Con pesar por su fallecimiento, pero con una sonrisa. Así recordaban ayer, horas después de la muerte de José María García Moro, al escultor sus amigos, sus colegas del mundo del arte y, en general, el mundo de la Cultura segoviana. Su larga y fructífera trayectoria profesional estará ligada para siempre a una personalidad vibrante y llena de energía.
Rafael Cantalejo, director de la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce, de la que Moro era académico de número, recordaba ayer como el escultor “siempre aportaba la visión del artista plástico en una Academia en la que casi todos somos historiadores y en la que él y Carlos Muñoz de Pablos aportaban la parte práctica”. “En lo personal, he sentido mucho su fallecimiento, porque nos conocíamos hace muchos años, incluso coincidimos en el claustro de la Casa de los Picos, a finales de los setenta”, añadía Cantalejo.
El director de San Quirce, que adelantó que la Academia organizará un acto de recuerdo al escultor, describió a Moro como “un provocador y un gran intelectual, que aunque no tuvo una formación universitaria tenía una filosofía propia muy interesante”. “Fue un hombre pequeño en cuanto a su humanidad física, pero grande y capaz de crear grandes obras, un hombre crítico consigo mismo que siempre intentó innovar, pesara a quien pesara”, agregó Cantalejo.
Con palabras de cariño y admiración se refería ayer a Moro la directora del Museo de Arte Contemporáneo Esteban Vicente, Ana Martínez de Aguilar, quien comentaba como tuvo la oportunidad de ver al artista el día anterior a su muerte. “Moro fue un personaje y un artista muy singular en Segovia, yo diría que irrepetible”, aseguraba.
Martínez de Aguilar que afirmaba que la posibilidad de montar la última instalación de Moro, en el verano pasado, fue “un privilegio para el museo”, reseñaba su “enorme vitalidad, su alegría, su espíritu lúdico y gozador que transmitía la alegría de la vida a todos los que le conocíamos”. Para la directora del Esteban Vicente esa forma de ser “se transmitía a su obra; siempre fue un hombre curioso, que nunca dejó de desarrollar la obra que quería”.
De esa personalidad innovadora y de los problemas que en ocasiones le trajo hablaba ayer el artista Antonio Madrigal, amigo de Moro desde la juventud, que recordaba la polémica que se desató en torno a la escultura de Antonio María Claret, ya que su visión fue considerada demasiado ‘moderna’ por los claretianos. “Fue un artista muy intuitivo, honesto con su trabajo; y un hombre con sus luces y sombras, disparatado y simpático, pero también con sus momentos difíciles”.
El funeral por Moro se celebrará a las diez y media de la mañana de hoy lunes en la iglesia de la Trinidad; posteriormente, sus restos mortales recibirán sepultura en el cementerio del Santo Ángel de la Guarda.
