Entró como huracán en el figón en donde apurábamos el primer vino. Siempre pasa lo mismo con Satur Lanchares; como llegue un poco más tarde de la hora convenida es que algo ha pasado o algo ha pensado, lo que es peor.
Vino a decir que estaba hasta el mismísimo origen de las civilizaciones, o algo parecido que rimaba, de que los políticos por unos pocos meses de faena se aseguraran el jornal de por vida. Nosotros conversábamos sobre la perplejidad que nos produce la cantidad de cosas de menor relevancia de las que se habla, cuando no debería haber nada mejor que hacer después del desayuno, para todo el que se ocupa de la res pública, que no sea buscar, traer, repartir y poner vacunas. Y todo lo demás, va por detrás. Y debe ser que no, vistos los calentones que se llevan y que quieren que nos llevemos.
«Miran por nosotros y no en beneficio propio y, además, se exponen mucho»
Pero lo dicho; irrumpió Satur cuajándolo todo con su energía. Pasados unos minutos, botellín en una mano, torrezno en la otra, ya más calmado, insistía y quería que entráramos en el asunto, por lo que nos repitió su reflexión. Nosotros, que somos de natural conciliador, le dijimos que tenía que tener un poco de empatía. Los políticos, en muchos casos, abandonan brillantes carreras profesionales de las que obtienen cuantioso beneficio económico para ofrecer al país su tiempo y talento para el bienestar de todos. Miran por nosotros y no en beneficio propio y, además, se exponen mucho. Y es natural que pasado ese tiempo de servicio la sociedad agradecida les remunere de alguna forma el sacrificio. No importa si han sido muchos años o unos cuantos meses. El esfuerzo ha sido hecho y no es cuestión de que esas cabezas ilustres se tengan que poner de inmediato a buscar trabajo que por otro lado no les faltaría (eso seguro) dado su potencial.
Y ahí es donde nos esperaba Satur. Va y se pone a hablarnos de personas (pero millones, oiga) que habiendo trabajado duro y pagado impuestos a todo trapo (que es otra forma de honrar a tu país) se encuentran a mediana edad, con hipoteca e hijos en la calle. A veces, con una indemnización por despido que les para el golpe unos meses y gracias. Para esa gente no hay nada después. O a lo mejor sí lo hay, nos decía: reinventarse, buscarse la vida. Y se ponía a él mismo de ejemplo y alguno de los que estábamos en la ronda; éramos millones los que hemos empezado otra vez en alguna otra cosa con mayor o menor fortuna. Y hemos ido tirando.
Y seguía: también son millones (y seguramente más millones que los otros millones) los que tienen negocio abierto y a esos les toca reinventarse cada día: si es pescadero o frutero tener el producto muy fresco y variadito, hasta lo más exótico. Y afinando precios que pierdes al cliente y se va a la competencia rapidito. Y qué me dicen de los que tienen que estar completamente al día en temas de ordenadores para que el cliente no sepa más que tú. ¿Y lo de arreglar motores eléctricos en talleres?. Suma y sigue.
«Y al final Satur vino a decir que él prefería que los de la política estuvieran bien escogidos y bien pagados, para que vengan los mejores»
Y al final Satur, ya apresurando su discurso pues veía que los demás estábamos aliviando el plato de torreznos y que se quedaba sin el segundo (que es el que mejor sabe), vino a decir que él prefería que los de la política estuvieran bien escogidos y bien pagados, para que vengan los mejores, de forma que sea un tentador “club de los mejores”, con la consiguiente remuneración social que también es importante. Y que acabado ese tiempo, con la proyección social que eso permite, se vayan con una nota de agradecimiento sincero y a buscarse la vida por ahí, pero nada más.
Sospechaba Satur que con estas premisas muchos de los que salen por la tele no estarían, es que no llegarían a salir y otros nuevos aparecerían; a lo mejor serían menos ocurrentes, más discretos, pero irían derechitos a lo que un país demanda.
Acabada la arenga vació el plato del aperitivo, pidió otro botellín y respiró hondo.
