A lo largo de los más de 130 años de historia de la Caja de Ahorros de Segovia, la entidad se distinguió por el decidido apoyo a la actividad artística y cultural de la provincia, propiciando el patrocinio y el mecenazgo de muchos proyectos y artistas que pudieron desarrollarse gracias a su colaboración. Tras la desaparición de Caja Segovia, la Fundación que lleva su nombre ha querido mostrar al público una selección de las casi 3.400 obras de arte que ha atesorado la entidad en este siglo y cuarto de vida, y que bajo el título «Arte en la Fundación Caja Segovia» puede verse en las salas del Torreón de Lozoya hasta el próximo mes de marzo.
La muestra fue presentada ayer por el representante de la Fundación Caja Segovia, Javier Reguera y por el comisario, Rafael Ruiz, quienes coincidieron en destacar la importancia del legado cultural y artístico de Caja Segovia, así como en reivindicar la labor de mecenazgo y apoyo que desarrolló a los proyectos culturales y artísticos en la provincia a lo largo del pasado siglo.
Reguera recordó que el legado de Caja Segovia está constituido por un total de 3.396 obras de arte de muy diferente signo: pinturas, esculturas, estampas, monedas, vidrios, dibujos, mobiliario, cerámica, libros, fotografías, tapices, porcelanas, etc., destacando, por su elevada cuantía -1.853 piezas-, la producción de artistas contemporáneos fundamentalmente segovianos, que contaron con el apoyo de la Entidad, tanto a través de adquisiciones como de exposiciones y otras iniciativas, lo que hizo de ella «el principal mecenas de nuestros creadores durante el siglo XX».
Así, indicó que buena parte de estos artistas se encuentran hoy en activo, exponiéndose periódicamente sus obras tanto en el Torreón de Lozoya como en otras salas de la ciudad y provincia, de ahí que la Fundación Caja Segovia, queriendo mostrar una parte significativa de esta colección haya preferido optar por hacer visible la obra de artistas ya desaparecidos, dado que ésta ha estado ubicada en lugares poco accesibles para el público en general: dependencias no visitables del Torreón de Lozoya, despachos, salas de reuniones y almacenes, abarcando un periodo cronológico que comprende desde el siglo XV hasta mediados del XX.
Así también manifestó que el objetivo de la exposición no es únicamente dar a conocer una parte significativa de este patrimonio u ofrecer al goce sensitivo una serie de piezas artísticas destacadas del mismo, sino proponer un recorrido temático en el que muestra al visitante las diferentes posiciones intelectuales y estéticas que han mantenido los artistas representados en la exposición a lo largo de siglos.
Por su parte, Rafael Ruiz desmenuzó los contenidos de la muestra, organizada en torno en varios apartados que recorren el paisaje, el arte sobre papel, la figura, la imagen religiosa, el bodegón y el libro y la ilustración. En el apartado de paisaje, Ruiz destacó las obras de autores como Núñez Losada, el segoviao Pérez de Castro o los paisajes de Ignacio Zuloaga, Regoyos, García Lesmes o Eduardo Vicente.
La muestra tiene también una importante selección de grabados y estampas, en las que se recrean espacios de otras épocas, retratos o alegorías artísticas, con autores de la talla de Lopez Enquidanos, Castro Gil, Eugenio de la Torre Agero o Jesús Unturbe.
En el apartado de la figura, Rafael Ruz destacó la presencia en la muestra de figuras anónimas de autores como Eduardo Chicharro, o de próceres locales creadas por la mano de artistas como Emilaino Barral, Daniel Zuloaga, Aniceto Marinas o Pharamond Blanchard.
La imagen religiosa tiene una gran presencia en la exposición, con una amplia selección de valiosas obras en su mayoría anónimas de los siglos XV al XX, destacando dos esculturas flamencas de finales del Medievo -la Virgen con el Niño y una Sibila-, un crucificado de plata, vaciado según un modelo perdido de Miguel Ángel, un magnífico San Francisco en oración del siglo XVII, «La huida a Egipto» de Vicente López, y alguna curiosidad como una reliquia de Santa Margarita Cortonea.
Aunque en relación con el libro, la actividad más reconocida de Caja Segovia fue la editorial, también este universo es uno de los aspectos interesantes de la Colección.
La pieza más antigua es una edición de 1566 de la obra titulada «Acerca de la Materia Medicinal y de los Venenos Mortíferos» de Pedacio Dioscórides Anazarbeo, traducida y anotada por el doctor Andrés Laguna, y destacan también las dos ediciones de la «Historia de la Insigne Ciudad de Segovia» de Diego de Colmenares: una, impresa en Segovia en 1637; la otra, realizada en Madrid tres años más tarde.