Durante décadas han sido las familias extensas las que encontraban en la matanza del cerdo la forma de asegurarse una buena despensa de carne para el largo invierno. Sin embargo, los nuevos modelos de hogar, que buscan la comodidad y no disponen de lugares apropiados para celebrar las matanzas, están haciendo que esta costumbre se repita cada vez en menor medida.
También han dejado de realizar matanzas del cerdo muchos establecimientos hosteleros que las utilizaban y anunciaban como reclamo turístico.
El testigo para conservar este rito ancestral lo están asumiendo en muchos casos los grupos de amigos, asociaciones o peñas. Son ahora un puntal importante de este elemento básico en la historia y el folclore castellano. En muchos pueblos se resisten a caer en desuso y continúan celebrándose en un ambiente ajeno al hogareño.
Un ejemplo es el de la peña ‘Fangoria’, formada por un grupo de amigos de Cantalejo. Hace ya 16 años que pusieron en marcha la cita anual de sacrificar uno o dos cerdos con el fin de procurarse carne para las meriendas y cenas de fines de semana a un precio modesto. Así también lo hacía la peña ‘Apanacurdas’, uno de cuyos integrantes es quien facilita el animal para la matanza.
El número integrantes de la peña Fangoria superaba hace años la veintena. Pero los compromisos familiares y laborales han reducido la peña a 15 miembros. Quienes continúan se resisten a perder esta costumbre. Miguel Ángel Sanz es uno de ellos: “Este año hemos sacrificado una cerda de 180 kilos y la hemos hecho chorizo; así nos juntamos cada fin de semana y disfrutamos de la compañía de los amigos”.
Tras tantos años, ya han logrado especializarse. La labor de matarife le corresponde a Gustavo Municio. “Es el que mejor lo hace y hemos decidido que sea él quien lleve a cabo esta función todos los años”, añade.
Quienes viven habitualmente en Cantalejo son quienes se encargan de tramitar el permiso oportuno, pagar la tasa a la Junta de Castilla y León, para que los fines de semana puedan reunirse en torno a la mesa central de la peña todos, que así mantiene su actividad gastronómica más allá de las fiestas patronales de agosto.