El tenor madrileño, ya recuperado de una embolia, y después del éxito cosechado en el Festival de Salzburgo con Juana de Arco, de Verdi, continúa con sus compromisos, algunos de ellos en el marco del Festival de la Arena de Verona, que este año celebra el centenario de su creación. Las entradas para este evento se agotaron hace días al igual que para la Operalia, certamen fundado por el músico, que tendrá lugar el próximo martes.
Tras pasar varias semanas en reposo, debido a una embolia pulmonar, y por prescripción médica, el tenor español Plácido Domingo continúa imparable. En los últimos días ha acudido al Teatro Real como espectador, a una audiencia con el Rey Don Juan Carlos, ha viajado por España y Portugal y, también ha visitado al Real Madrid, su otro amor, al que le dedicó un himno. En Valdebebas se le vio francamente recuperado y con una ilusión intacta mientras saludaba al nuevo entrenador y a los jugadores. Y es en este mes cuando también vuelve a subirse a los escenarios. Lo ha hecho en Salzburgo, donde interpretó el papel de barítono en la ópera Juana de Arco de Verdi. El cantante, de 72 años, se mantiene en forma aunque lo niegue de forma categórica. ¿Coquetería?
¿Cómo se encuentra?
Gracias, no puedo quejarme. Las tres semanas de pausa me han sentado bien.
¿Tan poco? Una embolia pulmonar no es cosa de broma…
Está bien. En general disfruto de una buena salud. Aun así, debería hacer algo más de deporte, he engordado un poco.
¿Qué tal vio Il postino desde la butaca?
He ido al teatro mientras convalecía porque quería estar con mis compañeros y ver el debut de mi nieto. Estuve incluso en la última función para despedirme. Al público le ha gustado.
Acaba de ser ovacionado en un reciente estreno en Salzburgo y todavía tiene muchas actuaciones por delante este año, ¿cuál es el secreto de su inquebrantable voz?
Puedo resumírselo en una sola palabra: ¡Pasión!
¿Lleva la cuenta de cuántos papeles tiene en su repertorio?
Unos 130 de tenor.
Desde hace poco canta de barítono, como en la ópera temprana de Verdi Juana de Arco. También en su último CD.
No es ningún secreto que ya no puedo cantar muchos papeles de tenor tan fácilmente como en mis mejores tiempos. Por eso me alegra que mi voz se adapte a los de barítono. Así puedo alargar un poco más mi carrera.
¿Solo canta en este registro con óperas del inmortal Verdi?
Verdi tuvo una suerte difícil. En pocos años perdió a sus dos hijos y a su querida mujer. Ese dolor, que también le sirvió de inspiración, se nota sobre todo en sus papeles de barítono. Al cantarlo, se siente como si lo viviese uno mismo.
¿Qué le fascina del Festival de la Arena de Verona, que este año celebra su centenario como escenario para representar óperas y donde vuelve a subirse una vez más?
Ya en mi debut en Verona, hace más de 40 años, sentí la magia de ese lugar, la larga tradición y la atmósfera con las velas que enciende el público.
¿Se puede hacer arte allí mientras se actúa o estamos ante algo parecido a un espectáculo turístico?
Todos los grandes cantantes, incluido yo mismo, han cantado en Verona y tomado muy en serio el lugar. Por supuesto que también es un espectáculo. ¿Pero acaso no es la ópera siempre un espectáculo?
¿Ha pensado en retirarse?
Durante mucho tiempo pensé en terminar mi carrera como tenor, cantar Boccanegra, uno de mis papeles favoritos de barítono, e irme. Pero todo sucedió de forma diferente. El maestro Daniel Barenboim, director musical de la Staatsoper de Berlín, me preguntó demasiado pronto si cantaría Boccanegra para él. Me comprometí. Y ahora ya son más que un puñado de papeles de barítono.
¿Sus numerosos fans pueden seguir contando con usted?
Tiene que seguir divirtiéndome, el teatro debe estar lleno y al público tiene que gustarle. Mientras se cumplan esas tres condiciones, no me retiraré.
