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Los primeros guardas de Segovia ‘allende la sierra’ (III): 1454-1464

por David González Agudo
28 de marzo de 2021
en Provincia de Segovia
Verdugales y laguna en la encrucijada entre la Cañada Real Segoviana, el cordel de Hormigos y el Camino Real de Guadalupe, en Las Ventas de Retamos (Toledo). Zona tradicional de paso e invernada de los ganados, en uno de los puntos más meridionales de la tierra de Segovia. DAVID GONZÁLEZ AGUDO.

Verdugales y laguna en la encrucijada entre la Cañada Real Segoviana, el cordel de Hormigos y el Camino Real de Guadalupe, en Las Ventas de Retamos (Toledo). Zona tradicional de paso e invernada de los ganados, en uno de los puntos más meridionales de la tierra de Segovia. DAVID GONZÁLEZ AGUDO.

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Este artículo es la continuación de los publicados el 13 de septiembre y el 25 de octubre de 2020, donde venimos haciendo una relación cronológica de los guardas de Segovia en su antiguo sexmo de Casarrubios, durante el siglo XV. A finales de la Edad Media, la depredación señorial sobre la tierra segoviana obligó a nuestra ciudad a reforzar la vigilancia de los llamados ‘campos y montes de Canmayor’, al sur del mencionado sexmo. La documentación procesal, derivada de los interminables pleitos sobre términos que entonces surgieron, nos ha permitido conocer aspectos históricos muy interesantes. Algunos versan sobre la identidad de los guardas, su ámbito de actividad, sus competencias, sus rondas e, incluso, algunas anécdotas.

En los artículos anteriores ya hablamos de Alvar Ximénez, guarda mayor que operó en Canmayor durante el principado de Enrique IV, quien fue señor de Segovia entre 1440 y 1454. Según los testimonios, parece que Ximénez continuó vigilando los términos hasta la llegada a Casarrubios de Juan de Cogollos, ‘maestresala’ de Juana Enríquez, madre de Fernando ‘el Católico’ y, entonces, señora de la citada villa (1456). Cogollos, actuando como administrador del señorío de la reina Juana, comenzó a aplicar, desde Casarrubios, un programa de expansión señorial que afectaba a los baldíos y alijares segovianos circundantes. La ciudad no se mantendría ajena ante esta circunstancia, de lo que es buen ejemplo el incremento de la actividad de los guardas durante estos años. Veamos los casos de Alonso Martín ‘el Carnicero’, Martín García y García Pérez.

Aspectos sobre la jurisdicción segoviana allende la sierra: las primeras guardas de la tierra (I)

Alonso Martín ‘el Carnicero’ (c. 1457-1459)

De este guarda nos habla Ruy González, su propio hijo, en 1502, con motivo de las probanzas segovianas del pleito sobre la población y ejido de Navalcarnero (hoy, en la provincia de Madrid). Alonso Martín era vecino de Ugena (Toledo) y ejerció como guarda unos dos años, «por renta que daba por los montes de la dicha ciudad de Segovia». Por su apodo de ‘el Carnicero’, es posible que Martín tuviese interés económico en el oficio, puesto que el ganado era una parte importante de las prendas tomadas a intrusos forasteros, quienes entraban ilegalmente a aprovecharse de los términos segovianos.

‘El Carnicero’ debió de pujar por la adjudicación de la guarda en la ‘junta de los pueblos’ de Canmayor, que se celebraba en Perales de Milla

‘El Carnicero’ debió de pujar por la adjudicación de la guarda en la ‘junta de los pueblos’ de Canmayor, que se celebraba en Perales de Milla (hoy, despoblado en Quijorna, Madrid). Su hijo recordaba haberle acompañado muchas veces «a guardar los montes» de la ciudad. Rondaron desde Valdetablas (dehesa entre Villanueva de Perales y Sevilla la Nueva) hasta Villamanta (Madrid) y por «todo lo que está desde Valdetablas fasta Casarrubios, y fasta los Verdugales y la Cabeça». Es decir, vigilaron hasta los actuales límites meridionales de Casarrubios del Monte y Las Ventas de Retamosa, lindando con Camarena (Toledo). González se acordaba de un episodio en el que tomaron prendada una carreta de mulas a un vecino de Cedillo del Condado (Toledo), porque había cortado leña en los Verdugales, entre Casarrubios y Camarena, «y la pasaron junto con Casarrubios, por la puerta de Toledo». El propio testigo también reconocía haber tomado unos conejos a un vecino de Móstoles (Madrid), quien andaba cazando en lo alto de las Peñas Rubias (hoy, en término de Navalcarnero).

Martín García y García Pérez de Valdemorillo (c. 1459-1464)

Existen bastantes alusiones sobre estos dos guardas, vecinos de Valdemorillo (Madrid). Por las declaraciones de los testigos, ambos ejercieron el oficio durante «cinco o seis años». Varias veces fueron vistos formando binomio, especialmente cuando prendaban a vecinos foráneos. Es el caso de Bartolomé García, antiguo residente en Moraleja de Enmedio (Madrid) y declarante en el pleito sobre términos entre Segovia y el señor de Casarrubios (1509). Moraleja fue aldea de Segovia y sus habitantes podían labrar y aprovecharse de los terrenos comunales en diferentes términos de la ciudad. Estos vecinos llegaron a proveerse de leña hasta llegar a la vega de Villamanta (Madrid), la Cabeza Retamosa (actual Las Ventas de Retamosa, Toledo) o los montes del Tirabuey, nombre este referido al camino carril que comunicaba Segovia con la zona de Casarrubios del Monte. Allí, encima de Zarzuela (antigua venta segoviana, hoy en término de Navalcarnero), García y Pérez habían prendado mulas a unos vecinos de Parla (Madrid) porque, no siendo de Segovia, habían entrado a cortar leña en tierra de la ciudad. Los guardas les llevaron las mulas prendadas a Moraleja, hasta que los infractores fueran a pagarles la correspondiente sanción.

Los primeros guardas de Segovia ‘allende la sierra’ (II): Alvar Ximénez (c. 1440-1454)

García Pérez, también nombrado como Garçi Pérez, fue también visto en las alberguerías segovianas de la comarca. Alonso Ventero, hijo de Juan Sánchez, ventero de Sacedón (hoy, en término de Villaviciosa de Odón, Madrid) recordaba que los guardas llegaron a morar en la venta de su padre. Por regla general, los guardas posaban en las alberguerías de toda la zona, pues éstas les servían como base de operaciones, al estar situadas en puntos estratégicos de la tierra y en vías importantes de ganado. Allí llevaban las prendas tomadas por los alrededores, recibían cebada para los caballos y cobraban peajes a los rebaños no segovianos que trashumaban hacia o desde las Extremaduras.

Sobre este aspecto es interesante la declaración de Bartolomé Mellizo, antiguo peón de los guardas, en 1509. Mellizo afirmaba que García Pérez había recaudado, por espacio de seis años, el derecho del ‘retorno’ de los ganados en Sacedón, en la Venta de Toribio (actual El Álamo, Madrid), en Valmojado (Toledo) y en la Calzadilla. Esta última vía es el antiguo camino romano de Toledo a Segovia, «que va por la hazera» del río Guadarrama. Mellizo recordaba un episodio en el que Pérez había perseguido, desde el vado de Arroyo de Viñas hasta Lucero (hoy, en término de Móstoles) a unos pastores que habían entrado a tierra de Segovia sin pagar el mencionado «retorno». Este antiguo derecho segoviano entraba, junto con la «caucera», en la renta de la guarda de montes de Canmayor. No es extraño, por tanto, que los testimonios refieran a los guardas segovianos haciéndose cargo de su recaudación.

Hacia 1462, parece que Garci Pérez y Martín García también colaboraban con los cogedores de «alcabalas de cambio» de Canmayor

Según otro avistamiento, hacia 1462, parece que Garci Pérez y Martín García también colaboraban con los cogedores de «alcabalas de cambio» de Canmayor. Estas alcabalas eran un impuesto que gravaba un porcentaje sobre el valor de ventas y trueques que se realizaban entre pastores u otras personas. Juan Fernández Manso, hijo del que fuera alcabalero de Brunete (Madrid), Hernán o Ferrand Manso, declaró en 1502 que su padre le había enviado a Valmojado, «por espía de los pastores de Cañada», por si «vendían algún ganado allí». Manso recordaba haber seguido, desde el citado lugar, en la Cañada Real Segoviana, a unos pastores que habían hecho un intercambio, «y se vino con ellos, sin que lo supiesen» a la venta de Zarzuela, donde su padre les esperaba para cobrarles la alcabala. Asimismo, hacia ese mismo año, el alcabalero acompañó a los guardas de Valdemorillo cuando prendaron a unos de Batres (Madrid), porque habían cortado leña en Valdecovachos (hoy, en término de Navalcarnero).

Este refuerzo de la vigilancia se encuadra en un contexto general de inestabilidad política e inseguridad. Como hemos dicho, Segovia era consciente de la intromisión foránea en muchos de sus términos; hasta tal punto, que el concejo instó al rey Enrique para que, en 1462, declarase nula la vecindad de todos los forasteros que se habían instalado en la ciudad desde cinco años atrás. La razón principal era, precisamente, «por gosar de los términos, e montes, e prados, e pastos de la dicha çibdad e su tierra».


Fuentes: Biblioteca Nacional (BN), 2/34780, fols. 277r, 357r-357v, 387r-387v, 394r-394v, 422r-422v.

Fe de erratas: en el artículo del pasado 25 de octubre de 2020, las fechas correctas de ascenso al trono de Enrique IV y de la llegada de Juan de Cogollos a Casarrubios son 1454 y 1456, respectivamente.


(*) Universidad de Valencia.

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