Todo comenzó como los grandes seriales. Con un guion escrito, argumentos, protagonistas e historia. Que la hubo. Porque el estadio de por sí aparecía de amarillo local, con una superioridad consumada con el himno. Y como en los mejores papeles, el malo ataca primero. Incluso para eso hubo lío. Porque el córner botado por Neymar lo peinó Thiago Silva para remate de David Luiz o Jara, que es la confusión. Pero el marcador no dudaba: ganaba quien tenía y se cumplían los papeles.
Pero ocurre, a veces, que los personajes toman más fuerza que la historia y en eso Alexis es un maestro. 15 minutos después del gol brasileño, en el 35 de la primera, tras una pérdida de Hulk batía a Julio César por bajo. Entonces las historias se reescriben y ni los héroes son tan héroes ni los villanos tan villanos.
Tras la tensa calma del descanso, el partido pareció nuevo. A Brasil le pesaban las botas como si no estuvieran aclimatados a su propio clima. En medio de eso Neymar estuvo desaparecido, lo que a un equipo como el brasileño -sobrado de coraje, rácano de fútbol- le es un todo. Por eso Chile se echó para delante. Julio César quiso ser héroe. Sacó una mano baja a disparo de Aránguiz que suponía un giro a la historia que la propia historia no quería. El equipo de Scolari entonces le vio las orejas al lobo y atacó. Hulk recortó y Bravo quiso reivindicarse como portero tras su chut y lo hizo de manera brillante.
Empate
Fueron los mejores momentos de Brasil que suelen suceder cuando eres el equipo anfitrión y te vuelcas y crees y crees, pero había ausencia de fútbol. Así se asumió el empate pero cualquier serie buena requiere de un spin-off que en el fútbol tiene el nombre de prórroga. Para entonces Brasil había prescindido de Fred y Jô se posaba en su lugar. La prórroga fue de lo mismo, una prolongación del respeto y el miedo. Las cargas de Brasil se sobrevenían como quien vuelca una carretilla. Neymar entonces intentó disparar, que fue su manera de buscar presencia, pero todos estaban cansados. Y mucho. Llegó todo al extremo de que Chile dependió más que nunca de la brillantez de Alexis pero faltaban fuerzas.
A pesar de la insistencia, las ocasiones llegaban como agua sin gas. Disparos lejanos de Marcelo, peleas de Hulk y pérdidas peligrosas en el centro del campo que, en otras ocasiones, hubieran supuesto peligro. En el 119, se agotaron los reanimadores del corazón. Pinilla sacó un zurriagazo que se estrelló en el larguero ‘canarinha’ lo que hubiera terminado con el cuento.
Un final de canción. La culminación son los penaltis, que vienen a sonar como Journey en Los Soprano. Llegaba el momento de decidir los tiradores de las penas máximas, una manera de decidir que a menudo no deja contento a nadie. Pasó Brasil, todo forma parte de una historia. David Luiz marcó el primero con tanta carrerilla como acierto. Y después falló Chile. Cogió entonces todo el tono de melodrama. El penalti se lo paró Julio César a Pinilla, el mismo que un minuto antes pudo desmontarlo todo.
William fue el segundo lanzador de Brasil y tiró un penalti que puede ser comprensible como un pase al cámara de detrás de la portería. Flojo, al palo sin acierto, un error. Pero Alexis se empeñaba en lo mismo. Para ser más exactos, Julio César, que paró el segundo de dos, un pleno. El tercer lanzador sería Marcelo. Un balón que llegó a tocar Bravo pero no lo suficiente como para mandarlo fuera. Todo cogió color.
Aráguiz culminó su pastel del partido con una guinda que fue el penalti a la mismísima escuadra. Entonces Bravo quiso tomar el protagonismo y paró el siguiente a Hulk. Un penalti lanzado al palo izquierdo con poco estilo pero mucho oficio para el portero. Marcelo Díaz también anotó. Lo hizo por el centro de la portería de Julio César que no aguantó. Era un 4-4, un final de órdago.
Penalti
Y siempre tiene que haber un protagonista y a su manera lo fue. Neymar hizo un partido discreto y un penalti genial. Con paradinhas, velocidad y ajustado. Un gol. El tanto obligaba a Chile a marcar el suyo y no pudo ser. Como en las historias que acaban mal no fue una culpa de los protagonistas sino de un elemento: el poste. Jara quiso ajustar demasiado y Julio César quedó batido. Pero el sonido del cuero contra el metal del poste clasificaba a Brasil, honraba a Chile y concluía el guión.
