La Gimnástica Segoviana se ha instalado en la excelencia, al menos en lo que se refiere a los partidos de casa. Da igual que su oponente coloque el autobús en torno a su portería, que le juegue al fuera de juego, que le presione la salida del balón haciendo un derroche físico digno de elogio, o que trate de quitarle la pelota intentando minimizar su poderío ofensivo, que al final el rodillo gimnástico terminará imponiéndose, y son muy pocos los que en la primera vuelta de la competición han podido frenarle.
Ayer, un buen equipo como es el Almazán, perfectamente trabajado, coordinado en todas sus líneas y con las ideas claras acerca de cómo poner en problemas a la Segoviana, terminó como terminó el Bupolsa hace un par de jornadas, o el Zamora hace algún partido más, rindiéndose ante la superioridad de un rival que tiene juego y fútbol como para (sin ser líder aún) sí haberse convertido en una referencia de la categoría, y el conjunto del que afirman los entrenadores rivales que está un punto por encima de los demás.
Aunque el final fue el mismo que el de partidos anteriores, el desarrollo del encuentro que se disputó en un irregular campo de La Albuera fue muy distinto. El Almazán salió al terreno de juego muy activo en la presión, intentando cortocircuitar el centro del campo gimnástico, y apretando en las acciones a balón parado. Tanto es así que durante el primer cuarto de hora de partido el balón rondó en más oportunidades la portería de Facundo que la del guardameta del equipo soriano, Andreas. Otra cosa es que el Almazán chutase a portería, porque salvo un remate muy forzado de Diego Antón, y un cabezazo de Roberto desviado, no hubo más remates sobre el marco segoviano… en todo el choque.
Llegó la tormenta Alrededor de quince minutos fueron los que tardó la Segoviana en comprender que lo que requería el partido era mover el balón con la mayor velocidad posible para evitar que el Almazán pudiera realizar la presión de manera adecuada. Manu y Quino fueron quienes dieron toda una lección en ese aspecto, dinamizando mucho el juego y mostrando el camino tanto a Dani Calleja como a Fernán, que tardaron un poco más en entenderlo, pero que en cuanto lo hicieron convirtieron la orquesta azulgrana en una sinfonía de acciones ofensivas.
Pero antes de que la orquesta desarrollase la partitura que Abraham García había dispuesto, Dani Arribas ejerció de solista a la salida de un córner, rematando en el primer palo un centro preciso que un defensa no pudo sacar pese a su acrobática acción. La Segoviana se colocó con un gol de ventaja haciendo bueno el trabajo de laboratorio de Iván Yubero, y así pudo trabajar el partido con la tranquilidad suficiente.
Calificar la primera parte de recital podría resultar exagerado si se tiene en cuenta que al descanso se llegó con el marcador de 2-0, pero es que en ocasiones no se necesitan goles para que el fútbol se convierta en un espectáculo, como el que dieron Javi Marcos y Anel en el eje de la defensa, impecables en el corte y anticipándose a sus oponentes; o como el que ofrecieron Guille y Rubén en los laterales, siempre apoyando la acción ofensiva; o el de un Manu impecable, encontrando en todo momento al compañero mejor situado (que casi siempre era Quino); o el de Kike y Dani Arribas, verticales y generando peligro; o el de Calleja y Fernán, que se inventaron el segundo tanto local en un envío en profundidad del ‘10’ azulgrana hacia el desmarque de ruptura del gallego, que sin dejar caer la pelota la elevó de primeras y con el exterior ante la salida de Andreas. Un golazo con todas las letras.
Más ocasiones Hubo más oportunidades para marcar, como una de Rubén que empalmó desviado desde el pico del área pequeña; otra de Kike, cuyo envío al segundo palo fue enviada a córner por un defensa cuando un compañero se disponía a marcar a puerta vacía, o un par de ocasiones de Dani Arribas, que se perdieron por un exceso de generosidad. Y lo mejor para el aficionado fue que todas ellas, salvo el último mano a mano del delantero azulgrana, llegaron a través de acciones colectivas de mucho mérito. Normal que al descanso se llegara con una ovación de los aficionados.
El planteamiento gimnástico para la segunda parte pasaba por marcar un gol que sentenciara el choque, para poder bajar paulatinamente el ritmo y guardar fuerzas de cara al encuentro del próximo domingo ante la Cebrereña. Pero el Almazán no estaba por la labor, y obligó a los de Abraham García a continuar jugando al cien por cien, llegando incluso a restarle minutos de posesión, aunque sin apenas profundidad.
Era el momento de buscar los espacios que dejaba en su presión el rival, y Dani Calleja fue quien mejor los encontró por la banda de un agotado Huete, al que Lobera ya no ayudaba en defensa. El centrocampista amagó en dos ocasiones, y en la tercera fue el autor de la jugada que dio origen al penalti (claro) cometido sobre Kike, y que el propio Calleja se encargó de transformar poniendo el balón en la escuadra.
El 3-0 en el ecuador de la segunda parte acabó con la emoción del partido, aunque el Almazán siguió corriendo y corriendo detrás de un balón que tocaban y tocaban los jugadores de la Segoviana. Alfonso y Domingo pusieron oxígeno en el centro del campo, Ivi buscó su premio en el ataque, y el cuarto tanto llegó gracias a la calidad de Kike, y a la ambición de Guille, que después de una buena paliza aún tuvo arrestos para llegar a poner un regalo en forma de balón en la cabeza de Alfonso, que remachó sin oposición el 4-0. La Segoviana ganó, gustó y volvió a evidenciar que actualmente es el equipo más en forma de toda la competición.
