Natural de Bercimuel, Felipe Fernando Tomé Moreno presume de segoviano y tiene dos casas en su pueblo a las que acude menos de lo que le gustaría pero, junto con sus cuatro hijos y sus familias,
disfruta de tierras segovianas en vacaciones y también muchos fines de semana. Fundador y consejero delegado del Grupo F. Tomé, el principal grupo español de concesionarios de vehículos, no olvida su origen rural, su formación en el Ejército durante el servicio militar, donde llegó a alférez, su carrera en Citröen España y el acierto de lanzarse a emprender sumándose a una sociedad exitosa.
Hablar con Fernando Tomé es aprender. Segoviano de pro, aunque su negocio se haya extendido sobre todo por la vecina Comunidad de Madrid, es una persona seria, como buen castellano, pero de trato agradable, que mira a la crisis con recelo pero no duda en asegurar que hay que seguir adelante porque es “de los que no tiran la toalla”.
La Federación Empresarial Segoviana (FES) le entregará el próximo viernes uno de sus Premios Empresariales, el de Segoviano de mayor proyección exterior, en un acto al que asistirá acompañado de familiares y amigos.
¿Cómo ha recibido la noticia de este galardón?
El premio sencillamente me ha parecido fantástico y he recibido la noticia con una ilusión desmedida, aunque realmente supongo que habrá más segovianos que pueden tener más méritos que yo. Tengo mucha ilusión y orgullo por este premio.
¿Qué relación mantiene con Segovia?
Aunque no voy todo lo que me gustaría tengo dos casas en Bercimuel, una que heredé de mis padres y un chalet adosado que compré después porque tengo cuatro hijos y con los nietos ya era necesario más espacio. Vamos sobre todo en vacaciones y muchos fines de semana porque soy segoviano y ejerzo de segoviano.
¿Le ha ayudado en su negocio el carácter recio castellano, de Segovia?
Creo que es una ventaja, no solo para llevar un negocio, también como empleado. El carácter segoviano es serio, frío, ponderado, de valores tradicionales. Es el carácter de gente que lucha muchísimo, que ha surgido de abajo y eso marca la personalidad por la ilusión por mejorar y no bajar la guardia. Conozco muchos segovianos que están en Madrid, dueños de restaurantes, de distintos tipos de empresas, etc, y a todos les caracteriza ese forma de ser y la modestia, el no terminar de creerse del todo lo que son capaces de hacer, lo que están haciendo.
¿Cuál ha sido el camino recorrido para que un joven de Bercimuel haya conseguido regentar una empresa líder en su sector y con una facturación importante?
Nací un 2 de enero en Bercimuel con mucho frío y muchos problemas, porque las mujeres daban a luz entonces en unas condiciones muy diferentes a las actuales. Pero conseguí sobrevivir y, al tiempo que ayudaba a mi padre en las tareas del campo estudié el Bachillerato; nos daba clase el mismo maestro de Bercimuel y luego nos examinábamos en Segovia. De joven conocí y usé la hoz para segar, el arado romano o los trillos de Cantalejo. Luego me marche voluntario al servicio militar a los 18 años y allí hice la carrera de oficial, estudiando; primero fui cabo, luego cabo 1º, sargento y alférez en el campamento de La Granja. Esos dos años de formación me sirvieron para conseguir un salvoconducto de persona buena, fiel y seria. Con 21 años entré en Citröen, como vendedor, y allí hice la carrera profesional. Con el tiempo pasé a ser jefe de grupo, después a jefe de ventas, gerente, jefe de zona y director regional de la zona centro, donde tenía cuarenta concesionarios a mi cargo. Finalmente, cuando ya pasaron una serie de años, sentí las ganas de pisar el albero en lugar de ver los toros desde la barrera. Formé una sociedad con otros dos socios y aquí estamos, con más de 50.000 clientes, una facturación anual de 130.000 euros y 240 empleados.
Supongo que no habrá sido tan fácil como resumirlo.
Ha sido a costa de mucho esfuerzo. Cuando fundamos la sociedad, a finales de los años ochenta, era directivo de Citröen y tenía cuatro hijos. Asumí el riesgo y, además, nos tocó vivir la crisis de los noventa, pero salimos adelante. Ahora estamos pasando por otra crisis todavía peor, más dura, pero soy del tipo de personas que no pierde la ilusión, de los que no tiran la toalla.
