Para elaborar un cóctel se requiere mezclar diferentes licores y, después, añadir algún otro ingrediente. Martín Muñoz de las Posadas vivió ayer una fiesta que podría compararse a un cóctel, por la disparidad de los componentes de la curiosa función.
En principio, se trataba de una romería dedicada a San Antón, patrón de los animales, en la que iban a acaparar especial protagonismo los caballos. La idea fue de Alejandro Bartolomé, quien durante décadas organizó una romería similar en el pueblo abulense de Orbita hasta que, por diversas circunstancias, decidió su traslado a Martín Muñoz de las Posadas, donde la iniciativa fue bienvenida, pues los vecinos vieron la posibilidad de recuperar la fiesta de San Antón. Así que un grupo, en el que además de Bartolomé figuraban, entre otros, Jesús Antonio Ramos, Fernando Manzanas y Benito Hernández apostó, con el apoyo del Ayuntamiento de Martín Muñoz de las Posadas, por tomar el relevo de Orbita.
Promocionada la romería en la comarca, ayer se presentaron en Martín Muñoz de las Posadas un buen número de jinetes. Llegaron de Segovia, Cuéllar, Íscar, Arévalo, Nava de la Asunción, Abades, Codorniz… Cada uno con su montura. Y, después de la eucaristía en la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, el salesiano Nicolás Hernando procedió a la bendición de los animales. No solo había caballos. También se presentaron perros, gallos…
Ante la atenta mirada de los vecinos, los jinetes exhibieron después sus monturas. Había caballos de pura raza española, árabes, ingleses, cruzados, ponis… y varios carruajes, muy llamativos.
En cualquier caso, la fiesta no se centraba solo en los caballos. Julio Baeza, de Navas de Oro, se encargó de amenizar la mañana, cantando sus mejores coplas. A escasos metros, la venenciadora Beatriz Pérez Bullido repartía fino de elaboración propia, y varias mujeres ofrecían pastas y preñados. Se respiraba un aroma rociero… El alcalde, José Antonio García (PP), estaba contento por la animación. “Si queremos que estos pueblos tengan vida hay que organizar actividades que alegren a los residentes y atraigan visitantes”, decía.
Mientras todo ello acontecía, por la magnífica plaza pasó una procesión, la de Las Candelas, ajena al jolgorio de caballistas y espectadores. Cruzó rápidamente, regresando después a la iglesia.
Los caballistas, después de dar un paseo por el pueblo, se marcharon a comer a ‘La Fábrica’. Y allí ofrecieron un homenaje a los rejoneadores Cándido y Lolita López Chaves, representados por Cándido López-Chaves Nogales y su hermana Carmen. “¡Al año que viene volvemos, eh!”, avisaba Bartolomé.