Miles de personas se congregaron la Noche de San Juan en la Plaza Mayor para vivir la fiesta a pesar de que el día siguiente era laborable. La animación fue creciendo desde las últimas horas de la tarde y, en el momento en el que se prendió la tradicional hoguera, pasada la medianoche, la afluencia de público era muy alta. La orquesta Mannia, con un variado repertorio y una interpretación más bienintencionada que excelsa de las canciones, consiguió retener a la mayor parte de los asistentes hasta las 2.30 horas de la madrugada, e incluso hubo muchos a quienes supo a poco la verbena y continuaron de fiesta por los establecimientos de la zona.
Con la hoguera, como en años anteriores, hubo un rito purificador, una costumbre moderna, bonita pero sosa. Quien quiso tuvo la oportunidad de arrojar al fuego papeles en los que habían escrito cosas malas que quieren quemar y desterrar de sus vidas, o bien deseos por cumplir, que las dos versiones se dan por válidas en una noche mágica como la de San Juan.
Cuatro integrantes del cuerpo municipal de bomberos ayudaron al cumplimiento de esta especie de catarsis colectiva enviando a las llamas los papeles que caían fuera de la hoguera y también, en buen número, los que directamente les entregaban en mano. Hubo lenguas maliciosas que dijeron que probablemente iba a ser una de las noches en las que más iban a “currar” los bomberos.
Por motivos de seguridad, hace años ya que no se permite que nadie salte la hoguera, ni siquiera cuando las llamas bajan en intensidad, lo que desvirtúa esta tradición, aunque también en este caso hubo comentarios para todos los gustos, como el del señor que dijo que “ya hay mucho quemao con el Ayuntamiento y el alcalde no quiere más este año”.
El resto del día de San Juan trascurrió si pena ni gloria, casi como un día laborable corriente. Ni siquiera los gigantes y cabezudos bailaron una jota en honor al santo.