El hecho de que se anunciara hace meses que iban a cerrarse oficinas de Bankia no ha evitado las lamentaciones una vez conocidos los detalles sobre cuáles son las que dejarán de operar. Tanto los clientes como los alcaldes de los pueblos afectados y los propios vecinos han acogido con más o menos desagrado esta noticia que además tendrá su efecto en la plantilla.
En total son 19 las oficinas en la provincia de Segovia en las que se ha puesto en punto de mira desde la Dirección de Madrid. Del total, nueve cerrarán de manera parcial, pues pasarán a ser ventanillas desplazadas con horario limitado, abriendo uno o dos días a la semana. Se trata de las de Gomezserracín, Palazuelos de Eresma, Lastras de Cuéllar, Escalona del Prado, Villaverde de Íscar, Vallelado, Fuentesaúco de Fuentidueña, Navafría y Martín Muñoz de las Posadas.
Los cierres definitivos afectarán a tres oficinas procedentes de la ya extinta Caja Madrid y que se solapan con las de Caja Segovia. Están situadas en La Granja, en El Espinar, y en la calle José Zorrilla de la capital del Acueducto.
En la provincia echarán el cierre definitivo las sucursales de Torrecaballeros, Zarzuela del Pinar, Fuenterrebollo y la situada en la urbanización ‘El Sotillo’, en el municipio de La Lastrilla. Estas localidades mantendrán, no obstante, sus cajeros automáticos, aunque se desconoce cuánto tiempo.
En la capital se cerrarán las oficinas del Centro Comercial ‘Luz de Castilla’ y la de la calle Dámaso Alonso, en el barrio de Nueva Segovia. A éstas se une la del Hospital General, que ya dejó de funcionar hace unas semanas.
La próxima desaparición de estas sucursales centraba ayer los comentarios dentro y fuera de las propias oficinas. En El Sotillo, en La Lastrilla, los clientes se decían unos a otros que a partir de ahora tendrán que desplazarse a la Vía Roma, en el barrio de San Lorenzo, pues les supone la misma distancia que la otra oficina situada en La Lastrilla.
José Ángel Gómez recuerda con agrado la acogida que tuvo por parte de Caja Segovia cuando vino a la ciudad en 1965. «Ahora no me gusta lo que está pasando. Parecía que pertenecíamos a una familia, pero ahora desaparece la Obra Social, y ya no es lo que era», explica.
En la misma línea se pronunciaba Alejandro Jimeno, otro cliente de la misma entidad que había visto inaugurar la sucursal de su barrio residencial.
En el resto de la provincia el enojo era mayor. En Torrecaballeros no se hablaba de otra cosa en el bar Patas. José Ignacio Miguel, el dueño del establecimiento, explicaba que el cierre les dejará sin un servicio que a partir de ahora tendrán que buscar en la capital porque no existe ninguna otra entidad bancaria en el municipio. «Si también cierran la oficina de El Sotillo, hay que bajar a San Lorenzo y allí todo son problemas para aparcar», se lamentaba. «Nos viene muy bien esta oficina para tener cambio, para hacer gestiones… y para mucha gente de paso que utiliza esta oficina», añadía.
Otro vecino, Teófilo Tomero, aseguraba que la mayoría de los clientes son mayores «y dejarles sin oficina será un problema. El Ayuntamiento tendría que hacer algo», sugería. José, otro vecino, completaba: «Yo vivo en Torrevieja (Alicante) y allí, con 100.000 habitantes, han dejado únicamente dos oficinas».
Por su parte, el alcalde de Torrecaballeros, Serafín Sanz, anunció que pedirá una reunión con los alcaldes de la zona para unir fuerzas. «Es algo llamativo que nos la cierren dado el volumen del municipio y la accesibilidad que tiene esta oficina, no solo para nosotros, sino para los de otros pueblos próximos que por el paso obligado hacia Segovia hacen sus gestiones en ella».
En el mismo sentido se pronunció Gonzalo Vivancos Velasco, regidor de Fuenterrebollo, otro municipio que se quedará sin oficina, a pesar de que el local donde se ubica es propiedad de la entidad. «La próxima semana tendré una reunión con el jefe de zona para ver si se pueden mantener abierta más tiempo». Aunque entiende que haya algunas exigencias, tanto de rentabilidad como europeas en el cierre de oficinas, calificaba de «una pena» que siempre se recorte en los pequeños pueblos «y se nos quiten servicios por todos los lados». «Confiamos -añadió- en que al menos nos mantengan el cajero automático».
