió este año El Burgo de Osma, sumando una localidad más de entre las que integran las de más de 5.000 habitantes hasta las 23, por lo que en realidad, los centros de primer orden se mantienen en números similares a los de 2019, con una ligera pérdida aproximada de 400 habitantes, representando el 1,02 por ciento de los municipios de Castilla y León e integrando el 6,4 por ciento de su población.

En cualquier caso, la progresiva despoblación del medio rural profundo en Castilla y León es definida como “una pérdida de riqueza” por parte de los colectivos agrupados en la Revuelta de la España Vaciada, para los que “no solo es económica” sino que también supone “una merma de los servicios esenciales como demuestra el modelo sanitario de Aliste, una pérdida de la cultura vinculada a los pueblos y una disminución de riqueza natural” porque recuerdan, a raíz del grave incendio de Navalacruz (Ávila), que los habitantes de los pueblos son “los grandes gestores del patrimonio natural” y que, sin población, “la labor de control y cuidado del medio ambiente se va a perder”.

Así lo esgrime uno de los portavoces del colectivo de la España Vaciada en Castilla y León, el zamorano Chema Mezquita, criticando que “ahora la Administración, nacional y regional, habla de despoblación pero no actúa”, fomentando con sus políticas “la concentración de los recursos en las grandes localidades y abandonando los pueblos”.

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