Hace ahora trece años, el madrileño José Luis López Saura se vino a vivir a Segovia, con la intención de preparar tranquilamente, durante doce meses, una gran exposición de pintura. “Quería alejarme de la gran ciudad, encontrar un refugio”, dice. Lo consiguió. Segovia le acogió con los brazos abiertos y él se vio atrapado por Segovia. El amor fue mutuo. Así que aquí fijó su casa y su estudio. Y de aquí salen sus obras.
Ahora, López Saura está de enhorabuena, pues acaba de colgar diez obras en la I Feria Internacional de Arte Contemporáneo (Donostiartean), celebrada en el Kursaal de San Sebastián, donde han estado presentes 34 prestigiosas galerías de arte de todo el mundo. La culpa de su presencia allí es de la Galería Gaudí de Madrid (calle García de Paredes, 76), que desde principios de este año lleva la representación de López Saura, lo que ha permitido al artista exponer sus obras en varias ferias internacionales, como Nueva Delhi o Bruselas. “Ellos —indica el artista— tienen un fondo de pinturas mías, que llevan a las diferentes ferias a las que acuden”.
En el caso de San Sebastián, López Saura presentaba nueve bodegones y una escena urbana, de la calle Valdeláguila de Segovia. Todas las pinturas, con su particular estilo realista, inconfundible para el público. “Me considero un pintor realista, no llego al extremo del hiperrealismo”, aclara, agregando que, cuando se ve frente a la paleta, “me gusta reflejar la realidad, tal cual es”. Lo hace con tal perfección que, en más de una ocasión, un espectador ha acercado su cara al cuadro para comprobar si no se trataba de una fotografía. “Que te ocurra eso es muy bonito”, reconoce López Saura, quien no esconde que, con frecuencia, en sus pinturas hace “un guiño a la irrealidad”, con pequeños detalles que cercioran al público que la obra no es una foto.
La versatilidad de López Saura —ya desde sus inicios como artista, en que se dedicó al dibujo publicitario y a pintar carteles de películas de cine—, le están permitiendo sortear un tiempo difícil para los creadores. Y eso, sumando un montón de proyectos. Ahora, está centrado en una pintura de un atardecer en la parte trasera del Museo del Prado. Más adelante quiere, en un particular homenaje a Diego de Velázquez, embarcarse en una reproducción del famoso cuadro de ‘Las Meninas’. Y no olvida otro de sus grandes proyectos, el denominado ‘Luz interior’, bajo el que quiere aglutinar una colección de bodegones, iluminados con luz artificial.
