Los niños y niñas llevan años perdiendo una de las herramientas de desarrollo personal e intelectual más poderosas: la lectura. Las aventuras de un capitán de barco mercante — el Mar de Mármara— se quedan de pronto pequeñas cuando comparte con sus sobrinos trepidantes historias vividas en su infancia, a través de las páginas de un libro, o en rincones de una ciudad —pongamos que Segovia— con la única ayuda de la imaginación.
Ese es el argumento que vertebra la última obra del escritor Ignacio Sanz, ‘Tesoros de Segovia’, (Ediciones Derviche), y que el autor presentó esta semana en la librería Entrelibros junto a la joven ilustradora Maria Albarrán, también segoviana y responsable de los dibujos de la publicación. El mismo Sanz destacó el trabajo de la creadora, “ha conseguido hacer verdaderas filigranas con el dibujo— apuntó— mezclando el realismo en los espacios urbanos y la inmensa ternura que desprenden los personajes”.
Así, a través de la narrativa de Ignacio Sanz (Lastras de Cuéllar, 1953) y las ilustraciones, el lector descubrirá a una familia — “Los Majetes”— que vive unos días de encuentro y fiesta familiar con motivo del ochenta cumpleaños de Clemencia (“la abuela”). En el patio de su casa en el barrio de San Lorenzo, los más pequeños de la casa, liderados por Eulalia, “Lali”, se rinden a escuchar las aventuras de su tío Facundo, el marinero.
Nombres familiares para el lector de más edad y que, en efecto, corresponden a las diferentes parroquias de la capital. Y es que el libro es fiel reflejo de la cultura e identidad segovianas. Expresiones como “cae un champlazo” si llueve mucho o “darse una jupa”, cuando los personajes han andado mucho, salpican las páginas del libro y se alzan como una reivindicación “de las señas de identidad tan propias y tan nuestras presentes en el lenguaje”, afirmó Sanz.
Pensado para un público infantil, su lectura está recomendada para todas las edades, “espero que no se le caiga de las manos a un lector de 30, 50 o 70 años”, señaló el Licenciado en Sociología, narrador oral y ceramista, dedicado en exclusiva a la escritura desde 2005, por lo que se considera “un privilegiado”, según confiesa.
En ‘Tesoros de Segovia’, los más pequeños redescubren su propia ciudad, a través de las narraciones de Facundo, esa en la que vivió cuando era un niño, llena de tesoros y aventuras asombrosas, alimentadas por la lectura de libros “que el tío se niega a descubrir a sus sobrinos”. Una ciudad habitada por romanos y vacceos, de pájaros, de vegetación, de valles y rincones, en la que todo es posible.
Con un nuevo proyecto en mente, aún en ciernes, y nacido de una reciente experiencia vital, Ignacio Sanz cierra el capítulo de este libro en el que plasma preocupaciones como la falta de acercamiento a la lectura de los niños o la importancia de valores como la familia con la herramienta que tan bien conoce, la palabra.