Tienen entre 14 y 18 años y buscan sentir nuevas experiencias a través del medio que sea, sin pararse a pensar en las consecuencias físicas o psicológicas que ello pueda acarrear. Así que, buscando ese algo más, no dudan en consumir un anestésico para tener una sensación extracorpórea o probar distintos hongos con efectos alucinógenos.
Y no son unas docenas o un par de centenares de jóvenes, sino que alrededor de 76.000 estudiantes españoles, de entre 14 y 18 años, ha experimentado con las llamadas drogas emergentes, sustancias que aparecen en el mercado como una novedad.
Este es el dato más destacado del informe que fue presentado ayer por la delegada de Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas, Nuria Espí, quien señaló que las cifras no son «muy preocupantes», por lo que «aún estamos a tiempo de hacer algo».
El estudio pone de manifiesto la dificultad de definir el concepto de drogas emergentes ya que incluyen un grupo amplio, cambiante y muy diverso de sustancias. Además, generalmente no están incluidas en las listas de elementos psicotrópicos o estupefacientes, ya que se trata de productos que están comercializados como sales de baño, bonos para plantas, ambientadores, incienso o anestésicos, pero a los que se les da un uso distinto al original.
Por ello, en muchos casos no son ilegales y acceder a ellas es fácil a través de Internet. De ahí, que las nuevas pautas de consumo «escapen al control de los gobiernos», aseveró Espí. De momento, la Unión Europea ya ha identificado hasta 600 páginas en la red donde se pueden adquirir esas sustancias. Su precio oscila desde los siete hasta los 20 euros el gramo.
Además de las setas mágicas, la ketamina (un anestésico que se consume para tener experiencias extracorpóreas) y el Spice (mezcla de hierbas con un efecto similar al cannabis) son las sustancias emergentes más consumidas entre los jóvenes españoles.
Según el informe, entre un 40 y un 50 por ciento de los jóvenes reconocen no poder atribuir un riesgo determinado al uso de estas sustancias. Según el documento, bajo los efectos de estas drogas se pueden desarrollar conductas agresivas y de riesgo, como conducir de forma temeraria.
Asimismo, los datos indican que la utilización de estas drogas se asocia a los entornos de ocio nocturno, con música y baile.
