A mediados de enero de 1599, Felipe III (1598-1621) y su hermana Isabel Clara Eugenia (1566-1633) salieron de Madrid para Valencia, donde les esperaban sus bodas con Margarita de Austria (1584-1611) y el archiduque Alberto de Austria (1559-1621). Antes de llegar a Valencia, se hospedaron en el pueblo valenciano de Denia, cuyos habitantes festejaron las bodas con mucha pompa.
Lope de Vega (1562-1635), quien acompañaba a su patrón Pedro Fernández de Castro y Andrade a Valencia, relata las fiestas que ofreció Denia en un poema que se titula ‘Fiestas de Denia’ (1599): “Entró [Felipe III] la puerta de la insigne villa/por un arco de mármol contrahecho…/Dieron vuelta al lugar fuerte y famoso,/pequeño, aunque de buenos edificios,/ancho de calles y de vista hermoso….”. (Lope 88; vv. 386-387; 393-395). Lope se centra en la arquitectura que caracteriza más el urbanismo de su época: el arco de mármol, los buenos edificios y las calles anchas.
Segovia por ser el origen del escritor o por su proximidad a Madrid se convierte en el enfoque geográfico de varios escritores del Siglo de Oro
La geografía de España durante el Siglo de Oro emerge a través de las obras literarias de escritores cuyas composiciones abarcan varios géneros. Como es de esperar, Madrid es el escenario de algunas de las obras más famosas por ser la capital y la residencia de la Corte. Otros lugares, aunque sean pequeños como Denia, salen porque se relacionan de alguna manera u otra con la trama de la obra literaria. Las andanzas peripatéticas de Don Quijote y Sancho Panza, por ejemplo, revelan una vista panorámica de la España de Miguel de Cervantes. La ciudad de Segovia por ser el origen del escritor o por su proximidad a Madrid se convierte en el enfoque geográfico de varios escritores del Siglo de Oro, algunos más conocidos que otros.
La publicación de Lazarillo de Tormes en 1554 encabeza el género narrativo que se conocería como la novela picaresca. El género se consolida con la publicación de Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán (1547-1614) en 1599. Francisco de Quevedo (1580-1645) publica la novela picaresca La vida del Buscón en 1626, el mismo año que el escritor segoviano Jerónimo de Alcalá Yáñez (1563-1632), quien nació en Murcia pero desarrolló la mayor parte de su vida en Segovia, publicaría la segunda parte de su novela picaresca Alonso, mozo de muchos amos (la primera parte se publicó en 1624). Además de estudiar latín, filosofía y teología en el Convento de Santa Cruz la Real, también fue estudiante de San Juan de la Cruz (1542-1591). Luego, se doctoró en Medicina y Cirugía en la Universidad de Valencia y ejerció la profesión de médico en Segovia hasta su muerte en 1632.
Alcalá Yáñez dedica un capítulo entero de Alonso, mozo de muchos amos a Segovia
Alcalá Yáñez dedica un capítulo entero de Alonso, mozo de muchos amos a Segovia, “Cuenta Alonso la jornada de Segovia, y cómo entró a servir a un peraile”. El primer monumento segoviano del que habla Alonso es el sagrado templo de la Virgen de la Fuencisla. Le dice al cura a quien cuenta su vida: “Quedé, señor, en el sagrado templo de la Madre de Dios de la Fuencisla, sagrario edificado en honra de la milagrosa imagen que en sí tiene con limosnas de todos los ciudadanos de Segovia, por tener, con justa causa, particular estima y reverencia con esta sagrada imagen, patrona suya” (304). Alonso prosigue a contarle al cura la historia del milagro de la judía Éster y la Virgen de la Fuencisla. Al hacer público Esther su deseo de convertirse al cristianismo, la población judía de la ciudad la acusó de adulterio, a modo de represalia.
Los acusadores de Esther la sentenciaron a muerte y la llevaron hasta un precipicio de la formación rocosa, con el fin de cumplir la condena. Frente a frente con una muerte segura, Esther dirigió su mirada a una imagen de la Virgen María situada en una de las puertas de la catedral, y dijo: “Virgen Santísima, pues amparas a los cristianos, ampara también a esta judía”. Y cuando sus acusadores empujaron a Esther, para hacerla caer por el precipicio, la Virgen la recogió en el aire y la llevó hasta un lugar seguro. Rebautizada la judía con el nombre de María, los segovianos le añadieron el sobrenombre de ‘del Salto’, para conmemorar el milagroso evento.
Alonso utiliza los adjetivos antigua, leal, noble, y rica para describir la ciudad de Segovia: “Antigua, por haber sido su fundador aquel famoso Hércules; leal, porque fue la primera que a la reina Católica doña Isabel, de gloriosa memoria, entregó sus llaves, cuando otras ciudades estaban puestas en armas con la rebelión de las comunidades; noble, por las muchas casas ilustres de caballeros que tiene…; rica, por tener, como tiene, el trato mejor y de tanto caudal, tan honoroso y necesario como es el de los paños, cuyos hacedores son sin número los que tiene Segovia, gente principal de todas naciones, montañeses, vizcaínos, Gallegos y portugueses” (309).
Luego, Alonso le cuenta al cura que anduvo por la ciudad un par de días, “visitando los conventos y casas de devoción que tiene Segovia admirables, ansí en edificios como en riquezas de religiosos y religiosas, donde se hallan personas de todo virtud, de saber y letras” (313).
Los trabajos de Alonso durante su estancia en Segovia ofrecen detalles sobre la situación económica de la ciudad de aquel entonces. Su primero trabajo es de cardador de lana en un taller de artesano. Después de poco tiempo de cardador de lana, Alonso consigue trabajo en una empresa de paños. Alonso le cuenta al cura la facilidad con la que se encuentra trabajo en Segovia: “Ayudó para esto el decir yo que había trabajado en Córdoba y en Toledo; y decía verdad, aunque por otro camino, pues no sé yo que haya mayor trabajo que estar uno dependiente y sujeto a la voluntad de un señor, por bueno que sea” (316). Alcalá Yáñez reconoce la responsabilidad económica que tienen los padres de familia que trabajan en Segovia cuando Alonso habla de una manera muy extensa sobre la perdición de sus compañeros de trabajo que participan en juegos ilícitos: “Servía yo de predicador; aconsejábales por el mejor camino que podía el remedio de su perdición y mal término, diciéndoles: «Hermanos, tenéis hijos (que por la mayor parte gente pobre carga desta jarcia), y vuestra mujer en esta ocasión, enfadada de los hijuelos, está aguardando el sustento que lleváis ganado para toda vuestra familia, pues después de Dios, vos habéis de ser el que los habéis de alimentar; y ya que no tenéis renta, vuestro sudor ha de ser el que los ha de dar de comer; dejado aparte que echáis a mal en un hora lo que habéis estado reventando muchos días para ganarlo” (318). La visión interior que ofrece Alonso de la fabricación de los paños segovianos se considera una de las más tempranas descripciones del capitalismo preindustrial. El historiador de la economía Felipe Ruiz Martín cita la vida de Alonso para ilustrar tanto el crecimiento económico de Segovia como la evolución económica de España: “no es extraño que en 1625 Alonso confiara hallar, sin tardanza ni apuro, una colocación en cualquiera de las auténticas empresas capitalistas que en Segovia existían, aún florecientes…por entonces no había en Segovia paro de obreros; por el contrario, faltaban” (Ruiz Martín 798).
Dentro de esta historia picaresca ficticia, Alcalá Yáñez, además de escribir sobre los monumentos de Segovia y el carácter de sus habitantes, también nombra a figuras históricas de Segovia. Alonso le habla al cura de Sancho Girón, el corregidor de la ciudad entre 1623-1627: “para honrarle el sobrenombre bastaba, caballero del hábito de Alcántara, ejemplo de corregidores” (311). Inmediatamente después de hablar de Sancho Girón, Alonso habla sobre Diego Cambero de Valverde, el teniente de Sancho Girón: “Persona de tanta cordura y de tan larga experiencia, que con haber habido dos jueces que gobernasen la república, pareciendo ser bastante para la judicature y buen gobierno de ella, el Real Consejo le envió solo a gobernarla y regirla” (311). Después de escuchar las alabanzas sobre Sancho Girón y Diego Cambero de Valverde, el cura exclama: “Con tales sujetos, ¡qué bien no se podrá esperar en Segovia!” (311). Al nombrar a dos políticos verdaderos, Alcalá Yáñez se distancia mucho de la novela picaresca que inició este género, Lazarillo de Tormes (1554). La anonimidad del autor de esta novela se debe a su carácter crítico y tono burlesco de la sociedad española de aquel entonces, sobre todo los representantes de la Iglesia. El espacio urbano es el escenario de las aventuras de Lazarillo, pero no tiene el mismo protagonismo que tiene el espacio urbano de Segovia, que también incluye el Acueducto, la Plaza Mayor y la Catedral, en la novela de Alcalá Yañez.
Otra novela picaresca más conocida donde Segovia figura en primer plano es La vida del Buscón de Francisco de Quevedo. Esta novela de 1626 comienza como otras novelas picarescas empiezan: el pícaro Pablos se presenta a otra persona, “Yo, señora, soy de Segovia”, cuya identidad es desconocida pero suele ser la de una persona de un alto rango social que tiene algo que ver con la vida del pícaro. Las aventuras segovianas más conocidas de Pablos son las que le ocurren durante su etapa escolar (Capítulo II, “De cómo fui a la escuela y lo que en ella me sucedió”). La visión cultural que más destaca es la del día de mercado en la Plaza Mayor durante la celebración de Carnestolendas, el carnaval que se celebraba antes del comienzo de la Cuaresma. Después de nombrarse el ‘rey de gallos’ entre los alumnos de su clase, Pablos, montado a caballo, entra la Plaza Mayor para realizar su deber del rey de gallos: cortar la cabeza de un gallo que cuelga de una cuerda. Al pasar por las mesas donde se venden las verduras, el caballo de Pablos agarra un repollo. El verdulero del repollo da voces que llaman la atención de otros verduleros y algunos pícaros. De repente, Pablos se convierte en el blanco del verdulero del repollo y otros verduleros, quienes le tiran una variedad de verduras: “Yo, viendo que era batalla nabal, y que no se había de hacer a caballo, commence a apearme; mas tal golpe me le dieron al caballo en la cara, que, yendo a empinarse, cayó conmigo en una–hablando con perdón–privada” (Quevedo 75-76). La Plaza Mayor es una de las pocas referencias concretas al espacio urbano segoviano en la novela de Quevedo. Al volver a Segovia en el Libro Segundo de El Buscón, Pablos se emociona cuando ve la ciudad: “En estas pláticas, vimos los muros de Segovia, y a mí se me alegraron los ojos” (134). Durante su estancia en Segovia, se queda con su tío, cuya casa está “junto al matadero” (136). El matadero se situaba en el centro de la antigua judería de Segovia. Esta referencia concreta al espacio urbano de Segovia confirma la condición conversa de la madre de Pablos (Pastor Martín 80-81).
Una tercera novela picaresca que se desarrolla en Segovia es de Alonso de Castillo Solórzano (1584-1647), cuya obra se titula Las aventuras del bachiller Trapaza. Castillo Solórzano nació en Tordesillas (Valladolid), pero elige Segovia, específicamente Zamarramala, para desarrollar las aventuras picarescas de su protagonista: “Tiene la ilustre y antigua ciudad de Segovia entre los lugares de su dilatada jurisdición, al de Zamarramala, que dista media legua della; lugar muy conocido por las buenas natas que en él se hacen, conque adquiere por este regalo fama en las dos Castillas. Ésta fue patria del ridículo asunto deste libro, del héroe jocoso desta breve historia y del más solemne embustero que han conocido los hombres” (Castillo Solórzano 13).
Pedro de la Trampa, el padre de Hernando, el protagonista de la novela, trabaja para un fabricante de paños en Segovia. Olalla, la madre de Hernando, es de Zamarramala y conoce a Pedro un día que vende natas, por las que tenía Zamarramala buena fama, en Segovia. Pedro niega a casarse con Olalla, sin embargo, después de dejarla preñada, y de castigo se encuentra en la cárcel. Poco después, se mata al intentar escaparse y Olalla se queda viuda.
A los quince años, Hernando abandona Segovia para estudiar en la Universidad de Salamanca. La estancia de Hernando en Salamanca dura poco tiempo, sin embargo, porque su intento de ostentar nobleza fracasa cuando un hombre de Segovia le reconoce: “Vos, hombrecillo vil y bajo -dijo volviéndose a él-, ¿no sabéis que soy de Segovia, lugar donde nacisteis, y sois hijo de tan humildes padres que la mayor honra que tuvo el vuestro fue ser peraile, y vuestra madre vendernos natas de Zamarramala, su patria, lugar de pocas casas? … que tengo de decir a la nobleza que en Salamanca estudia, que no sois don Hernando de Quiñones, caballero de Canaria, como habéis publicado, sino Hernando Trapaza, hijo de Pedro de la Trampa y de Olalla Tramoya” (37-38). Después de estar en Salamanca, Hernando viaja a Sevilla, donde le pide a un caballero que se llama don Tomé que le dé trabajo. Don Tomé le pregunta de dónde es, a la cual Hernando dice: “Yo soy de la ciudad de acuñamoneda, forjapaños y críafinísimos hijos” (127). Don Tomé reconoce la ciudad de la que habla Hernando a la vez que se burla de él: “Ya, ya -dijo él-, Segovia, Segovia; refinísimo me parecéis” (127). Para aparentar, Hernando le dice a don Tomé que su apellido es “del Parral”, el nombre del famoso monasterio jerónimo que se encuentra a extramuros de Segovia.
El espacio urbano de Segovia sirve a los tres escritores de una manera distinta. El carácter de la novela picaresca de Alcalá Yáñez se centra más en cuestiones moralizantes. Los típicos episodios picarescos que se encuentran en otras novelas picarescas son castigados. La descripción de Alonso de varias ciudades, incluso Segovia, Toledo y Sevilla, convierte el espacio urbano de estas ciudades en documento social más que el blanco de una crítica social de la inmoralidad de algunos de sus habitantes. Para Quevedo, sin embargo, el espacio urbano de Segovia personifica el deseo del pícaro de ascender de una clase social baja a una más alta. El camino que emprende Pablos en El Buscón empieza en Segovia, una ciudad tradicional de la Castilla la Vieja en la que no se notó el capitalismo del siglo XVI tanto como en otras ciudades de España, como, por ejemplo, la ciudad universitaria de Alcalá de Henares, donde Pablos intenta ganarse la vida antes de volver a Segovia. La función literaria de Segovia en la novela de Castillo Solórzano es parecida a la de Quevedo porque Hernando, igual que Pablos, huye de Segovia porque le recuerda de su origen humilde y es la antítesis de la vida que quiere vivir.
(*) Académico Correspondiente Real Academia de Historia y Arte de San Quirce.
