El viernes el XVI Festival de Narradores Orales de El Espinar cerró su edición de este año, con Emilio Pascual en el Centro Cultural de San Rafael. Sin embargo, aunque esta última sesión del festival gustó mucho, lo cierto es que es difícil considerarla propiamente como narración oral. De hecho, la intervención de Emilio Pascual es un ejemplo de los sutiles límites de la narración oral, pues su intervención contiene muchos elementos de esta pero no llega a serlo plenamente, quizás sea una “protonarración oral”.
El material utilizado, El Quijote, tiene doble filo: es un texto maravilloso con gran carácter oral, sobre todo en la forma en que los personajes se cuentan sus vidas y andanzas entre sí; pero por otra parte, al ser un texto alejado en el tiempo y reverenciado es fácil caer en el continuo comentario y en la explicación. Pascual se movió por los dos filos: contó algunos episodios concretos y comentó y explicó cuestiones más generales y estructurales. Con una fuente como El Quijote el mayor problema es hacer la selección de lo que se quiere mostrar al público, y ahí el entusiasmo y el amor por la obra cervantina juegan en contra, pues se quiere contar además de lo que es, lo que se sabe, lo que significa y lo que despierta en uno mismo.
Y para contar todo esto, Emilio Pascual contaba con un arma infalible: su memoria, pues en ella retiene todo el texto cervantino lo que permite ceder su cuerpo y su voz -porque realmente lo cede- al narrador o a los personajes. Y en esos instantes hay auténtica magia: oímos a Cervantes y vemos sus criaturas, saboreamos su estilo, bebemos sus palabras como algo
fresco, nuevo. Porque Pascual sabe narrar muy bien, una clara dicción, una voz potente que cambia sus tonos para pintar a los diferentes personajes en un diálogo, algún que otro movimiento para acompañar… Y cuando esto ocurre, atrapa. Pero esto solo sucede cuando confía en la propia historia y solo deshace los tuertos que dificultan verdaderamente la compresión.
La ventaja de contar con un hombre como él en una sesión dedicada a Don Quijote de la Mancha, es que su mirada sobre los materiales siempre aporta algo más, como la interesante reflexión sobre como los atentos oyentes también son lectores si oyen leer aunque ellos mismos sean analfabetos. Si esto es así, aquellos que escuchan narrar El Quijote de memoria también lo son, por lo que el viernes, en San Rafael, hubo más de ochenta personas leyendo El Quijote a la vez.
Así, una vez finalizado el festival, solo queda esperar que el próximo año recupere alguno de sus días cercenados a lo largo de los últimos años, pues el buen hacer de su coordinador Ignacio Sanz, y el apoyo institucional del Ayuntamiento de El Espinar han dado en crear uno de los Festivales más longevos e interesante del circuito español.