La poesía, afirma Juan Carlos Mestre —Premio Jaime Gil de Biedma en 1992 y Premio Nacional de Poesía en 2009—, poco tiene que ver con esos bellos textos que se encuadernan en los llamados libros de poesía. A su juicio, es otra cosa, muy diferente, abierta a múltiples definiciones. “La poesía es un proyecto espiritual”, asegura. “Es un manera de estar en el mundo”, agrega. “Es el lenguaje de la delicadeza humana”, continúa, en un intento de enseñar a sus interlocutores qué es. Y no tiene duda de dónde se encuentra. No en un papel. Ni siquiera en un gran libro. “La verdadera poesía está en el alma humana”, sostiene.
Mestre intentará explicar su experiencia en poesía a los alumnos de Bachillerato de los diez institutos de la provincia, en un ciclo denominado “Una casa para la imaginación” que se prolongará durante casi un mes, desde ayer al 19 de diciembre.
Desde la Diputación, entidad organizadora del ciclo, la pretensión es la de “estimular a los destinatarios el gusto por la lectura de poesía”. Al menos así lo indicó ayer su presidente, Francisco Vázquez, quien insistió en que la institución quiere “acercar la poesía” a los estudiantes de Bachillerato, de forma que esos recitales los impulsen a convertirse en “constructores de palabras”. El presupuesto de esta actividad cultural ronda los 9.000 euros.
En realidad, el ciclo “Una casa para la imaginación” no es nuevo. Supone reeditar una experiencia que ya lideró Mestre hace varios años en centros educativos segovianos. “Aquello fue inolvidable”, declaró ayer el poeta, que ahora, cuando la Diputación ha vuelto a llamar a su puerta para repetir el ciclo no ha tenido “ninguna duda” en aceptar.
Convencido de las bondades de la escuela pública, universal y gratuita, Mestre se toma el nuevo ciclo como una oportunidad para contribuir a “retomar los valores de la poesía”, como conciencia ética y moral de la sociedad, conectando de este modo con la filosofía de la recordada Institución Libre de Enseñanza, con Giner de los Ríos a la cabeza. “Me parece estupendo llevar a quienes generan pensamiento a espacios de encuentro, como son los institutos”, indica. Él entiende que, a diferencia de otros actores de la sociedad, los poetas son los encargados de “producir sueños”. “Estamos para iluminar el camino a los náufragos, a los errantes, a los que tienen sueños”, sostiene.
Preguntado si la poesía interesa a la juventud de hoy, Mestre no alberga duda. “He visto aulas enteras que vivían en la poesía”, dice. Eso sí, no se refiere a esa poesía presa en una página, sino a otra poesía intangible. “Poesía no es leer sonetos”, insiste.
En los recitales —si es que así de pueden llamar— que llevará a cabo en los diez institutos segovianos durante el próximo mes, este poeta leonés promete no hablar de gramática ni estructuras linguísticas (“eso queda para los profesores, a los que no pretendo suplantar”, dice), sino ir a algo mucho más profundo, al alma de los estudiantes. Por eso, la puesta en escena variará de un centro educativo a otro. No hay prevista una escaleta de la representación. “Dependerá del espacio”, anticipa Mestre. De lo que no hay duda es de que él tratará con sumo mimo el lenguaje, en cumplimiento a su enésima definición de poesía, como “el cuidado de las palabras cotidianas”.