Pronosticar con días de antelación si la fiesta de los gabarreros tendrá éxito no encierra gran misterio. Basta con analizar dos variables: el tiempo y el programa de actos. Si las previsiones meteorológicas auguran sol, El Espinar se llenará de turistas. Y si, encima, los organizadores aciertan a confeccionar y promocionar un programa atractivo, miel sobre hojuelas.
El invierno, largo y áspero, casi agotado, dejó ayer paso a un día espléndido, de sol radiante, pregonero de la inminente llegada de la primavera. Un día invitador a salir de casa e ir a dar una vuelta al campo. Así reaccionaron muchos madrileños. Y, a las once de la mañana, hora de comienzo de los espectáculos propios de la fiesta de los gabarreros en San Rafael, una interminable caravana de vehículos fluía por su avenida. “Lo que más influye en esta fiesta es el tiempo, más incluso que la crisis económica”, aseguraba Isabel Codina, del Centro de Iniciativas Turísticas (CIT) de El Espinar. Quienes con ella departían eran de su misma opinión. La afluencia de público estaba, pues, asegurada.
Las actividades previstas no diferían en demasía de las de otros años. “Queremos que siga siendo una fiesta tradicional, aunque, eso sí, aportando poco a poco novedades”, explicaba Codina. Con esa filosofía, el CIT pretendía seguir apostando por las exhibiciones consolidadas, pero introduciendo otras nuevas, de técnicas actuales de transformación de la madera.
Lo realmente novedoso de 2014, más que el programa en sí, ha sido la publicidad dada al evento, con una llamativa presentación de la fiesta en la Plaza Mayor de Madrid, el pasado 28 de febrero. La repercusión de ese acto ha sido “impresionante”, según Codina. La emisión de reportajes en los telediarios nacionales sobre esa acción promocional ha proporcionado energía extra a los organizadores de la fiesta. “Madrid nos ha dado alas”, sostenía Cipriano Dorrego, “nos ha animado; este año tenemos un plus de empuje”. Con esa ilusión, los gabarreros presentaron sus poderes.
Las dulzainas y los tamboriles atraían al público hasta punto de partida del espectáculo. Para empezar, se taló un pino seco de unos 15 metros de altura. Jorge Bunes se aupó con agilidad hasta la copa del árbol y, allí, procedió a descogutarlo, esto es, cortar la parte más alta. Bajó luego veloz, dejando paso a otros gabarreros, más veteranos, para que talaran el pino. Fue en un santiamén. Un par de hachazos fueron suficientes para hendir en el tronco una cuña. El tronzador hizo el resto. Un gran estruendo acompañó la caída del pino…
Como otros años, se cargaron caballos con leña. Y se preparó a los mulos para que arrastraran pesados pinos. En alegre comitiva, al son de música de la tierra, partió el desfile, hasta la Plaza de Castilla. Allí, más exhibiciones. No faltaron de corte de leña, a cargo de veteranos gabarreros y, también, de jóvenes espinariegos.
Aunque todo parecía igual a anteriores ediciones, no lo era. Este año, por primera vez, la motosierra, tuvo presencia en la fiesta. ¿Por qué ocultar su utilización en las labores del monte?. Un joven gabarrero madrileño se encargó de demostrar que con una motosierra también se puede esculpir una obra de arte. Por otra parte, los organizadores idearon un sorteo de una paletilla entre los asistentes vestidos con el traje típico de segoviano. Y, también como novedad, la fiesta de los gabarreros tuvo ayer, por primera vez en 16 años, una pregonera. Mejor dicho, pregoneras. El Grupo de Danzas de El Espinar aseguró en su pregón que el oficio de los gabarreros forma parte del folclore del municipio, al tiempo que advirtió contra quienes desprecian las costumbres, para acabar defendiendo que la reciente declaración del Real Sitio de San Ildefonso y El Espinar como ‘Reserva de la Biosfera’ supone “un reconocimiento a la forma en que nuestros mayores han respetado desde hace siglos su entorno”.
El alcalde, Francisco Jorge, quiso dar, en su breve intervención, un paso más, agregando que tras la declaración del parque nacional “Sierra de Guadarrama” y la inclusión del término municipal en la ‘Reserva de la Biosfera’ segoviana, ahora el Ayuntamiento pondrá su empeño en la consecución de la gabarrería como ‘Patrimonio Inmaterial de la Humanidad’ por la UNESCO. “Se tardará tiempo, pero lo vamos a conseguir”, prometió.
Pasadas las dos de la tarde, las exhibiciones concluían en la Plaza de Castilla. Era el momento de dirigirse a alguno de los diez restaurantes participantes en las ‘XVI Jornadas Gastronómicas de los Gabarreros, para degustar la mejor cocina serrana.
Juan Andrés Saiz Garrido, un hombre empeñado en convencer a sus vecinos de El Espinar que los gabarreros no solamente son el pasado de esa tierra, sino también su futuro, definió lo ayer visto con una frase, tan corta como verdadera: “Cultura viva”.