Casi ochenta años después de la denominada ‘Batalla de La Granja’, uno de los escasos supervivivientes de aquel episodio, Vicente Almudever, ha regresado este fin de semana a los parajes donde pelearon ferozmente los dos bandos de la Guerra Civil. A sus 98 años, él escudriñaba ayer en el paisaje, buscando imágenes coincidentes con las que guarda todavía en su memoria. “Fue un combate difícil, sí; pero no duró muchos días”, señala.
Vicente y su hermano José, aunque nacidos en Francia, vivían en Valencia, de donde eran originarios sus padres, y al iniciarse la Guerra Civil se enrolaron como voluntarios en las Juventudes Socialistas Unificadas, lo que los separó durante unos cuantos años…
Cuando, el 30 de mayo de 1937, el recién nombrado ministro de Defensa de la República, Indalecio Prieto, dio orden a sus tropas de iniciar la ofensiva para la conquista de la ciudad de Segovia, Vicente se encontraba con su brigada en Torrelaguna (Madrid). Recibieron la orden de dirigirse hasta Rascafría. Ya allí, se dispusieron a dormir un rato. “A las cuatro de la madrugada nos despertaron para cruzar la Sierra y entrar en La Granja”, dice. Cuando estaban llegando a su objetivo, al amanecer, los republicanos fueron bombardeados por la aviación enemiga. Vicente asegura que “ya estábamos dentro de La Granja”. Para constatar este último hecho, él cuenta una anécdota, la de que una de las escasas noches que pasaron en La Granja, un camarada suyo fue a buscarle, para que ejerciera de intérprete con dos soldados marselleses, de las Brigadas Internacionales, que se habían perdido por las calles de la localidad. “¡Tenían un susto terrible, pues al principio pensaban que los habían cogido los falangistas!”, relata Vicente.
“Nosotros —insiste el veterano excombatiente— estábamos ya dentro de La Granja, donde no hubo enfrentamientos cuerpo a cuerpo, pero hubo que salir”. Él era conocedor de la estrategia planteada por los mandos republicanos, consistente en realizar una maniobra envolvente que permitiera llegar a Segovia. “Era como hacer una tenaza para conquistar la ciudad, con dos vías de entrada diferentes, pero eso falló”, declara. De acuerdo a las estimaciones del cronista del Real Sitio, Eduardo Juárez, en la ‘Batalla de La Granja’ murieron cerca de 2.500 hombres.
En vista del fracaso de los atacantes, los republicanos debieron, una semana después del inicio de la batalla, replegarse a sus posiciones originales. “Subimos otra vez la Sierra y pasamos al otro lado”, dice Vicente. Él regresó a Torrelaguna, y de allí, a Aragón, para participar en la Batalla del Ebro. Después, la penosa marcha a Francia, pasando por el campo de concentración de Le Barcarès.
Este fin de semana, Vicente y José ha visitado La Granja, en un viaje organizado por la Asociación Francesa de Amigos de los Combatientes Republicanos Españoles (ACER). Ayer, visitaron los campos de batalla del Cerro del Puerco y de la Cruz de la Gallega, y hoy estarán en Segovia capital.
El hermano ‘pequeño’ de Vicente, José (96 años), aprovechó las excursiones de ayer para dar a conocer sus increíbles peripecias durante la Guerra Civil, en diferentes frentes, mencionando un curioso episodio, cuando regresó al pueblo de su padre, Alcácer, causando gran sorpresa entre el vecindario, que le daba por fusilado. Y, a modo de resumen de la Guerra Civil, soltó una frase: “No tuvimos los hombres que hacían falta para dirigir el ejército republicano”.