El carnaval segoviano en el que mejor se pueden rastrear los orígenes medievales de esta fiesta, el de Arcones, hizo de nuevo disfrutar la tarde del ‘Domingo Gordo’ a los vecinos de la localidad. Las “vaquillas” y los “tripudos”, los dos personajes más representativos de la jornada, volvieron, un año más, a hacer acto de presencia. Numerosos vecinos y curiosos esperaban la aparición de la comitiva, sin importar ni el frío reinante ni la nieve que amenazaba con cubrir todo el pueblo.
Las “vaquillas” son dos estructuras de madera lo suficientemente amplias como para albergar a uno de los mozos de la localidad —en los últimos años, también mozas—,y en cuya parte delantera se coloca una cornamenta de res. Tradicicionalmente, las dos “vaquillas” se decoran con mantones de Manila. En la comitiva caravalesca también van los “tripudos”, embutidos en enormes sacos de pita viejos que se rellenan con paja (antiguamente, con helechos secos).
Lo que procede a continuación es la llamada “corrida”, en la que las “vaquillas” embisten a los “tripudos”, que caen entonces pesadamente al suelo. La costumbre dice que el acto concluye con dos disparos, símbolo de la muerte de las “vaquillas”. Significativamente, después del rito de pasaba a beber vino, que era “la sangre de la res muerta”.
Etnógrafos como Julio Caro Baroja afirman en sus investigaciones que las “vaquillas” de carnaval llegaron a ser muy corrientes en el centro de España. Además, el rito se ha documentado en diversos países hispanoamericanos, suponiéndose que por influencia de los colonizadores españoles.
El carnaval de Arcones, a pesar de las modificaciones de los últimos años, ha logrado mantenerse, conservando sus principales señas de identidad. Y así, recrea cada ‘Domingo Gordo’ un espectáculo digno de contemplar.