Pendiente de que finalice la temporada en la Liga Asobal de balonmano, y se haga oficial su incorporación al banquillo del Villa de Aranda, Álvaro Senovilla es un entrenador satisfecho con el trabajo realizado con el Viveros Herol Nava, al que deja en la División de Honor Plata después de una temporada complicada, y también ilusionado con el reto que le espera en la máxima categoría.
¿Ha sido la que ahora termina la temporada más difícil de todas las que ha pasado como entrenador?
Difícil no ha sido por el tema del trabajo del grupo, aunque sí es cierto que ha tenido su complicación a nivel de resultados y de clasificación. Yo estoy muy contento por lo que me ha dado el equipo, porque hemos tenido que ir variando nuestro juego para encontrar alternativas, y el grupo ha estado muy unido. Ha sido muy fácil trabajar con ellos, porque todos tenían el convencimiento de que por muy difíciles que fueran las cosas, que lo han estado, íbamos a salir adelante. Indudablemente se hacía duro, porque hablamos de gente acostumbrada a ganar. Pero sin duda me quedo con la calidad humana y deportiva de los jugadores.
¿En algún momento de la temporada dudó que se pudiera lograr la permanencia?
Yo soy muy cabezota, y confío mucho tanto en mi trabajo como en la calidad y la seriedad de las plantillas que tengo. Es cierto que cuando no te llegan los resultados que quieres, miras en algún momento hacia atrás y ves que donde pensabas lograr puntos no lo has hecho, por lo que en algún momento surge la preocupación. Pero la confianza en mis jugadores era plena, les conozco mucho, y siempre he confiado en que podíamos sacar esto adelante. A cinco jornadas para el final les dije que debíamos conseguir diez puntos de los diez posibles, y casi lo hemos conseguido, porque hemos sumado ocho.
Y, entre medias de todo, llega la oferta que todo entrenador desea, la de un equipo que juega en la máxima categoría. ¿Qué se le pasa por la cabeza en el momento en el que le llama el Villa de Aranda?
A lo largo de la temporada, yo siempre estoy centrado en mi trabajo, e intento que haya pocas cosas que me distraigan. Es cierto que estas cosas pueden surgir, como les surgen a los jugadores, y siempre son bienvenidas. Cuando te llama algún equipo con una oferta, lo atiendes, y valoras, pero en mi caso siempre he estado centrado en el presente y en sacar el trabajo adelante para que mi club estuviera contento conmigo.
Pues sí pareció que acabó contento, cuando tras el último partido de Liga el plantel de jugadores manteó al entrenador con los aficionados aplaudiendo.
Eso algo muy bonito, y también tremendamente emotivo, porque la figura del entrenador en una plantilla pasa a veces por momentos complicados, en los que tienes que tirar de los jugadores, y en ocasiones surgen diferentes pareceres, y acabas discutiendo, más o menos como sucede en las familias. El Balonmano Nava es una familia, y si a sus miembros les sale de dentro disfrutar manteándome y mostrando de esta manera su satisfacción por el trabajo realizado, a mí me resulta extraordinariamente gratificante.
Hay un dicho que afirma que en el mundo del deporte hay que quedarse con el dinero que ganes, y los amigos que dejes.
Es posible que sea así, pero en balonmano el dinero que ganas no es demasiado. Sí es cierto que conoces mucha gente, y yo, que llevo dieciocho años dedicado a entrenar equipos de balonmano, he tenido la posibilidad de tratar con muchas personas, y con algunas coges mucha afinidad. Las amistades que adquieres en el balonmano suelen ser incorruptibles, y siempre que estás en un sitio, y te muestras implicado en un proyecto, sueles crear vínculos muy importantes.
Aunque en la próxima temporada ya no esté en el equipo, como seguidor del Nava que será, ¿qué tendría que hacer el club para no pasar los apuros de esta campaña que se acaba?
Lo primero, confiar en el trabajo del entrenador que llegue, de cada una de las personas que hacen el trabajo en la directiva, y de la plantilla de jugadores. Esa confianza es clave, y una de las cosas buenas que tiene el Balonmano Nava es que sigue una línea muy clara desde hace tiempo, que es la que le ha llevado a la División de Honor Plata. Todos conocen cómo funciona el club y el equipo, la trasparencia con la que se trabaja, y eso suele ser sinónimo de éxito. Después, hay que estar tranquilos a la hora de planificar la temporada, y dejar trabajar a la gente. Siempre se ha dicho que los clubes son los que perduran, mientras que el resto estamos de paso.
Pero si se va el entrenador, más varios de los puntales de la plantilla, parece claro que ha llegado el momento de la renovación.
En eso ya estará trabajando el club. Está claro que la ausencia de jugadores como David de Diego o Ismael Villagrán, que son de Nava de toda la vida, va a hacer desaparecer dos pilares fundamentales en el desarrollo deportivo del club; Alberto Camino y Carlos Domínguez también son importantes, y han marcado una etapa, pero ahora han puesto su vida en otro camino, con lo que hay que quedarse es con el poso que dejan, con el reflejo en el que los que lleguen pueden mirarse. Vendrán otros, o subirán los chavales de la cantera, que eso lo decidirá el club, y estoy seguro de que lo harán igual de bien, o mejor que los que se van. El Balonmano Nava es un club vivo, que ha seguido una misma filosofía con diferentes entrenadores y jugadores, y saldrá adelante.
¿Qué le puede decir a la afición del Balonmano Nava en la despedida?
Que desde ahora seré un aficionado más. Agradecerles lo unidos que están al club, lo que le apoyan, y pedirles que sigan en esa línea de apoyo y respeto al trabajo tanto del entrenador como de los jugadores.