Segovia está de matanza, y el frío de enero anuncia la celebración en muchos pueblos de la provincia de la fiesta de la matanza del cerdo, cuyos productos se degustan después en comidas populares. En Martín Muñoz de las Posadas, unas 300 personas participaron el pasado fin de semana de esta tradición, con degustación, cena y comida de los ricos productos del cerdo. Además, se sortearon lotes de carne entre los asistentes.
En Casla, un grupo de amigos ha recuperado esta costumbre ancestral “a la antigua usanza”. En la primera jornada, después de haber matado un cerdo de 190 kilos, se procedió a quemarle el pelo, prendiendo helechos y bálago de centeno, para después rasparlo hasta dejar la piel lisa y limpia. Después se comenzó a despiezar el animal, para dejarlo colgado del techo, ya vacío de vísceras.
Tras la preceptiva consulta al veterinario para comprobar el buen estado de salud del animal, se comentaron las anécdotas de la mañana en el curso de una comida, a base de judiones guisados con oreja y otros tropezones. A continuación se mezclaron la cebolla, el arroz, la sangre y los condimentos necesarios para elaborar las sabrosas morcillas, que se cocieron en un caldero de cobre al calor de un fuego de leña, dejando un jugoso caldo o calducho.
Al día siguiente se terminó de destazar el cerdo, de manera que quedaron separadas las distintas partes del cuerpo, para ser utilizadas en la preparación de cada uno de los ricos productos resultantes: lomo y costillares adobados, chorizo, torreznos, panceta o tocino, etc. Por último, la fiesta de la matanza concluyó en buena armonía, con el deleite grastronómico que supone saborear el calducho, el somarro, la careta, la morcilla… Además, a lo largo de varias semanas, las personas que intervinieron de alguna manera en este rito ancestral tendrán la oportunidad de participar en sucesivas comidas, en las que se irá dando buena cuenta de las restantes partes y de los productos derivados de este generoso animal, del cual como bien se sabe, todo se aprovecha.
De esta manera se recupera una costumbre ancestral, que hasta pasada la mitad del siglo XX, servía como principal fuente de alimentación.
