Señora directora:
En el día 24/02/2019, la periodista Pilar de Miguel, a la que tengo el gusto de conocer de vista y además es prima carnal de mi nuera Marian, describe un pueblecito de nuestra provincia llamado Tabanera La Luenga. No voy a decir nada del pueblo ya que todo está dicho por la pluma de la autora del artículo mucho más indicada de la mía, pero quiero recordar una anécdota muy antigua ya que se remonta a antes de la Guerra Civil.
Tuve un tío llamado Carlos Barroso que casó con la hermana de mi madre que se llamaba Eduvigis Luengo Matesanz. En su juventud ejerció en Madrid la profesión de cobrador de tranvías. Era un hombre sin título alguno pero que le gustaba la lectura y de mutuo proprio se cultivó y adquirió una elemental cultura. Queriendo elevar su estatus social y aprovechando una convocatoria para ejercer de maestro de primera enseñanza, que se hacía en un curso de tres meses y que previo un examen se obtenía el título y se salía de maestro con plaza en una escuela rural. La escasez de maestros en aquella época de la República y anterior, obligaba al Estado a realizar estas convocatorias a fin de cubrir la infinidad de vacantes de maestros que existían en España.
En fin que hizo este cursillo y mi tío Carlos obtuvo el título de maestro y fue destinado al pueblecito de Tabanera de la Luenga. Allí ejerció con gran contento de sus pobladores pero como él había sido republicano no congenió muy bien con el cura párroco de la localidad, pero a trancas y barrancas se fueron soportando. Recuerdo yo que con cinco añitos llegué a estar varios días en Tabanera ya que tenía y sigo teniendo un primo carnal de mi misma edad que se llama Carlos Barroso Luengo con el cual siempre congenié y nos llevábamos muy bien, hasta el extremo que hoy día, ya con una edad provecta, nos seguimos comunicando habitualmente por teléfono.
Pues bien, comenzada la guerra, el bueno o mal cura del pueblo, denunció a mi tío acusándole de propagar ideas republicanas y de no ir a misa habitualmente. Automáticamente le destituyeron y se vino a Segovia a pedir auxilio a mi padre ya que vio peligrar su cabeza y ser fusilado como a muchos otros maestros que fueron denunciados e “ipso Facto” asesinados. Mi padre tenía una cierta amistad con el gobernador civil de entonces, ya que por su oficio de ebanista hacía muebles para el Gobierno Civil y además que era falangista. Se refugió, con mi tía y dos hijos que tenía, Faustino y Carlos, en una vivienda de alquiler en la que residía mi abuela Antonia en la calle de San Francisco, número 56, cuarto piso y allí estuvo mal viviendo con ayuda de mi padre y con el temor de que un día llegasen los “sacamantecas” y le llevasen al Puente Oñez que es donde se fusilaba a los inocentes reos.
El caso es que los buenos oficios de mi padre, le salvaguardaron y a los pocos meses no solo salvo el pellejo sino que le reintegraron nuevamente de maestro en la localidad de Arevalillo de Cega. Allí ejerció durante muchos años. Cuando llegaba la paga mensual aparecía por mi casa con una cesta de huevos protegidos por paja que nos regalaba donde comía con nosotros y después, en agradecimiento, a mí me invitaba a un café en el Café Columba. Recuerdo que un día que era la festividad de San Pedro se quedó con muchas ganas de ir a los toros, ya que era un gran aficionado, sentándonos en el Columba, con la suerte que a nuestro lado se colocaron una joven Lola Flores y Manolo Caracol que sí que fueron a los toros.
Después de muchos años solicitó la plaza de maestro en la localidad de Móstoles, se la concedieron, allí se jubiló y se fue a vivir a Madrid, ya que él era madrileño. Muriendo a la edad de 93 años.
El matrimonio tuvo tres hijos, los ya citados Faustino y Carlos y otro tardío que se llama Laudelino. Estos dos últimos viven y residen en Madrid.
Y ésta es la sencilla anécdota que quería contar al socaire de la descripción que hace Pilar de Miguel de Tabanera la Luenga.
José Luis Salcedo Luengo