Manuel Iradier tuvo una vida poco afortunada, al menos en su última etapa. Este aventurero de origen vasco realizó dos viajes de exploración al África ecuatorial donde logró realizar una importante compilación geográfica, biológica, etnológica y lingüística. Además, sentó las bases de la gestación política de la Guinea Española (nación actualmente conocida como Guinea Ecuatorial).
Desde el regreso de su segundo viaje, y tras los homenajes y las exposiciones de los conocimientos adquiridos, Manuel Iradier se dedicó a poner en práctica su inventiva: creó un modelo de contador automático de agua, un fototaquímetro, un nuevo procedimiento tipográfico que acortaba las labores de imprenta, etc. A partir de 1901, residió en Madrid. Pero luego decidió retirarse a Valsaín donde vivió sus últimos días, olvidado por la patria que le vio nacer.
En el verano de 2011, los 224 jóvenes de la Ruta Quetzal BBVA tuvieron un gesto de recuerdo hacia este hombre. En su recorrido por España, la expedición juvenil partió precisamente de Valsaín, para conocer más acerca de la vida del africanista y explorador español.
En Valsaín, los ruteros entregaron una placa a Aurita, la propietaria de la casa donde murió el explorador. Los expedicionarios, que estuvieron acompañados por el periodista y aventurero Miguel de la Quadra-Salcedo recorrieron luego la ciudad de Segovia.
Manuel Iradier y Bulfy fue un joven soñador con ansias de aventura que se topó con el famoso explorador Henry Stanley, el hombre que había encontrado en la Isla de Zanzíbar, cerca del Lago Tanganica, al doctor Livingston.
Stanley había llegado a España para cubrir la tercera guerra carlista para el ‘New York Herald’. Iradier tenía 19 años, había cursado Filosofía y Letras en la Universidad de Valladolid y vivía fascinado por los viajes y las exploraciones de la época.
Iradier le contó a Stanley su proyecto de recorrer el continente africano, desde el cabo de Buena Esperanza hasta Trípoli. Pero éste le aconsejó empezar por explorar el Golfo de Guinea. Guinea era una tierra muy apropiada en aquella época, sobre todo para un español. Era una zona más o menos virgen, poco explorada y se hallaba enfrente de la isla de Fernando Poo, posesión española desde finales del XVIII, que podría servirle de base.
Iradier emprendió el viaje por el continente. En 834 días recorrió 1.876 kilómetros de tierras vírgenes y haciendo tratos con los indígenas para conseguir seguridad y provisiones y tomando notas de todo lo que veía. Iradier cayó enfermo muchas veces. Una de ellas, justo antes de que naciera su hija Isabela, le mantuvo postrado durante tres meses al borde de la muerte.
Pese a las penurias Iradier siguió intentando volver a Guinea y convertirla en una tierra española. En aquellos años del siglo XIX el colonialismo era una práctica habitual. Con su intención científica y colonizadora, Iradier regresó a Guinea con el explorador asturiano Amado Ossorio, pero encontraron una región devastada, con los franceses pugnando por su anexión. Iradier, que conocía la zona hizo valer su experiencia para firmar acuerdos de cesión con la etnia fang. En unos meses logró la cesión de 14.000 kilómetros cuadrados tras pactar personalmente con una decena de tribus.
El Tratado de París, firmado en 1900, reconoció la soberanía española sobre Guinea Ecuatorial.
En este país aún hoy, aún se rinde homenaje cada año a Manuel Iradier.
