Segovia tiene poca memoria, deportiva y de la otra. Anestesiada como está una ciudad en la que el tiempo parece que no pasa, sino que solo se pasea, el gris de la rutina acaba tiñendo los mejores recuerdos, como los que hace no tanto tiempo proporcionó el argentino/segoviano Matías Lucuix vistiendo la camiseta del Caja, cuando el equipo era referencia en el fútbol sala, y el Pedro Delgado se llenaba de aficionados, que se declaraban incondicionales del club de sus amores, pero que en la tarde de ayer prefirieron quedarse en casa (o donde quisieran, que para algo esto es un país libre) antes que subir al pabellón para dedicarle un aplauso a un jugador que, tras Daniel Ibañes, ha sido el de más calidad que ha vestido la camiseta del equipo que representaba a la ciudad.
Si aquellos que se declaraban ‘incondicionales’ del fútbol sala hubieran subido al pabellón (¿se acuerdan de la mejor afición del mundo?), Matías se habría sentido más arropado, aunque todos y cada uno de los que sí poblaron las gradas, poco más de medio millar, estuvieron un buen tiempo de pie para agradecer a su jugador lo que ha hecho por este deporte. Pero, además, si esos ‘incondicionales’ verdaderamente lo fueran de verdad, es más que posible que el Naturpellet hubiera recibido el aliento que necesitaba para doblegar a un Gran Canaria que llegó al pabellón a hacer su partido, y se encontró con la victoria cuando peor lo pasaba.
Porque el Naturpellet Segovia, que pretende ser el heredero de aquel Caja a base de intentar hacer las cosas bien y no llegar donde no puede, hubiera necesitado ayer el aliento de su afición, para haber culminado una remontada espectacular ante un rival que, en una primera parte muy seria, había logrado marcar tres goles y sembrar el pánico en un conjunto segoviano que no encontraba la forma de hincarle el diente a una presión intensa en toda la pista que hacía inútil cada intento ofensivo local. Pero ya se sabe que, en el Pedro Delgado, el aliento no se regala, sino que se gana.
Diez minutos tardaron los de casa en probar al portero Igor, con dos remates de Mejías y Chus a los que el guardameta visitante respondió con mucha solvencia. Poco más tarde, el Gran Canaria golpeaba dos veces casi seguidas, con un tanto de Pepe después de hacer un dos para dos en banda que dejó al hábil jugador canario en el mano a mano con Mordi, y otro de Chus en propia puerta cuando trataba de evitar el gol visitante tras un envío al segundo palo.
El 0-2, que llegó en un santiamén, puso al Naturpellet contra las cuerdas, y el tercer tanto del Gáldar, con Pepe haciendo de estilete en el primer contragolpe claro de los canarios, puso a los locales directamente en la lona. Con el pabellón casi en silencio, el equipo de Diego Gacimartín trataba de recuperarse del golpe a base de tener el balón, algo que consiguió gracias en buena medida a que el Gáldar optó por retrasar unos metros, refugiándose en media cancha a la espera de más contragolpes.
Pero lo que hizo el conjunto canario fue dar un respiro al Naturpellet, que de la mano de Chus, Mejías y Alex Fuentes comenzó a controlar la pelota con más tranquilidad, con Buitre percutiendo cuando la ocasión lo requería. Tardó en encontrar sus señas de identidad el equipo de casa, pero cuando lo logró, chutó más a portería en los últimos noventa segundos que en los dieciocho minutos y medio anteriores.
Un gol de Buitre, y varios remates claros que Igor evitó con buenas intervenciones, dejaron la sensación al descanso de que el encuentro era remontable en el segundo tiempo.
Y durante algunos minutos de la segunda parte dio esa sensación sobre la cancha, porque el Naturpellet salió con las ideas más claras, el Gran Canaria tuvo menos fortuna en sus remates a portería, contando hasta cuatro lanzamientos a los palos, y aunque Igor le rechazó un penalti a Buitre, no pudo evitar que en un par de minutos, Pepe en su portería, y Chus después de un lanzamiento lejano, en el único error achacable al portero canario en todo el choque, situaran el 3-3 en el electrónico.
Pero… hasta ahí le duró la gasolina al Naturpellet. En temporadas anteriores, esa gasolina la ponía el aliento de dos millares de gargantas, pero en esta ocasión había bastantes menos seguidores en el pabellón para meter presión. Así que el Gran Canaria, ante la apuesta de lanzar el partido a tumba abierta que propuso su rival, decidió aceptar el envite, y subió su línea de presión, y su intensidad, de tal medida que acabó asfixiando a los de casa.
En el enésimo balón perdido de los locales en media cancha, porque en esta segunda parte se pecó de un cierto individualismo en los jugadores del Naturpellet, Víctor Salado colocó el 3-4 en el marcador, y abrió las puertas del abismo a los segovianos, que quisieron lanzarse de nuevo al ataque, y se encontraron con otro gol, obra de Julio en otro contragolpe, que dejó el partido más que muerto.
El sexto tanto del Gran Canaria, con la firma de Bingyoba cuando Diego Gacimartín ya había quemado las naves poniendo a Dani Mejías como portero-jugador, fue más testimonial que efectivo. El Naturpellet vive sus horas más bajas en la Liga, curiosamente cuando empieza a recuperar efectivos, y aprieta los dientes esperando tiempos mejores, en los que se vuelvan a ganar partidos, y el pabellón vuelva a llenarse de ‘incondicionales’. Porque seguidores de los buenos, de los de verdad, sí tiene, pero no tantos.