¿Hay vida realmente ahí afuera? Y en el supuesto de que la contestación fuese positiva, ¿qué tipo de existencia sería? Éstas son algunas de las preguntas que se cuestionan en el Consejo Europeo Austral (ESO) y a las que pretenden responder, de forma más o menos acertada.
El presidente del ESO, Xavier Barcons, señala que una de las actividades en las que trabaja actualmente el organismo es en la búsqueda de vida en el Espacio, un trabajo que, según apunta, «no tiene nada que ver» con lo que la sociedad cree. «Se está buscando algo que ni siquiera se sabe lo que es», pero «no es nada parecido a lo que se conoce en la Tierra», explica Barcons.
El directivo entiende «la expectación» que existe entre la sociedad por el hecho de que se encuentre vida fuera de la atmósfera. «Es un reto el saber que la existencia no es exactamente un accidente, sino que es algo que puede ocurrir cuando se dan las condiciones oportunas, y en consecuencia, es importante saber que la Tierra no es única», señala. Sin embargo, añade que «no se están buscando seres verdes de seis patas», sino «bichitos prebióticos y bacterias» que demuestren que un lugar es apto para la vida.
De hecho, afirma que estas investigaciones no traerán resultados contundentes hasta dentro de 20 ó 30 años: «Antes de que todo eso acontezca, estamos en la exploración de exoplanetas de características similares a la Tierra y que se encuentren en lo que llamamos zona habitable».
Presencia de agua
En este sentido, califica como «un reto en primera fila» el conseguir detectar una Tierra en la zona habitable, con tamaño parecido al planeta y que tenga agua líquida, un elemento que, a su juicio, «se podría conseguir en una década». Además, indica que, antes de buscar vida, «hay que ver si en las atmósferas de los exoplanetas hay trazas de materia biológica a través de la composición atmosférica». En esta línea, explica que la combinación de metano y ozono y la de dióxido de carbono, ozono y agua son «trazados de actividad biológica inequívoca».
Para Barcons, el hecho de «que se encuentre actividad biológica en el subsuelo de la luna de Saturno Europa no quiere decir que el hombre se pueda ir corriendo a vivir allí», manifiesta el experto.
Este estudio es una de las cuentas pendientes de la Astronomía en su lista de objetivos próximos. En este documento también se encuentra la investigación sobre la materia y la energía oscura. Sobre este asunto, el astrónomo atestigua que habrá que «esperar bastante tiempo» para conocer qué son, pero sí señala que en 10 años «se podrá medir con precisión dicha fuerza y tenerla caracterizada», un logro que permitirá avanzar en el estudio de su naturaleza, según indicó el experto.
Del mismo modo, destaca el trabajo que está llevando a cabo el ESO en el análisis de los agujeros negros, un tema que «quizás no llegue tanto a la gente, pero que es de gran importancia».
Según explica el científico, todas las galaxias tienen en su centro un agujero negro gigante, del orden de un millón de veces superior al tamaño de una estrella, que ha ido creciendo a base de succionar materia en sus alrededores por atracción gravitatoria. «La energía que se ha tenido que liberar para formar este sistema en el centro de las galaxias sería capaz de destruir la misma unas 30 veces», recalca Barcons.
