Con apenas 18 años, Samia Yusuf, una modestísima atleta somalí vivió el sueño de participar en unos Juegos Olímpicos en Londres 2008, compitiendo con deportistas de otros países en la modalidad de 200 metros lisos. Sin apenas preparación, la joven velocista llegó en el último lugar muchos segundos después que sus compañeras, pero el esfuerzo realizado no pasó inadvertido para el público que presenciaba la prueba, que le recompensó con una ovación que sonó en sus oídos a victoria. Años más tarde, la ilusión por mejorar como atleta le llevó a embarcarse en una patera con la que intentó alcanzar las costas italianas con el deseo de encontrar un preparador, pero en este caso la fortuna no le fue propicia y murió junto a muchos de sus compañeros en el infructuoso intento de lograr un futuro mejor.
Con esta historia, la compañía La Increíble» ha creado una atractiva propuesta teatral en la que bajo el título «La increíble historia de la chica que llegó la última» cuentan una historia de «luchadores por la vida» que trata de difundir un mensaje positivo de superación ante las dificultades. Esta obra de teatro podrá verse mañana viernes en la sala Ex.Presa de la Cárcel (21,00 horas) en el marco del ciclo «Vamos al teatro» organizado por Titirimundi.
Para presentar la obra, la directora María Folguera y los actores Anahí Beholi, Dnoe Lamiss, Antonio R. Liaño y Juan Carlos Muñoz eligieron el Acueducto como escenario en el que con sólo cuatro sillas mostraron una breve pincelada de una obra que da la vuelta al drama de la historia real para transformarla desde la comedia en «un canto al optimismo y la alegría», según explicó su directora. El montaje teatral tiene una estructura muy básica en la que la escenografía cede su importancia a «la palabra y la imaginación», según explicó la directora, de manera que a través de las sillas el público «puede trasladarse desde el estadio olímpico hasta el corazón del sueño europeo». Así, en la hora y media de la función, los actores hacen u importante esfuerzo por encarnar no sólo los distintos papeles, sino por ambientarlos a través del gesto y la palabra.
Para Folguera, el mensaje de la obra no es otro que el de trasladar «la importancia de luchar contra los miedos y los monstruos cotidianos, sabiendo que la voluntad puede vencerlos».