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Elementos entregados «a favor del Tesoro Público» en época de la Guerra Civil: joyería tradicional segoviana

por Antonio Arcadio García García
25 de abril de 2021
en Segovia
Detalle de una fotografía tomada por Otto Wunderlich en la Plaza de Toros de Segovia, año 1926. /  Instituto del Patrimonio Cultural de España. Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

Detalle de una fotografía tomada por Otto Wunderlich en la Plaza de Toros de Segovia, año 1926. / Instituto del Patrimonio Cultural de España. Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

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Desde que los trajes que hoy conocemos como tradicionales dejaron de usarse como lo que eran: indumentaria coherente con un periodo histórico concreto y la situación económica y social de cada una de las personas que pertenecían a esa época y que diariamente usaban con total normalidad; la manera tradicional del vestir quedó reservada (si cabe, con mucho más cuidado y respeto) a celebraciones, momentos y acontecimientos señalados.

La joyería es uno de los componentes más importantes de esta indumentaria. Con mayor o menor presencia dependiendo del momento, lugar o fecha; el uso de determinadas piezas y la manera de colocarlas daba a las mismas un carácter identitario. Sin embargo, el tiempo y la ruptura de la cadena de transmisión han hecho que el conocimiento de los códigos necesarios para vestir de ese modo se haya perdido, ocupando la joyería un lugar muy secundario en las reproducciones del ‘traje típico’ a las que estamos acostumbrados y sin tener en cuenta que no todo es válido si pretendemos lucir verdadero patrimonio cultural.

Al tener bastante valor económico, las divisiones propias de herencias familiares hacen difícil localizar piezas originales como las que lucieron las segovianas en imágenes y grabados donde observamos, cubriendo el pecho, multitud de relicarios, medallas y cruces superpuestas (Imagen 1). Esas representaciones gráficas son testimonios de primer orden que posicionan a nuestra provincia en un lugar destacado, pues no tiene nada que envidiar a lugares referentes e icónicos en este ámbito como, por ejemplo, Salamanca y su conocido Traje de Vistas de La Alberca. Además, hay que tener en cuenta que muchas de estas collaradas se deshicieron, se reconvirtieron para otro uso, se vendieron, o incluso se fundieron en tiempos de carestía.

Otra de las múltiples razones que probablemente ha influido de alguna manera en esa escasa aparición de piezas de joyería fue la llegada de la Guerra Civil Española y, con ella, la entrega de patrimonio (objetos y dinero en metálico) «a favor del tesoro público», eje central de este artículo; según el testimonio de alguno de nuestros mayores, una forma de sufragar gastos en cierto modo recurrente a lo largo de la Historia.

A modo de «donativo», que para muchos nunca tuvo ese componente altruista y voluntario, las familias eran obligadas a dar dinero en efectivo y parte o todas las joyas de valor que tuviesen para «sufragar los gastos derivados de la Guerra». Muchas dieron todo lo que tenían y otras, con recelo, mucho cuidado, buen tino y miedo a ser descubiertas, guardaron o escondieron algunas joyas que habían podido comprar o conservaban de sus anteriores con aprecio, devoción y orgullo.

En ocasiones eran recogidas puerta por puerta de manos de hombres y mujeres del mismo pueblo y en otros casos los propios vecinos tenían que ir a la casa del encargado de hacerlo. Pero estas joyas no eran siempre entregadas al Tesoro Público. El paso del tiempo hizo ver cómo parte de las alhajas habían sido guardadas por los que recaudaban los bienes a sus propios paisanos.

La memoria y conversación de los que vivieron momentos como el referido son las principales fuentes para cualquier persona que pretende conocer la Historia reciente, pero los documentos ayudan a corroborar datos y abarcar otros ámbitos. En el caso del tema que nos ocupa, dos hojas de El Adelantado de Segovia —periódico por excelencia de la Provincia fundado hace ahora un siglo— que mi tatarabuelo recibía en Carbonero el Mayor y tuvo a bien conservar sustentan el contenido de estas líneas.

En ellas se plasman de manera clara y detallada parte de las entregas que muchos vecinos de diferentes poblaciones segovianas hicieron en dichos años, transcribiendo tanto las aportaciones en metálico como las constituidas por bienes materiales. Aparecen los «donativos» de vecinos de Arroyo de Cuéllar, Abades, Otero de Herreros, Moraleja de Cuéllar, Garcillán, Mata de Cuéllar, Lovingos, Carbonero el Mayor, Santiuste de San Juan Bautista, Zarzuela del Pinar, Valverde del Majano, Sacramenia, Navas de Oro, Escarabajosa de Cabezas, Cantimpalos, La Granja, Cuéllar y otros municipios. También la «relación de los donativos recibidos en metálico» de varias localidades más en su suma total o diferenciando aportaciones personales concretas, del conjunto de vecinos, de agrupaciones y empresas, o de Ayuntamientos.

Precedido por el pueblo en cuestión, las hojas de El Adelantado muestran un más o menos extenso listado de nombres y apellidos seguidos de la enumeración de bienes entregados por cada una de las personas, diferenciando tipologías y materiales de los mismos. Sirva la siguiente transcripción a modo de ejemplo de una de las aportaciones en Carbonero el Mayor: doña Asunción Rubio López, dos pares de pendientes y una sortija.

Es probable que este tipo de hojas «informativas» —que sin duda conseguían que todo el pueblo supiese quién y qué había entregado «para la causa» y, consecuentemente, quién no lo había hecho— tenían como fin, además de hacer ver a los que habían entregado parte de sus bienes que estos eran reconocidos y su aportación era valorada, presionar socialmente y de manera indirecta a aquellos que no lo hacían para que colaborasen. Posiblemente estas publicaciones fueran frecuentes y numerosas, abarcando la mayoría de pueblos de la provincia.

Después de estos párrafos que describen brevemente y de una manera muy general el documento y trasfondo del mismo, quiero mostrar algunas de estas «contribuciones». Así, además de poner de manifiesto la cantidad de joyas y otros bienes de gran valor que se entregaron —siendo solo una parte de los mismos—, podemos reconocer, gracias al detalle de las descripciones, algunas tipologías correspondientes a los modelos usados tradicionalmente en estos pueblos. Ejemplos que, por tanto, forman parte de la indumentaria popular del lugar, pues, aunque muchas de estas joyas serían de época y no se corresponderían con los modelos tradicionales más antiguos, multitud de familias hicieron entrega de joyas que —probablemente las únicas que tenían— habían heredado de sus antepasados y eran piezas testigo de la indumentaria que cuidaban como propia, aquella que aún hoy intentamos preservar.

Tras transcribir cada una de las distintas tipologías que aparecen en la relación de bienes y analizar los datos extraídos, cito a modo de muestra las sesenta y dos cruces y los cuatrocientos treinta y siete pares de pendientes recogidos en Carbonero el Mayor, mi pueblo. Aun siendo solo dos elementos de una larga lista, sirvan como ejemplo para transmitir la dimensión de las entregas.

Encontramos aportaciones sencillas como la siguiente: DOÑA PETRA LÓPEZ LLORENTE, UN PAR DE PENDIENTES; y otras más destacables por el hecho de reunir gran cantidad de objetos: DOÑA EUSTOQUIA MARTÍN GARCÍA, DON FRUCTUOSO LLORENTE PASCUAL, CARMEN Y PAULITA LLORENTE MARTÍN, DOS ONZAS, UNA MEDIA ONZA, DOS MONEDAS DE 25 PESETAS, UN RELOJ, UNA CRUZ, CUATRO PARES DE PENDIENTES, UN GUARDAPELO, DOS ALIANZAS UNA SORTIJA DE SELLO, UN PAR DE GEMELOS, UNA MEDALLA CON CADENA Y DOS ARILLAS.

Aunque la escasa descripción de alguna de las entregas posiblemente referencie modelos tradicionales; no podemos afirmarlo con total seguridad. Sin embargo, otras descripciones más detalladas sí permiten que descubramos ejemplos de nuestro interés. Esta es sin duda una de ellas: DON FRANCISCO ARÉVALO RODRÍGUEZ Y SEÑORA, DOS PENDIENTES DE CORALES, UNA CRUZ CON CADENA, DOS PARES DE PENDIENTES DE ALJÓFAR, DOS ANILLOS, UN PENDIENTE SUELTO, UN DIJE, UN GUARDAPELO Y DOS ANILLOS.

Aparece un guardapelo —elemento muy presente en la joyería de la época y apreciado por sus propietarios—; y un dije, que probablemente identifique a una pequeña joya usada a modo de adorno con forma de cruz o medalla que se colgaba del cuello. La especificación del material de los pendientes, nos conduce a pensar que podemos estar ante modelos tradicionales. Aunque el coral y el aljófar estuviesen también presentes en joyas de época, son ambos —junto a la plata y otros metales— los más usados para adornar a la manera tradicional el vestir de las segovianas. Probablemente esta familia hiciese entrega de dos pares de pendientes que, teniendo en cuenta las tipologías más comunes, se correspondiesen con los ejemplos conservados de dos carreras de aljófar engarzado en oro. También eran comunes y eminentemente segovianos los de tres gajos del mismo material rematados con una bola dorada en cada extremo.

En el caso del coral, a pesar de tener referencias de su existencia, apenas se han conservado ejemplos de modelos antiguos. Algunos de ellos adquieren la misma forma que los de aljófar de tres gajos —tres líneas que cuelgan de una misma arilla— y están rematados con una bola plateada o dorada en cada extremo. En las aportaciones de Santiuste de San Juan Bautista encontramos un modelo que podría hacer referencia a esta tipología: DOÑA ISABEL MUÑOZ GARCÍA, UNOS PENDIENTES DE ORO CON PIEDRA Y UNOS GAJOS DE ORO Y CORAL.

También encontramos numerosas GARGANTILLAS, tan propias de la joyería tradicional, detallando el número de piezas de oro, probablemente filigrana, que tenían; UNA BOTONADURA COMPLETA, quizá referenciando los botones que componían chaqueta, chaleco y/o calzón masculinos; UNA HEBILLA, posiblemente de plata, como aquellas que tanto cuidaban las segovianas; MEDALLONES; CRUCES (algunas de oro y aljófar o piedras preciosas, otras compuestas por tres cuerpos con lazo o simples); RELICARIOS, que nunca faltaron en collaradas; ANILLOS; SORTIJAS; SELLOS; numerosas monedas antiguas conservadas por su valor en sí mismas o utilizadas en la composición de pulseras, broches o pendientes; y un sinfín de objetos considerablemente detallados. (Imagen 6).

El presente artículo devuelve a este diario datos extraídos de uno de sus números. No es más que un pequeño reflejo de lo amplias que fueron las entregas en nuestra provincia, corroborando la presencia de joyería tradicional en las mismas, tantas veces referenciada por los testimonios orales de nuestros mayores. Conozcamos nuestra Historia, valoremos su importancia y cuidemos nuestro patrimonio, lo tenemos cerca.

No puedo terminar sin dar las gracias a todos los que me han enseñado lo que sé sobre tradición y a aquellos que con sus relatos de vida me enseñaron y enseñan mucho más.

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Edición digital del periódico decano de la prensa de Segovia, fundado en 1901 por Rufino Cano de Rueda

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