El impacto de las tensiones comerciales en la evolución de la economía de la zona euro acaparó la atención durante buena parte de la última reunión del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE), que revisó a la baja por segunda vez consecutiva sus previsiones de crecimiento para la región, según reflejan las actas del encuentro.
En su reunión, celebrada en Fráncfort los pasados días 12 y 13 de septiembre, el BCE revisó una décima a la baja su pronóstico de crecimiento de la zona euro en 2018, hasta el 2%, cuando el pasado mes de marzo lo había situado en el 2,4%.
“Las revisiones fueron en su mayor parte atribuibles a una contribución más débil de lo anticipado del comercio, reflejando las revisiones a la baja de la demanda externa y un tipo de cambio del euro más fuerte”, explican las actas.
“En este contexto, se comentó que algunos de los factores tras estas revisiones podrían no ser de naturaleza completamente transitoria”, recoge el documento de la reunión, donde se debatió que asumir que las cuotas del mercado para las exportaciones de la zona euro durante el horizonte analizado “podría considerarse un escenario bastante benigno”.
En este sentido, también se comentó durante el encuentro de banqueros centrales de la zona euro que la debilidad de la demanda externa podría producir efectos derivados significativos sobre la demanda doméstica, advirtiéndose también de que no existe certidumbre de que en el futuro el impacto en la inversión siga siendo limitado como hasta la fecha.
Por su parte, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, expresó la necesidad de que los líderes mundiales trabajen en corregir las deficiencias del sistema internacional de comercio en vez de destruirlo.
De este modo, entre las prioridades de los líderes políticos mundiales, la ex ministra francesa señaló la importancia de “trabajar juntos para desescalar las actuales tensiones comerciales”, añadiendo que existe un claro “apetito” de expandir y mejorar el comercio.
“En segundo lugar, necesitamos unir nuestras manos para arreglar el sistema global de comercio en vez de destruirlo. Arreglarlo, no destruirlo”, apuntó Lagarde como segunda prioridad, añadiendo la necesidad de revisar las políticas de subsidios estatales, así como mejorar la aplicación de las reglas de protección de los derechos de propiedad intelectual y adoptar las medidas oportunas en materia de competencia para contrarrestar posiciones dominantes en los mercados.
Asimismo, la directora gerente del FMI señaló como tercera prioridad el trabajar para garantizar que las mejoras en el comercio tienen un reflejo efectivo en la vida de las personas, advirtiendo de que en este apartado es necesario que los organismos internacionales colaboren a nivel doméstico.
“El comercio contribuye a transformar el mundo”, defendió Lagarde, destacando que permite impulsar la productividad y la difusión de nuevas tecnologías que hacen más asequibles los productos.
