El Viveros Herol Nava cumplió ayer la primera de las máximas que ha de respetar si quiere conservar la categoría en la División de Honor Plata, que no es otra que ganar en casa los partidos que tiene señalados en rojo en el calendario. Y el encuentro frente al Academia Octavio formaba, junto con los de Amenábar Zarautz y Cisne, el trío de choques más importantes para el conjunto navero de los que tiene que afrontar en su pabellón.
El duelo por todo lo bajo quedaba establecido de la siguiente manera: si el Viveros Herol lograba la victoria, el Octavio, colista de la categoría, se convertiría prácticamente en uno de los primeros conjuntos en verse casi desahuciado de la pelea por la salvación. Si la victoria caía del lado gallego, el Nava se vería abocado a remar contra una corriente demasiado fuerte como para pensar en positivo. Así, no fue de extrañar que el encuentro no fuera (ni mucho menos) uno de los mejores partidos de balonmano que se han visto en Nava de la Asunción, pero como quiera que la victoria cayó del lado local, y como la victoria es esa manta que todo lo tapa, la afición salió contenta con los dos puntos sumados.
Desde el principio del partido se puso en evidencia que sobre la cancha no se iba a regalar nada, si bien el Octavio salió más ‘caliente’ que un Viveros Herol que de un 3-1 favorable pasó rápidamente a un inquietante 5-7. La defensa gallega no repartía caramelos, siempre con el brazo arriba tratando de intimidar en las fintas locales, mientras que la navera era un poco menos agresiva, lo que propiciaba los lanzamientos más o menos cómodos de los jugadores visitantes.
Senovilla lo vio claro, y antes del ecuador del primer período puso en juego a dos de los jugadores que terminaron siendo decisivos en la suerte del choque. David de Diego puso el cerrojo en su marco, y Alberto Camino serenó el juego ofensivo de un equipo de casa que por momentos parecía no tener unos recursos que el veterano jugador local sí halló en varios momentos importantes del duelo.
De esta manera, el equipo de Nava de la Asunción pasó rápidamente a empatar el encuentro, y posteriormente a adquirir una renta de tres goles, con Bruno Vírseda e Isma Juárez bien servidos de balones para que pudieran afrontar con ventaja el marco de Jorge García, que durante el último tramo del primer tiempo consiguió que su equipo se mantuviera vivo en el partido. Pero como quiera que en la otra portería, ‘Cananas’ hacía lo mismo, al descanso se llegó con un 14-11 que ponía al Viveros Herol Nava a las puertas de poder romper el choque a poco que enlazara varios buenos ataques tras el descanso.
Esa fue la consigna que recibió el equipo en el paso por los vestuarios, y lo cierto fue que los naveros arrancaron el choque de manera fulgurante. Un penalti transformado por Isma Juárez, un latigazo de Dani Simón, y un tanto desde el extremo de Bruno Vírseda, llevaron el partido del 14-11 al 17-11 en apenas tres minutos. Lo más difícil estaba hecho, y ahora ‘solo’ quedaba mantener la renta.
Quiso reaccionar el Academia Octavio, conscientes sus jugadores de que aún quedaba mucho partido para lograr una remontada que en Nava suelen conseguir muy pocos equipos. El conjunto vigués se encomendó a Rubén Figueirido, que entrando con rapidez por zona central ponía en apuros tanto a Carlos Domínguez como a Darío, para realizar el lanzamiento, o bien servir a los extremos, donde Manuel Iglesias y José Ángel Fernández trataban de superar a David de Diego, sin conseguirlo con la asiduidad necesaria como para pensar en superar la desventaja.
Aún así, el Viveros Herol pasó por momentos de un cierto agobio, porque el equipo vivió la ya clásica crisis ofensiva fruto del cansancio. Pero en los momentos decisivos, Camino cogió las riendas, y ‘obligó’ a sus compañeros a seguirle con acierto. El central tomó la responsabilidad de lanzar cuando debía hacerlo, que era cada vez que el Octavio lograba reducir la renta a cuatro goles, y así minimizaba los errores del equipo, que jugó unos últimos quince minutos con más nervios que los cuarenta y cinco anteriores, sumando pérdida tras pérdida, aunque el rival tampoco le iba a la zaga en lo que a errores se refiere. Así, los minutos fueron pasando y la victoria, la importantísima victoria, se quedó en Nava de la Asunción, y se cumplió ese primer objetivo. Dos puntos más, la salvación un poco más cerca, y la moral un poco más alta. El resto, literatura.