En 1978, Gonzalo Santonja, junto a un grupo de profesores del IES «Andrés Laguna», decidieron poner en marcha un modesto proyecto literario en forma de concurso de cuentos dedicado a la figura del artista segoviano Emiliano Barral. Esta iniciativa ha servido en sus 35 años de historia como acicate para espolear la vocación literaria de escritores ya reconocidos como Juan Manuel de Prada, que en 1992 ganó el premio con un cuento mágico como «El rapto de Melisendra», o consolidarlas como en el caso del escritor y escultor José Antonio Abella.
Los tres coincidieron ayer en la biblioteca del centro educativo para exponer ante el auditorio sus experiencias vitales vinculadas a este premio en el marco de las actividades conmemorativas del 50 aniversario, en un encuentro en el que los recuerdos se mezclaron con las reflexiones sobre el proceso de creación de la obra literaria.
Santonja recordó con agrado su paso por el Instituto, donde permaneció como profesor hasta 1987, y realizó una encendida defensa de la labor de los profesores de enseñanza media en el área de literatura, asegurando que su labor «consigue frutos muy importantes con los alumnos que después no se ven correspondidos». Asimismo, señaló que la dedicatoria del premio a Emiliano Barral nació de la intención de recordar «a un intelectual segoviano rodeado de olvido».
Por su parte, De Prada explicó que el premio literario le llegó en un momento en el que «escribía de forma desaforada para demostrarme a mi mismo y también a mi familia que mi vocación era la literatura». Con tan solo 21 años y en plena efervescencia literaria, el autor de «La Tempestad» -novela con la que ganó el Premio Planeta tan solo cinco años después de conseguir el premio literario- aseguró que sus primeros años como escritor fueron «de aprendizaje y dedicación obsesiva a la literatura, pero fundamentales para mi formación», y reconoció que el modesto premio segoviano fue «un acicate para proseguir con mi vocación».
José Antonio Abella reconoció sentirse atraído por el premio en su doble faceta de escritor y escultor, ya que tras conocer la obra de Barral, quiso tomar parte en este premio literario con un pequeño cuento, con el que consiguió su primer galardón con una obra en prosa en 1997. Asimismo, consideró que es un premio «valioso, que pongo en mi currículo como uno de los primeros por su significación».
