Rodeados de dulzainas, carteles y objetos personales de Mariano San Romualdo ‘Silverio’ y bajo la atenta mirada de ‘Los Gigantones’, que tantas veces acompañaron al dulzainero por las calles de Segovia, ayer por la tarde arrancó de forma oficial la 31 edición de Folk Segovia en La Alhóndiga con un sentido homenaje en el centenario del nacimiento del dulzainero de Valdevacas, Premio Nacional de Folklore Agapito Marazuela.
El director del Festival, Luis Martín, destacó la aportación de ‘Silverio’ a la música tradicional y la intensa labor del dulzainero fallecido en 2007, que llevó consigo el sonido de la dulzaina hasta la Exposición Universal de Nueva York de 1965 junto al Grupo de Danzas La Esteva. “Debíamos un homenaje a una persona fundamental para el folclore de la provincia, pero nunca podremos agradecer bastante esa sonrisa leal con la que nos recibía siempre”.
Esa parte humana, entrañable, la de la persona esforzada por enseñar —fue una pieza clave en la Escuela de Dulzaina de Segovia— y por llevar la música a cada rincón de la provincia con una humildad infinita, son los rasgos que repiten las personas que lo conocieron y que abarrotaban ayer la sala central de La Alhóndiga, con presencia de representantes de las diferentes instituciones.
“Entregó su vida a la dulzaina y fue música viva, la que recogió de sus mayores y supo transmitir a sus descendientes —dijo la alcaldesa Clara Luquero—. Hasta el punto de convertirse en una piedra más de las calles de la ciudad, en un retazo de la luz sonora”. Luquero dedicó unas palabras cargadas de emoción a los familiares y los encomendó la tarea de “seguir con la labor de Silverio”.
Recogió el guante la nieta del dulzainero Ana San Romualdo con cuyas palabras consiguió hacer un nudo en la garganta a amigos y familiares, a los que se les acabó escapando alguna que otra lágrima. Agradeció el cariño y atención del Festival e instituciones “desde el momento en que planteamos este homenaje al abuelo aunque— advitió— estoy segura de que si viviese, se habría sentido abrumado”.
En palabras de su nieta, Silverio recibía los premios y homenajes con agradecimiento y cariño, aunque “siempre pensaba que eran inmerecidos”. “La dulzaina era su compañera habitual —comentó— y él era, en realidad, un artesano: sabía cuándo tocar y cuándo callar, y encontraba la música como la actividad idónea para, por ejemplo, remendar un zapato”.
El acto de homenaje a Silverio sirvió como nexo entre las actividades complementarias de los Encuentros Agapito Marazuela, previas al programa central de conciertos, con la inauguración de las exposiciones de La Alhóndiga — sobre Silverio y sobre Paco de Lucía—, el pasacalles de San Pedro, y conciertos dentro del programa de las Ferias y Fiestas, así como el Festival Joven Silverio.
